Parloteo,conversación intrascendente o animada:cháchara.
sábado, 30 de marzo de 2024
jueves, 25 de febrero de 2021
ULTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (PARTE III)
V
“El riesgo de salir lastimada o lastimado
es constitutivo
del amor:
sin vulnerabilidad, sin la posibilidad real de daño,
no hay apertura
verdadera hacia otra persona”.
El fin del amor – Tamara Tenenbaum
Ya
estoy en la universidad, Mago. Te espero en el comedor, voy a ver si como algo
antes de hablar.
Ok,
amigo. Ya estoy en camino, mucho tráfico. Me meto en un garaje y te busco. Van
las chicas. ¿Las viste?
Vení
tranquilo porque el rector está demorado en el mismo embotellamiento que vos;
esto va a demorarse. A las chicas no las vi, no sabía que venían. Muchas
personas. El menú es un poco mejor de lo que comíamos cuando éramos
estudiantes, te guardo uno.
VI
“Nuestro pasado sigue siendo nuestro presente.
En consecuencia, uno se reformula, se recrea
( como una tarea que hay que retomar indefinidamente),
pero no se formula ni se crea”.
Regreso a Reims
- Didier Eribon
Sí,
en estos momentos la literatura tal y como la concibo yo va perdiendo
intensidad porque el acto de escribir, en mi opinión, está subordinado al
acontecimiento y no al revés.
Ultima
pregunta, por favor.
Me
parece que un analista no debe cerrarle la puerta a una potencial aportación.
Si un ex represor se acerca al consultorio, por lo menos, debería tener la
posibilidad de ser escuchado una vez y después, el propio analista decidirá si
continua o no con ese trabajo. Acá no se habla ni de perdón ni de disolución de
ideología. Mucho menos de olvido ni de reconciliación. Se habla de no perder
las pocas oportunidad para comprender sobre qué sedimento apoyamos los pies.
¡Muchas
gracias a todos!
VII
“Estar en suspenso es detener el aliento.
Y mirar lo mas
atentamente que se puede lo que simplemente está allí,
lo que se le ofrece a uno en la presencia de las
cosas.”
Elogio del riesgo – Anne Dufourmantelle
¿Te
sorprendió verme?
No
tanto. Sí me puse nervioso cuando atinaste a agarrar el micrófono para
preguntar.
¿En
qué pensaste?
No
sé bien en qué, pero me dio miedo volver a sentirte tan cerca, como ahora. Me
siento débil adelante tuyo, y no sé si eso es tan bueno en este momento de mi
vida.
Me
dijo Lucha que te quedas poco tiempo en la ciudad.
¿Salimos
de acá? Me ahoga el packaging de los intelectuales. Por qué no volvemos al
barrio. Nos bajamos unas paradas antes y el resto las caminamos como antes, ¿qué
decis?
¿Cómo
antes?
Por
qué no.
Adolfo
está más viejo.
Como
nosotros, doctora.
¿Me
ves más vieja?
Nos veo distintos.
¿Te digo cómo te veo
yo?
Más canoso, un poco más
flaco. Igual de gestual. Igual de creído. Igual de irónico. Pero me da mucha
alegría volver a verte.
Me rio porque seguís
dialécticamente acida; ácidamente dulce.
¿Seguís por los caminos
de Masotta?
Imagino que sí, por lo
menos eso pretendo hacer. Siempre te dije que si se nos ocurría tener hijos, el
varón iba a llevar su nombre. (Risas)
Cuánto hacia que no me reía así, Beni.
Va, no me rio con frecuencia. Hay veces que pienso en vos y te odio porque si
me hubieras escuchado esa tarde, quizás las cosas se daban de otra manera. Sí, ya sé que la que no se animó fui yo, no
podía. Nada que ver. Cómo les decía a mis viejos que lo dejaba a Leandro para
salir con vos que eras como de la familia. Sí, vos. Mi papá te quería un
montón. El último tiempo en el que estuvo bien me decía que le gustaba lo que
escribías, que tenía sentido y que estabas loco porque jugabas al futbol mejor
de lo que escribías. Y mi vieja todavía te recuerda. Si se entera que te vi y
no le dije nada, me mata. Beni te sigue diciendo o Benito cuando se pone
melancólica. No, no sabe nada de lo nuestro; nunca lo supo. Mi hermano vive en
México. Conoció a una piba brasilera y como ella trabaja en la UNAM, se fueron
para allá.
