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lunes, 15 de agosto de 2022

SU MIRADA AL BORDE DE NUESTRA ESCRITURA

 El último 29 de Julio, la escritora Ariana Harwicz publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “Tú no eres una autora latinoamericana, me dijo una editora española. ¿Y qué soy?, le dije, ¿sueca? Para nosotros los españoles, la literatura latinoamericana es: o sobre femicidios, o sobre narcos, o sobre gótico andino, así que no sé qué sos, pero latinoamericana, no.”

Bajo esta premisa, que interpela a nuestra región, habría que preguntarse ¿Qué es la literatura latinoamericana para quienes no lo son? O ¿Cuáles son las representaciones que alimentan a lectorxs que esperan unidireccionalmente un estilo de escritura? ¿no sigue siendo una elegante forma de dominación? ¿puede la literatura latinoamericana romper el techo de cristal impuesto por los inquisidores de siempre? ¿Cómo se las arregla una escritora latinoamericana para posicionarse dentro del campo literario? ¿De qué manera deja atrás lo que se espera de su escritura? ¿Còmo se las ve con la lengua?

Robert Castel aseguraba que “el trabajo sociológico era una tentativa de respuesta a una demanda     social”, por ese motivo, continuaba, “el sociólogo debe dar cuentas al conjunto de sus conciudadanos,  y no solamente a sus instituciones oficiales de control y a su cuerpo de pares.”


Bajo este paraguas nos situamos para extender, dentro del campo de la sociología de la literatura, el terreno de los posibles. Intentando superar los enfoques estructuralistas e institucionalistas a partir de un análisis de redes que nos permita converger las dimensiones macro y micro sociales. En simultaneo, la incorporación de fuentes secundarias será de utilidad para el armado de un mapa cognitivo donde “el proyecto creador sartreano” no sea el único camino para explicar la intertextualidad de una producción literaria. Esta metodología, nos permite, además, poner mayor énfasis en la dimensión colectiva de la practica literaria diferenciándose de las relaciones objetivas que otorga la teoría de los campos.

Cuando uno encara la escritura de la tesina, no sabe muy bien qué es lo que hay que hacer; sí sabe lo que no tiene que hacer. Son buenos indicios dado que dentro de la investigación sociológica no saber puede llevarnos a lugares desconocidos tales como la literatura. ¿Es el hecho literario un hecho social?

 Sobre la artesanía intelectual, Wright Mills, explicaba que los pensadores más admirables rara vez separan su vida de su trabajo. Por esa razón, esta tesina rebalsa de ambas cosas dado que tanto la sociología como la literatura son espejo y modelo para la conclusión de este trabajo.  

La producción literaria de Ariana Harwicz nos permite indagar acerca de diferentes dimensiones sociales sin excluir las condiciones históricas que permiten su aparición. Desde los presupuestos de Talcott Parsons, una parte del trabajo sociológico intenta eludir aquellos problemas sociales donde los hechos de poder se evidencian en varias dimensiones. Investigar sobre una mujer que escribe de una manera poco esperada, significa entre otras cosas, visibilizar todas las redes de poder  que se ponen en marcha cuando el hecho literario sucede; por ese motivo la dificultad de los avances y retrocesos de este trabajo. Si bien, la historia de la literatura argentina està plagada de escritoras, las luces que las apuntan no alcanzan para afirmarlo. Mucho menos, si lo que se escribe escapa de lo esperable. El abordaje del trabajo tiene varias entradas:

 

 Desde el punto de vista del análisis del discurso, Dominique Maingueneau, nos ayuda a ver cómo las representaciones de una época se reflejan en la propuesta literaria de la escritora argentina: 


“Me recliné sobre la hierba entre árboles caídos y el sol que calienta la palma de mi  mano me dio la impresión de llevar un cuchillo con el que iba a desangrarme de un corte ágil en la yugular.(…) Estaba a pocos pasos de ellos, oculta entre las malezas. Los espiaba. ¿Cómo es que yo, una mujer débil y enfermiza que sueña con un cuchillo en la mano era la madre y esposa de estos dos individuo?” (Matate, amor, 2012))


