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domingo, 24 de noviembre de 2024

 

COMENTARIO SOBRE POPULAR TRADICIÓN DE ESTA TIERRA, ÚLTIMO FILM DE MARIANO LLINÁS JUNTO AL COMANDO CORSINI:

Por David Rodríguez 




Hay algo en los films de Mariano Llinás que me cuesta encontrar en otros. Y ese algo es la pregunta por el cine. Seguramente, esa pregunta puede provocar que me interrogue por el arte mismo. Pero no quiero excederme en ese sentido porque no estoy capacitado para ello, aunque opinar sobre lo que no se sabe se ha convertido en una obligación moral. Decía que el último film del director de La Flor insiste con una pregunta que para mí es clave: ¿Qué es el cine? Bajo esa tensión o con esa tensión la historia avanza de un modo peculiar porque comparte con el espectador procesos de creación artística ofreciéndole participación desde la butaca. Es como si el director obsequiara una posibilidad para espiar cómo es la genealogía de su propio trabajo, sus obsesiones y la evidencia de la dificultad de contar una historia, aunque se crea lo contrario ("a vos que te gusta escribir, podes escribir la historia de mi vida").


Regresemos.

Es cierto que la vida de Ignacio Corsini puede ser contada cientos de veces más, pero lo que destaca Popular tradición de nuestra tierra, es la forma en que es contada. Peculiaridad no menor porque inocula en el espectador, por lo menos en quien escribe estas reflexiones, curiosidades infinitas: interés por el repertorio, dudas sobre el género, recorridos artísticos, ampliación de sonidos y de palabras poco usadas.


Muchos sostienen que la creación de la Argentina fue y es un gran proceso narrativo, una imaginería de un país que siempre se mantiene en la controversia de lo que pudo haber sido y no fue. Tal vez es cierto. Sin embargo, Llinás parece tomar esa imposibilidad y le agrega profundidad al problema preguntándose por las características del cancionero de Corsini y de todo lo que sucedió a su alrededor. Interrogación que es hacia fuera y hacia dentro de lo que podría llamarse argentinidad, es decir, Llinás parece estar hablando sobre Corsini pero en realidad está hablando de sí mismo y también un poco de todos nosotros. Pienso que su obra es de la misma estirpe que la de Piglia o la de Rilke porque no solo escribieron, también reflexionaron sobre su propio trabajo. Esa actitud, a veces inexplicable y no tan frecuente, es lo que diferencia a un creador de otros, sitúa a los creadores en otro espacio y ese ademán incomoda hasta los amantes del género. Lo hace porque se llega a creer que la construcción del relato cinematográfico es una trampa, es una encrucijada, acaso una posibilidad para seguir preguntándose por ese pasado que tanto nos persigue en forma de fantasmas atormentados. 


A quienes nos obsesiona la historia argentina y todas sus producciones literarias, musicales y cinematográficas, las imágenes y las canciones que nos devuelve el film son fascinantes porque pareciera que los colores e incluso los sonidos de la naturaleza, ofrecieran la mejor versión para poder ser filmados, quizá eternizados. El paisaje pampeano es una forma de representación que dista bastante de lo que se vuelca en los mapas o en los libros de educación primaria. El paisaje, dice Fermín Rodríguez, es menos la representación de algo que la huella de un acontecimiento de la percepción. Suerte de parodia del juicio científico, el juicio estético no produce ningún conocimiento sobre el objeto: bello es lo que un paisaje hace sobre un sujeto que se mira mirar.  Entonces, creo que Popular tradición de esta tierra es eso, una huella que invita a seguir un recorrido sin coordenadas, un camino a la improvisación que tan bien le ha hecho a la canción popular argentina y al gaucho errante. Popular tradición de esta tierra pone en la mesa lo que nos constituye como argentinos que, más o menos, está desapareciendo y es muy difícil que un pueblo resista sin pensarse a partir de una tradición. Pero esta discusión es infinita y mucho más compleja para resumirla en un blog que quién sabe dónde irá a parar.


¡Por eso, amigo y amiga, levántese de la silla y vaya en busca de las canciones de Corsini, o saque una entrada para ir a ver el film, o juntese a leer el Martín Fierro en en el patio de su casa cerca de una buena botella de vino tinto!

jueves, 15 de junio de 2023


"Si algún sentido tiene este libro, es el de afirmar la necesidad de la paradoja. No estoy siendo nada original, la paradoja es ir contra la opinión general, contra la lógica, es celebrar la contradicción. Cualquier pensador, cualquier crítico, cualquier artista afirmaba (antes) su retórica y su poética, en la desobediencia."                                                                                                                    

                                                                                                                                             Ariana Harwicz
 

Escribir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….bir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….


viernes, 29 de enero de 2021

 

Aun no te conté cómo sueño

Lo que sueñas y no dices tal vez será canción.