¿En serio que tenías ganas de volver a
verme? Sí, eso me dijo Lucha pero no nos animamos a acercarnos después de tanto
tiempo. Viste que el tiempo además de alejarte, te da como una pequeña
percepción de cuánto va a doler. Va, en realidad no sé. Todo esto me parece tan
raro. Estar acá vos y yo, otra vez, tan distintos, con las vidas tan paralelas.
Maguito me contó que se escriben seguido y que planeaban encontrarse en Madrid
cerca de tu casa. ¿Por qué te fuiste tan lejos, Beni?
Continuará...
viernes, 29 de enero de 2021
Aun no te conté cómo sueño
Lo que sueñas y no dices tal vez
será canción.
Luis Alberto Spinetta
I
Cuando
se te calló el plafón al piso y yo no pude atraparlo me dijiste, mientras sonreías,
que nunca te había contado cómo sueño. El estallido del cristal espantó a las
pocas aves que habitaban el sobre techo de la cabaña casi con tanta sorpresa
que una de ellas se metió en la cocina y nos miramos preocupados. Hay percepciones
que indican que las cosas pueden esperar un rato, incluso días o meses porque
ir en dirección contraria a ellas puede complicarlo todo irreversiblemente.
Noté al agacharme que uno de mis pies sangraba a consecuencia de las heridas
superficiales que provocó la explosión del cristal. El pequeño gorrión ya había
encontrado salida e imaginamos que también su refugio. Que si el sueño era un refugio
me preguntaste y mirándote fijo te contesté que no sabía, pero sí sé que en los
sueños no se pierde nada. Los muertos no mueren, las enfermedades se curan, no
hay sistema monetario tampoco y antes de reírte me tiraste agua en la cara acompañándola
con un beso a la altura de mis ojos.
Hace
unos días soñé con Masotta y contándote todo lo que allí ocurría dejaste que
tus pensamientos fluyeran intempestivamente hasta provocar una tangente
discursiva: que qué pasa cuando se sueña con una época anterior a tu propia
vida e incluso, cómo se diluye la angustia de saber que ese deseo que se
manifiesta en sueños no será consumado en la vigilia. Nos quedamos sin palabras
y recordé en ese instante que Lacan decía algo así como que un discurso es
siempre adormecedor, salvo cuando uno no lo comprende: entonces despierta. Lo copiaste
en una hoja cuadriculada y lo pegaste en la puerta como quien coloca un mensaje
de bienvenida. Será esto amor, que puede ser te dije, que puede ser.
II
El
ambiente olía a guardia de hospital producto de las curaciones de las heridas
en el pie y fue en ese instante cuando volviste a preguntarme que cómo sueño.
El peso de tu cabeza recostada en mi hombro fue suficiente para entender de qué
se trataba la cosa. El cuento que seguía comenzaba diciendo: “A mitad del largo
zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y
sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía
guardarla.” Me detuviste en la parte en la que, en el relato, el sueño y la
vigilia no se distinguían para consultarme qué prefería, si soñar o estar
despierto y caí en la cuenta de que yo nunca te había contado cómo soñaba.
Intenté ganar terreno por el lado de la vigilia pero tan audaz fuiste que
seguiste leyendo hasta el final para decirme que hay sueños que te torturan
porque es el único lugar en donde las cosas no se pierden y los muertos,
nuestros muertos, no mueren. Y que tu cuerpo lo sabe y no lo puede controlar y
se enferma de sufrir, se convulsiona dejando huellas que son solo la punta de
un inmenso dolor. O tuve un deja vu, o esto es un sueño; no me animé a
preguntarte.
III
A
veces, después de soñar, pienso en cuatro cosas: en Julio Cortázar, en Sigmund
Freud, en Jacques Lacan y en Wes Anderson. Ese cuarteto, con modos diferentes,
pusieron en problemas a la banalidad de vivir el tiempo linealmente sin interrupciones;
los cuatro suspendieron el discurso que se dice ser real. Además, extienden
tanto el espacio temporal que dejan semidesnuda a la resistencia institucional
que imposibilita los movimientos necesarios para desencadenar el alma. Sí, el
alma puede vivir años gustosamente encadenada porque no sabe cómo es vivir desencadenándose.
Me
recuesto nuevamente en el sillón y el hedor acumulado de varios cuerpos detiene mi
reflexión y me rio al verte bailando con sahumerios en las manos. Te
acostumbraste a ir con tus budas para todos lados y yo me acostumbré a
acostumbrarme que te vayas a todos lados con tus budas. Será esto amor, que
puede ser te dije, que puede ser. La próxima vez alquilamos una habitación en
un hotel mejor me dijiste a carcajadas golpeándome la cabeza porque fui yo
quien eligió estar lejos de la humanidad a la que aun pertenecemos; que no sea bobo,
que cuanto más me quiero alejar, más humano soy, que te pareces a eso tipos que
se oponen a la monogamia pero no le cuentan a la mujer que tienen amantes.
