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martes, 10 de septiembre de 2024

Bolureflexiones a pocas horas del día del maestro

 


Poco antes del 11 de septiembre, día que se recuerda, entre otras cosas, el fallecimiento de Domingo F. Sarmiento, dejamos aquí algunas bolureflexiones que bien podrían pensarse en retrospectiva y, por qué no, como consecuencias de las decisiones pretéritas. 

Sabemos que en su honor, cada 11 de septiembre, se conmemora el día del maestro. Profesión que fue, poco a poco, erosionándose a lo largo de las décadas. Esto no pudo haber ocurrido sin la colaboración del estrechismo intelectual que, muy de a poco, fue ganando terreno en el sentido común. A 136 años del fallecimiento del “padre del aula”, ser maestro en la actualidad significa, entre muchas otras cosas, un verdugo de “la gran familia argentina” que como se sabe, ha callado en los momentos más negros de nuestra historia reciente. 

Sarmiento, a Domingo me refiero, creyó más en la educación que las bestias que hoy lo reivindican inaugurando bustos rodeados de palabras vacías alimentadas, seguramente, por la joya del siglo conocida entre la intelectualidad porteña como IA. Lo cierto es que esa runfla intelectualoide, no tiene nada de inteligencia si lo comparamos con su artificialidad. No saben, por que no les interesa, tal como ocurre con sus electores, que sus próceres preferidos fueron personas interesadas en el desarrollo del país. No postulaban-abro polémica- el retroceso, ni mucho menos la venta planificada del país naciente como ocurre en estos días.

En pocos meses, sin desconocer el pasado reciente, el desmantelamiento del desarrollo científico en Argentina es bestial; el ninguneo a los profesionales de la educación es vergonzoso; en contraposición, la persecución a quienes pelean por el derechos del conjunto solo tiene comparación en períodos dictatoriales. Quien se atreva a dejar el teléfono por unos minutos podrá enterarse de la paralización de la obra del reactor CAREM, desarrollo de vanguardia que pone a nuestro país a niveles, tan deseados por el medio pelo, comparables a Estados Unidos. Si hacemos el ejercicio de razonar sobre lo que hubiera ocurrido, podemos asegurar que Sarmiento llamaría a la runfla gobernante barbarie. El salario docente y el ejercicio de sus derechos no es comparable con una carterita o una bufanda de regalo; supongo que el mejor regalo para los profesionales de la educación es acompañarlos en la lucha diaria que, como podemos comprobar, es desigual por donde se las mire.

Y a la progresía (rosista por obligación histórica y mucho menos por convicción) tendría que saber, al menos de forma rudimentaria, que Sarmiento, contradictorio por donde se lo mire, como cualquier otro humano, también pensaba parecido a lo que hoy reivindican:

“Nuestros hacendados no entienden jota del asunto, y prefieren hacerse un palacio en la Avenida Alvear que meterse en negocios que los llenarían de aflicciones. Quieren que el gobierno, quieren que nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra, a los Luros, a los Duggans, a los Cano y los Leloir y a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo paren las vacas.
En este estado está la cuestión, y como las cámaras (del Congreso) están también formadas por ganaderos, veremos mañana la canción de siempre, el payar de la guitarra a la sombra del ombú de la Pampa y a la puerta del rancho de paja”.

jueves, 15 de junio de 2023


"Si algún sentido tiene este libro, es el de afirmar la necesidad de la paradoja. No estoy siendo nada original, la paradoja es ir contra la opinión general, contra la lógica, es celebrar la contradicción. Cualquier pensador, cualquier crítico, cualquier artista afirmaba (antes) su retórica y su poética, en la desobediencia."                                                                                                                    

                                                                                                                                             Ariana Harwicz
 

Escribir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….bir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….


lunes, 15 de agosto de 2022

SU MIRADA AL BORDE DE NUESTRA ESCRITURA

 El último 29 de Julio, la escritora Ariana Harwicz publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “Tú no eres una autora latinoamericana, me dijo una editora española. ¿Y qué soy?, le dije, ¿sueca? Para nosotros los españoles, la literatura latinoamericana es: o sobre femicidios, o sobre narcos, o sobre gótico andino, así que no sé qué sos, pero latinoamericana, no.”

Bajo esta premisa, que interpela a nuestra región, habría que preguntarse ¿Qué es la literatura latinoamericana para quienes no lo son? O ¿Cuáles son las representaciones que alimentan a lectorxs que esperan unidireccionalmente un estilo de escritura? ¿no sigue siendo una elegante forma de dominación? ¿puede la literatura latinoamericana romper el techo de cristal impuesto por los inquisidores de siempre? ¿Cómo se las arregla una escritora latinoamericana para posicionarse dentro del campo literario? ¿De qué manera deja atrás lo que se espera de su escritura? ¿Còmo se las ve con la lengua?

Robert Castel aseguraba que “el trabajo sociológico era una tentativa de respuesta a una demanda     social”, por ese motivo, continuaba, “el sociólogo debe dar cuentas al conjunto de sus conciudadanos,  y no solamente a sus instituciones oficiales de control y a su cuerpo de pares.”


Bajo este paraguas nos situamos para extender, dentro del campo de la sociología de la literatura, el terreno de los posibles. Intentando superar los enfoques estructuralistas e institucionalistas a partir de un análisis de redes que nos permita converger las dimensiones macro y micro sociales. En simultaneo, la incorporación de fuentes secundarias será de utilidad para el armado de un mapa cognitivo donde “el proyecto creador sartreano” no sea el único camino para explicar la intertextualidad de una producción literaria. Esta metodología, nos permite, además, poner mayor énfasis en la dimensión colectiva de la practica literaria diferenciándose de las relaciones objetivas que otorga la teoría de los campos.