Una forma descarnada de escribir atiende a lo Walter Benjamin llamó “la politizaciòn del arte” puesto que el texto no solo deja de lado la tradición  latinoamericana canónica, también ejecuta un movimiento critico. Un riesgo que no es novedoso dentro de los discursos literarios históricos, pero despierta cierta suspicacia. Los rastros que deja la escritura de Harwicz vuelven a los terrenos de discusión donde la literatura y la política se pensaban como caminos cruzados. Por eso mismo, pensando junto con Miguel Dalmaroni, nuestro modelo de trabajo adolece de novedad dado que la búsqueda no es hacia adelante, sino hacia atrás. Retornar a las viejas polémicas de nuestra nación, que aún permanecen sin saldarse, nos permite reflexionar acerca de los permanentes modos de colonialidad. ¿Acaso no es competencia de la sociología el hecho literario? Nosotros creemos que lo es, pero también sabemos que la literatura no puede llenar los estómagos de tantos compatriotas, pero, como dice Dalmaroni, es un bien que repara. Ademàs, el tipo de literatura seleccionada para esta investigación puede ser la consecuencia de retratos sociales de vidas silenciadas donde el cuerpo se presenta politizado.

La centralidad del deseo como motor de búsqueda y no de represión, conduce a la relectura de los textos clásicos del psicoanálisis anudándolo con los principales núcleos teóricos de la sociología clásica. Problematizar el costumbrismo familiar al que estamos adaptados a partir de la incomodidad que causa el deseo es una forma de reflejar literariamente, las dolencias de una època: Dice Matate, amor

“Desear es como un caramelo pegado al cuello, al cuero cabelludo, a la yugular. Mi marido me viene a buscar cuando ya no se ve nada (…) Al menos entrá el cochecito, me grita. Y de la punta de los píes hasta la cabeza soy una sombra (…) ¿Le tomaste la fiebre hoy? , escucho salir de la nada. No recuerdo. La fiebre sube. Trepa a cuarenta. La mía también, pero a quién le incumbe la salud de la madre. (89)


¿No es preferible, se preguntaba Castel (1999), correr esos riesgos que quedarse crispado en una concepción de la objetividad confinada a un circuito de especialistas, a menudo auto proclamados?

 Escribir es descubrir, asegura Betina Gonzàlez. Podemos descubrir còmo aùn, de manera respetuosa, nos imponen las maneras de escribir en Amèrica Latina. Por esos motivos, el tweet de Harwicz sirve para renovar las emociones. Porque en este tiempo de desánimo exacerbado, el norte aparece europeo. Se integra en nuestros pensamientos como la única salida para la miseria que ellos mismos han generado desde hace siglos en nuestra regiòn. “Nuestra derrota, escribió Eduardo Galeano, estuvo siempre implícita en la victoria ajena.” Hemos escrito toneladas de papel para alimentar al verdugo; hemos aceptado que nos digan qué camino tomar en cada dimensión. Nosotros escribimos y pensamos como latinos; por eso las revoluciones, por eso nuestra escritura.


Escribir en contra de esos mandatos puede perturbar a quienes apuestan a los buenos modales,pero algunxs lo hacemos porque sale de las entrañas, porque ponemos el corazòn en la mesa de trabajo, y no nos fijamos a quièn puede molestarle el curso de las palabras. 

Escribir, anota Betina Gonzàlez en su contundente libro “La obligación de ser genial”, es descubrir aquello que estaba cubierto, “despojar el yo, despojarlo del lenguaje costra que era su refugio en pos de uno más cercano a la verdad emocional.”

Ya hemos guardado demasiado silencio.

DR.



martes, 22 de diciembre de 2020

VEO QUE NUNCA TE DIJE CÓMO LEO

 


                                                                                                                                                                                                                                            ¿Y si la relación de la lectura con la vida no fuera de oposición, ni de exclusión, ni de enseñanza, ni de complementariedad, sino-como sabe cualquiera que, con las pestañas ardiendo, se niega a apartar los ojos del libro que las quema-pura y simplemente de histeria?