A
cada tanto nos advierten que querer es poder y que ser feliz es casi ya una obligación.
¿Pero una moneda es sin su otra cara? ¿Nos enamoramos de quien queremos o
sorpresivamente acontece el rayo cortazariano que llega para partirnos en dos?
¿Acaso no hay amores en sueños o sueños de amores? No lo sé, pero sí sé que
habrá más guerras, mas sangre, más
nudos, encadenamientos, nuevas religiones, más trastornos, más pastillas para calmarlos, y todo tipo de anestesias
locales como internet y Coca Cola. Me contentaría por ahora, alguna vez,
contarte cómo sueño, mientras tanto, te cuento que aun no duermo.
domingo, 11 de octubre de 2020
ALGO EN COMÚN
Entre él y el autor hay
cosas en común: “Descubre muy temprano que nada le importa más que leer. Lee
todo lo que puede, lo que encuentra. Le hasta lo que no entiende. Poco a poco, sin duda porque dura más que lo
razonable, su comportamiento, hasta entonces ensalzado como un ejemplo de
juicio, madurez, civilización, cobra una cierta presencia, se vuelve demasiado
visible.”
Comparte, además, el
drama de “levantar los ojos” en el momento preciso en que “el emblema de la autarquía
que es la lectura (mi libro y yo solos contra
el mundo) arremete. El autor dice que esa fatídica frase se pronuncia
como tragedia infantil y como farsa adulta; lejos, la segunda es la peor porque
evidencia el gesto balbuceante de buscar tanteando los anteojos. Y se da cuenta
que aquí no coincide porque él usa los mismos anteojos para leer y ver al mundo;
considera eso una ventaja más que una tragedia: cuando el mundo lo asquea (muy
frecuentemente) el solo hecho de levantarlos a la frente es suficiente para no
ver prácticamente nada.
Se agracia que a casi
sus cuarenta años puede considerarse una especie de lector que ha roto el
prejuicio de elegir lecturas según las ideologías de los autores: no sabe por
qué, pero sí sabe que no sabe qué son las ideologías. Lo toma por sorpresa
porque Borges, el Borges de siempre, el que almorzó con el tirano, el que
odiaba a los peronistas, el que hablaba bajito, y el que, con falsa modestia,
se jactaba de todo lo que había leído más de lo que había escrito (como Cortázar,
pero el último, con barba, anteojos y guayabera, encandilaba, ejercicio no muy difícil,
los ojos de la izquierda ilustrada.) lo acompaña en el insomnio frecuente: teme
conservadurismo.
Coincide con el autor
que “El sur contradice el veredicto
de que leer no es vivir, tan esgrimido a la hora de desacreditar a Borges y a
los devotos de los libros. Leer, aquí, es más bien la causa del vivir, de un vivir intenso, vertiginoso, sin vuelta
atrás, al que ninguna acción permitirá acceder jamás.” Piensa en la tristeza
que lo abordará al descubrir que nunca llegará a tiempo a Borges, que aunque relea
y relea no bastará para abarcar ese artificio mundano.
Mientras escribe
levanta los ojos y ve los estantes de su biblioteca, ese fetiche del cual
Bolaño se admiraba de ser dueño a pesar de la comprobación de que el tiempo no
alcanzaría para tanta lectura pendiente. Esa angustia, permea por los agujeros
del alma, pero nada puede hacer, recuerda a Camus, a Sísifo, a la piedra y al
mito. Por un momento deja suspendidos los dedos antes de seguir tecleando,
levanta los ojos trágicamente y comprueba, como el autor, que “con los libros
pasa como con el amor: nada atrae tanto a los rivales como la intención de
consagrarse a un único objeto. Pero el lector que es, está hecho para la privación;
conoce bien el placer de agregar un nuevo trofeo al botín de los días castos.” Y
a pesar de no haber leído todo Proust, lo transfiere a otros autores y comprende que tiene también esa “suerte de emanación
ubicua, de atmosfera o de música, que envuelve y se posa sobre todas las cosas
y les deja una especie de polvillo leve, incluso banal, que quizá no diga
mucho, pero no se puede quitar.” Baja
los ojos y sigue viendo libros, se desnuda y se busca entre los pliegues ese
polvillo, pero se da cuenta, luego de un minucioso análisis, de que lo ha
penetrado y ya no hay vuelta atrás, que no se puede limpiar porque, como dice
el autor, “la lectura es una transfusión de sangre, shock eléctrico, posesión.”