Luis Alberto Spinetta

I

Cuando se te calló el plafón al piso y yo no pude atraparlo me dijiste, mientras sonreías, que nunca te había contado cómo sueño. El estallido del cristal espantó a las pocas aves que habitaban el sobre techo de la cabaña casi con tanta sorpresa que una de ellas se metió en la cocina y nos miramos preocupados. Hay percepciones que indican que las cosas pueden esperar un rato, incluso días o meses porque ir en dirección contraria a ellas puede complicarlo todo irreversiblemente. Noté al agacharme que uno de mis pies sangraba a consecuencia de las heridas superficiales que provocó la explosión del cristal. El pequeño gorrión ya había encontrado salida e imaginamos que también su refugio. Que si el sueño era un refugio me preguntaste y mirándote fijo te contesté que no sabía, pero sí sé que en los sueños no se pierde nada. Los muertos no mueren, las enfermedades se curan, no hay sistema monetario tampoco y antes de reírte me tiraste agua en la cara acompañándola con un beso a la altura de mis ojos.

Hace unos días soñé con Masotta y contándote todo lo que allí ocurría dejaste que tus pensamientos fluyeran intempestivamente hasta provocar una tangente discursiva: que qué pasa cuando se sueña con una época anterior a tu propia vida e incluso, cómo se diluye la angustia de saber que ese deseo que se manifiesta en sueños no será consumado en la vigilia. Nos quedamos sin palabras y recordé en ese instante que Lacan decía algo así como que un discurso es siempre adormecedor, salvo cuando uno no lo comprende: entonces despierta. Lo copiaste en una hoja cuadriculada y lo pegaste en la puerta como quien coloca un mensaje de bienvenida. Será esto amor, que puede ser te dije, que puede ser.

II

El ambiente olía a guardia de hospital producto de las curaciones de las heridas en el pie y fue en ese instante cuando volviste a preguntarme que cómo sueño. El peso de tu cabeza recostada en mi hombro fue suficiente para entender de qué se trataba la cosa. El cuento que seguía comenzaba diciendo: “A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla.” Me detuviste en la parte en la que, en el relato, el sueño y la vigilia no se distinguían para consultarme qué prefería, si soñar o estar despierto y caí en la cuenta de que yo nunca te había contado cómo soñaba. Intenté ganar terreno por el lado de la vigilia pero tan audaz fuiste que seguiste leyendo hasta el final para decirme que hay sueños que te torturan porque es el único lugar en donde las cosas no se pierden y los muertos, nuestros muertos, no mueren. Y que tu cuerpo lo sabe y no lo puede controlar y se enferma de sufrir, se convulsiona dejando huellas que son solo la punta de un inmenso dolor. O tuve un deja vu, o esto es un sueño; no me animé a preguntarte.

III

A veces, después de soñar, pienso en cuatro cosas: en Julio Cortázar, en Sigmund Freud, en Jacques Lacan y en Wes Anderson. Ese cuarteto, con modos diferentes, pusieron en problemas a la banalidad de vivir el tiempo linealmente sin interrupciones; los cuatro suspendieron el discurso que se dice ser real. Además, extienden tanto el espacio temporal que dejan semidesnuda a la resistencia institucional que imposibilita los movimientos necesarios para desencadenar el alma. Sí, el alma puede vivir años gustosamente encadenada porque no sabe cómo es vivir desencadenándose.

Me recuesto nuevamente en el sillón y el hedor acumulado de varios cuerpos detiene mi reflexión y me rio al verte bailando con sahumerios en las manos. Te acostumbraste a ir con tus budas para todos lados y yo me acostumbré a acostumbrarme que te vayas a todos lados con tus budas. Será esto amor, que puede ser te dije, que puede ser. La próxima vez alquilamos una habitación en un hotel mejor me dijiste a carcajadas golpeándome la cabeza porque fui yo quien eligió estar lejos de la humanidad a la que aun pertenecemos; que no sea bobo, que cuanto más me quiero alejar, más humano soy, que te pareces a eso tipos que se oponen a la monogamia pero no le cuentan a la mujer que tienen amantes.

A cada tanto nos advierten que querer es poder y que ser feliz es casi ya una obligación. ¿Pero una moneda es sin su otra cara? ¿Nos enamoramos de quien queremos o sorpresivamente acontece el rayo cortazariano que llega para partirnos en dos? ¿Acaso no hay amores en sueños o sueños de amores? No lo sé, pero sí sé que habrá más guerras,  mas sangre, más nudos, encadenamientos, nuevas religiones,  más trastornos,  más pastillas para calmarlos, y todo tipo de anestesias locales como internet y Coca Cola. Me contentaría por ahora, alguna vez, contarte cómo sueño, mientras tanto, te cuento que aun no duermo.