                                                                                                                                                                                                    Alan Pauls

   

                                                                                                                                                                                         

Veo que nunca te dije cómo leo; hay varios momentos, como casi todo porque nada es unilateral. Algunos dicen que soy un loco, pero hace poco leí que un país se constituye por cómo éste define a la locura. Allí hay de todo, y qué decir de la constitución, y qué de la locura y qué de los discursos y qué de los países. Ya sé muy bien que me olvido de las comas pero intento salir porque es la salida la que da recursos para leer, la  fuga diría. Lo cierto es que la repetición, eso que no se sabe bien qué es pero gravita, poco a poco, tendrá que quedar nula porque nos hace perder. Eso que conocemos como tiempo toma otra dimensión cuando uno es capaz de  perderlo para ganar y no es una nueva ley económica, tampoco es un consejo, es otro estilo de producción. No por nada nos han enseñado a cuidarlo aunque irremediablemente se va  y quizás ahí se defina todo: perderlo todo, gastar la vida.

Entonces lo que sigue seria explicarte cómo lo hago.

Tomo el libro con mis manos, siempre solo, a menos que me digan que la soledad se acaba cuando uno está en compañía de alguien. Yo no admito que así sea, uno puede compartirla pero en definitiva está siempre solo: nacemos solos y morimos solos porque ambos acontecimientos son indefinibles por defecto y así mismo nos constituyen

Mis manos se saben adoctrinadas y es entonces cuando la más hábil recibe todo el peso del libro mientras la otra hace lo que puede, en principio porque sabe que no podrá aguantar todo. Mentiría si te digo que las palabras entran primero por los ojos porque no es útil lo que aprendimos de ellos, los ojos no ven, todos los ojos no necesariamente están preparados para mirar. Antes que nada debes saber que el libro me elige, son otros los que te llevan a él irremediablemente. No es fácil, a mi siempre se me da por pensar en una primer cita en donde todo es improbable, impensado y las mas de las veces tan ridículo como encantador. Sos objeto, pero no cualquier objeto; es la transformación, es la “caosmosis” la que te convierte en sujeto, en un único sujeto metamorfoseado. Entonces es ahí cuando las palabras entran por todos lados, ya nada quedará en pie, ya nada será como era y se derrumban los estúpidos mantras que hacen de uno un humano superpoderoso que todo lo puede. Es lo impensablemente imaginado lo que se cuela y por va por aquello que no se sabe dónde se aloja pero que en un lapsus o en un sueño nos transitan. Si solo entran por los ojos, si solamente mirando las absorbemos, cómo se explica la electricidad que circula cuando se comienza a leer ese libro que te eligió, cómo es que vibra el cuerpo.  

Veo en nuestros papeles que nunca te dije cómo leo. A veces lo hago parado y otras caminando por la calle mientras las personas me esquivan y me dan ganas de detenerlos y contarles qué leo. Pero rápido me doy cuenta que mientras el mundo tiembla yo leo, y aun así, esa actividad que parece lenta, esquiva, sedentaria y con mala fama me revoluciona los sentidos, me modifica, me atraviesa. Y algo hay de común entre el diván y la lectura y es que en ambas actividades nunca se sale indemne. Uno lee y ya no es el mismo, ya deja de ser, pero es complejo pensarlo así porque aprendimos que dejar de ser es otra cosa. Durante el análisis uno entra incompleto y descubre, después de un duro trabajo, que parte de lo oculto, la otra mitad, se deja ver por un rato

Soy consciente de que todo lo que aloja en mi no podría decírtelo aquí porque no alcanzaría para contarte en cuantas partes me ha fragmentado la lectura y tampoco sería coherente con hilo del relato. Muchas veces pienso que la pasión no suele recomendarse y claro cómo va a recomendarse algo que está por encima de la producción. Cómo te van a decir de pequeño que busques tu pasión si solamente dibujando el plan no figurará el dios dinero y qué inconveniente para los que se apasionan por venerarlo.

 A estas alturas temo no poder decir todo lo que sé porque no está a mi alcance, pero sí estoy dispuesto a decirte cómo leo. El costo lo sabemos porque de otro modo cómo se explicaria que las dictaduras hagan cenizas de ese objeto que contiene palabras y no me refiero al libro, me refiero a vos y a mi.