A pesar de ello, a pesar de haber enamorado a una mujer leyéndole durante
varias noches seguidas, no puede aun ganarle al cuerpo la contienda vital de
las necesidades. Cree que para triunfar, necesita dosis más intensas de lectura
para provocar un verdadero trance. Lo hará.
lunes, 5 de octubre de 2020
¿QUÉ PRETENDEN?
Comprueba que la
situación de su país es catastrófica. Mientras tanto, todo se dirime entre
abogados y economistas, entre periodistas y periodistas. Se interroga acerca
del traspaso de hombres y mujeres del
pensamiento a la mera defensa de decisiones que perjudican a la mayoría de la
población. Estxs, toman partido por quienes propagan el hambre y la miseria y
pretenden, sentados en sus sillones de asesores, convencer de que la senda
tomada por el sojuzgador es la correcta. ¿Es que no les da vergüenza asentir
decisiones que van a terminar en el mismo lugar de partida? ¿Acaso nos le da
pudor defender a diputados y senadores enriquecidos? Entiende que la última
pregunta podría sonar un tanto moralista, pero no le importa porque en este
orden de cosas prefiere correr el riesgo a quedarse contemplando el desastre. Hasta
se arriesga a que le vuelvan a decir que se aproxima a la línea editorial de La
Nación; abusos de hombres y mujeres de letras: híbridxs culposxs.
Casi todos los aspectos
de la actualidad están organizados alrededor de la mentira, se dice. Sabe que
todo lo que se constituye a través de la mentira acaba, más tarde o más
temprano, en el crimen. Y se apena porque los responsables no son los que
predican las ideas criminales porque aun no ve encarcelados infames
periodistas, ingratxs políticxs, traidorxs escritorxs. Lo que ve es cárceles atiborradas
de desesperación, de condenados antes de nacer. Advierte- lo tiene que hacer
porque en Paris se han creado tribunales inquisidores modernos y no tardaran en
armarse aquí- que no es lo mismo libertad de opinión que delito común cometido
por la prensa.
Se pregunta cómo deben sentirse los hombres y las mujeres que ponen su cuerpo y su pensamiento
en el espacio público para defender efusivamente a dirigentes que declaran
millones de pesos en sus declaraciones juradas mientras millones de
compatriotas no saben si comerán hoy. Cómo es que- se sigue indagando- se llenan
horas de radio y de televisión, se derraman litros de tinta (cae en la
nostalgia del papel) para justificar la tenencia de bienes inmobiliarios
(propiedades) en pocos legisladores. Se toma la cabeza y grita silenciosamente:
¡Qué sarcasmo! ¡Qué ironía! Se sonroja.
Y parece una pavada,
pero lo tiene que decir, lo tiene que preguntar: ¿Cuál es la función social de
los hombres y mujeres de pensamiento? ¿Acaso son la nueva intelligentsia?
Su opinión coincide con
la de muchxs: mientras más elevados estén del suelo, mucho menos van a acercarse
a lxs que sufren. Porque el sufrimiento no es una elección cuando son otrxs lxs
que no lo generan. No quiere abusar de lo que no conoce bien, pero recuerda que
cuando leyó un poco a Freud le quedó marcada la distinción entre dolor
inevitable y evitable; ríe porque se acuerda de la tesis 11 y de “No puedo
callarme” de Zola. Anota el nombre y apellido de muertxs incómodxs para la intelligentsia que lxs evoca cada tanto.
Se dice que todo comienza
cuando no se siente vergüenza al comprobar que vive en un país que vende y
produce alimentos y, sin embargo, la mayoría de la población come una vez al día
y otros tantos se la pasan sin bocado por semanas. Entonces: ¿Qué pretenden después
de esto?-se pregunta.
Más o menos piensa que
quien escribe debe hacerlo en contra de alguna cosa porque a favor es muy fácil
y la cola es larga. Le apetece leer a aquellxs que se resisten a aprobar. Asume
que al cerrar el libro, al terminar la nota, la semilla seca de la
insubordinación reverdece y allí se queda: shockeado. En cambio, aborrece del
santo oficio laico de la prudencia, de la empatía, de la corrección política, de
la comunión de los santos, aborrece de la santa inquisición.
Pues entonces, escribe:
¿Qué pretenden?
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