Cuando uno encara la escritura de la tesina, no sabe muy bien qué es lo que hay que hacer; sí sabe lo que no tiene que hacer. Son buenos indicios dado que dentro de la investigación sociológica no saber puede llevarnos a lugares desconocidos tales como la literatura. ¿Es el hecho literario un hecho social?

 Sobre la artesanía intelectual, Wright Mills, explicaba que los pensadores más admirables rara vez separan su vida de su trabajo. Por esa razón, esta tesina rebalsa de ambas cosas dado que tanto la sociología como la literatura son espejo y modelo para la conclusión de este trabajo.  

La producción literaria de Ariana Harwicz nos permite indagar acerca de diferentes dimensiones sociales sin excluir las condiciones históricas que permiten su aparición. Desde los presupuestos de Talcott Parsons, una parte del trabajo sociológico intenta eludir aquellos problemas sociales donde los hechos de poder se evidencian en varias dimensiones. Investigar sobre una mujer que escribe de una manera poco esperada, significa entre otras cosas, visibilizar todas las redes de poder  que se ponen en marcha cuando el hecho literario sucede; por ese motivo la dificultad de los avances y retrocesos de este trabajo. Si bien, la historia de la literatura argentina està plagada de escritoras, las luces que las apuntan no alcanzan para afirmarlo. Mucho menos, si lo que se escribe escapa de lo esperable. El abordaje del trabajo tiene varias entradas:

 

 Desde el punto de vista del análisis del discurso, Dominique Maingueneau, nos ayuda a ver cómo las representaciones de una época se reflejan en la propuesta literaria de la escritora argentina: 


“Me recliné sobre la hierba entre árboles caídos y el sol que calienta la palma de mi  mano me dio la impresión de llevar un cuchillo con el que iba a desangrarme de un corte ágil en la yugular.(…) Estaba a pocos pasos de ellos, oculta entre las malezas. Los espiaba. ¿Cómo es que yo, una mujer débil y enfermiza que sueña con un cuchillo en la mano era la madre y esposa de estos dos individuo?” (Matate, amor, 2012))


Una forma descarnada de escribir atiende a lo Walter Benjamin llamó “la politizaciòn del arte” puesto que el texto no solo deja de lado la tradición  latinoamericana canónica, también ejecuta un movimiento critico. Un riesgo que no es novedoso dentro de los discursos literarios históricos, pero despierta cierta suspicacia. Los rastros que deja la escritura de Harwicz vuelven a los terrenos de discusión donde la literatura y la política se pensaban como caminos cruzados. Por eso mismo, pensando junto con Miguel Dalmaroni, nuestro modelo de trabajo adolece de novedad dado que la búsqueda no es hacia adelante, sino hacia atrás. Retornar a las viejas polémicas de nuestra nación, que aún permanecen sin saldarse, nos permite reflexionar acerca de los permanentes modos de colonialidad. ¿Acaso no es competencia de la sociología el hecho literario? Nosotros creemos que lo es, pero también sabemos que la literatura no puede llenar los estómagos de tantos compatriotas, pero, como dice Dalmaroni, es un bien que repara. Ademàs, el tipo de literatura seleccionada para esta investigación puede ser la consecuencia de retratos sociales de vidas silenciadas donde el cuerpo se presenta politizado.

La centralidad del deseo como motor de búsqueda y no de represión, conduce a la relectura de los textos clásicos del psicoanálisis anudándolo con los principales núcleos teóricos de la sociología clásica. Problematizar el costumbrismo familiar al que estamos adaptados a partir de la incomodidad que causa el deseo es una forma de reflejar literariamente, las dolencias de una època: Dice Matate, amor

“Desear es como un caramelo pegado al cuello, al cuero cabelludo, a la yugular. Mi marido me viene a buscar cuando ya no se ve nada (…) Al menos entrá el cochecito, me grita. Y de la punta de los píes hasta la cabeza soy una sombra (…) ¿Le tomaste la fiebre hoy? , escucho salir de la nada. No recuerdo. La fiebre sube. Trepa a cuarenta. La mía también, pero a quién le incumbe la salud de la madre. (89)


¿No es preferible, se preguntaba Castel (1999), correr esos riesgos que quedarse crispado en una concepción de la objetividad confinada a un circuito de especialistas, a menudo auto proclamados?

 Escribir es descubrir, asegura Betina Gonzàlez. Podemos descubrir còmo aùn, de manera respetuosa, nos imponen las maneras de escribir en Amèrica Latina. Por esos motivos, el tweet de Harwicz sirve para renovar las emociones. Porque en este tiempo de desánimo exacerbado, el norte aparece europeo. Se integra en nuestros pensamientos como la única salida para la miseria que ellos mismos han generado desde hace siglos en nuestra regiòn. “Nuestra derrota, escribió Eduardo Galeano, estuvo siempre implícita en la victoria ajena.” Hemos escrito toneladas de papel para alimentar al verdugo; hemos aceptado que nos digan qué camino tomar en cada dimensión. Nosotros escribimos y pensamos como latinos; por eso las revoluciones, por eso nuestra escritura.


Escribir en contra de esos mandatos puede perturbar a quienes apuestan a los buenos modales,pero algunxs lo hacemos porque sale de las entrañas, porque ponemos el corazòn en la mesa de trabajo, y no nos fijamos a quièn puede molestarle el curso de las palabras. 

Escribir, anota Betina Gonzàlez en su contundente libro “La obligación de ser genial”, es descubrir aquello que estaba cubierto, “despojar el yo, despojarlo del lenguaje costra que era su refugio en pos de uno más cercano a la verdad emocional.”

Ya hemos guardado demasiado silencio.

DR.