lunes, 22 de marzo de 2021

Mi abuelo, la dictadura y el ciclón

 

A la memoria de mi abuelo  y

a Diego, mi querido amigo.



Dentro de unos pocos días se conmemoran 45 años del comienzo de una pesadilla para nuestro país. El 24 de Marzo de 1976, a la cabeza del Teniente Gral. Jorge R. Videla y, de un fuerte apoyo civil, se produjo el último golpe militar en Argentina. Las consecuencias de la dictadura ya son de público conocimiento aunque todavía algunos  grupos minúsculos dudan de aquellos hechos.  A pesar de ello, a pesar de los muertos, de los desaparecidos, el plan macabro que se llevo adelante que no solo dinamitó cualquier intento de desarrollo económico sino que además, fracturó hasta nuestros días, nuestra historia cultural.

Mi carnet de socio dice que mi vinculo filial pertenece al club atlético Huracán y mi sentimiento también. Eso no significa que la ceguera ponderada por doquier prevalezca porque, este 24 de Marzo, también recordaré, entre otras cosas, la expropiación por parte del entonces intendente metropolitano Brigadier Cacciatore, del viejo gasómetro, club del que mi querido abuelo fuera fiel seguidor. El 20 de Junio de 1977, en plena dictadura, un grupo de Madres de Plaza de Mayo reclamó, junto con algunos jóvenes, la aparición de sus hijos en lo que era en ese entonces el estadio de San Lorenzo. Basto ese pedido de justicia desesperado para que una campaña de difamación erosionara cualquier intento de reivindicación.

El brigadier Cacciatore, no solo se encargó de la expropiación del las instalaciones, también, el tan citado relator popular José María Muñoz, durante el mundial de 1978, instaba a las autoridades de San Lorenzo a ceder al pedido del entonces intendente de facto. No contentos con ello, varios testigos aseguran que el presidente de la institución, Vicente Bonina, perdió el rumbo cuando el militar le consultó sobre la vida de sus hijos.  Ya sin mucho margen para maniobrar, el 2 de Diciembre de 1979 el partido entre San Lorenzo de Almagro y Boca Juniors cerró las puertas de un ciclo para abrir las puertas a una debacle que continua hasta el día de hoy.

Cuando camino con mi amigo, socio refundador, por las calles de Boedo y veo en sus ojos esperanza por la vuelta del estadio, me pregunto por qué, quienes vamos a gritar “Nunca Más” este miércoles, no exigimos a las autoridades nacionales y locales que, de una vez por todas, el pueblo argentino, sea resarcido de una vez y para siempre. Porque aquí no se habla de “moral deportiva”, como se excusó el legislador Claudio Morresi  después de votar en contra por la vuelta a Boedo, aquí se habla de terror, de desaparición del patrimonio cultural y de la memoria colectiva. Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, consultado sobre la función del actual secretario de derechos humanos sobre la represión en Formosa dijo: “Antes que cualquier partidismo, por encima de ello, están los derechos humanos y el derecho de los pueblos.” Que empiece entonces a hacerse realidad el sueño de los que ya no están y de los que siguen adelante.

¡Sí a la vuelta a Boedo!

Memoria Verdad y Justicia.

 

jueves, 11 de marzo de 2021

ULTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (FINAL)

 

X


 A  la teacher



                                                                                       “Era como si estuviera muerta, o como si,

antes de abandonarlo para siempre,

hubiera desperdigado por la casa las huellas póstumas de amor

 por las que quisiera ser recordada.”

El Pasado – Alan Pauls


¡Hola!

¡Doctora!

¿Puedo sentarme?

Acabo de salir de la Universidad y pensé que podía encontrarte acá. ¿Te regalaron mi libro o lo compraste?

Lo compré.

¿Te gustó?

No sé porque voy por la hoja 33, pero el prólogo me interesó mucho, sobre todo cuando escribís sobre mí y cambias mi nombre por el de tu escritor preferido.

Lo escribía mientras me estaba separando y pensé en cuidar alguna remota posibilidad de recuperar mi pareja. Poly insistió en que ya nada cambiaría el rumbo de las cosas porque ya estaba todo dado; mi decisión era indeclinable.

Vine a decirte que estuve pensando en lo que fuimos y no puedo dejar de hacerlo pero no estoy en un estado emocional para pensar más que en mi vida y la de los chicos. Yo me separo y apareces vos: ¿ te da tregua la vida, Beni?

XI

“Es imposible detenerse a contemplar el rio sin que a uno se lo lleve al agua”.

 Rebeldes, soñadores y fugitivos – Osvaldo Soriano

Doctora, hace unos días que Madrid está vestida de blanco. El tiempo no da tregua por el momento. La ciudad está casi sitiada porque las principales avenidas se han transformado en pistas de patinaje. Cuando volaba y el avión se dispuso a tocar tierra el viento quiso hacer saber quién tiene el control allí arriba sacudiendo todo ese monstruo que parece inmenso en tierra pero tan pequeño en el cielo. Ese sacudón, doctora, fue muy parecido al sacudon que sentí el primer día en que te vi. Fue tal que me costó hablarte, hasta que pude salir de las primeras  impresiones. Alguien me dijo en un bar que amar te agujerea y que nada de eso se elige y hoy me doy cuenta que aquella carcajada escéptica que propiné  se ha transformado en mi rezo diario. Todavía me acuerdo de tu cara cuando para mi cumpleaños me regalaste la primera edición de Rayuela, que yo no lo podía creer, que no era por la edición sino porque no recordaba haberte hablado de mis gustos literarios.

Sufro tanto a veces por no poder decir lo que siento que preferiría no sentir. Recurro a sencillas prácticas de escritura diaria para ver en tinta mis deseos menos ocultos. Los miro hecho oraciones y no me agradan tanto porque sé que adentro tengo más y que cada uno que vomite romperá la lógica de mis intenciones: el deseo, ese concepto tan fundamental. Evidentemente que es más fácil ser racionalmente lógico que irracionalmente ilógico porque, de ser así, dejaría todo en este momento y me subiría al primer avión que me lleve a Buenos Aires. Pero no puedo. Acá me acompaña una familia que, si bien no es la situación más cómoda ni deseada, es lo que supe construir después de nosotros. Tengo un problema con el deseo, no con el mío, al menos así lo creo, pero sí con el de los otros y eso no sé si es un atributo destacable. Con los años aprendí a despojarme un poco del egoísmo que concierne a mi profesión e incluso intenté ampliar ese movimiento y llevarlo a la dimensión amorosa. Entendí que debía tomarme en serio el deseo del otro, en este caso, el de ella, y eso hizo que mi precario sistema de valores comience a agrietarse progresivamente. Pero cometí un error no forzado y  es que olvidé tomar en serio el mío. Cuando decidí romper nuestra relación aquella tarde de verano me preguntaba si había hecho bien o no porque la sofocación en esos momentos era similar al vértigo de una montaña rusa. ¿Nunca tuviste vértigo en la cima de una montaña rusa? Ese no saber adónde ir me condujo a lugares inesperados y creo que fue eso lo que me tentó porque sabía, percibía, que entre vos y yo nada podía concebirse en el orden de lo impensado. Impensado era para mí vernos caminando por la calle sin el temor a ser vistos. Era la posibilidad de fantasear con algo más que dos veces por semana, algo más que dos tardes en hoteles. Fue el momento de protegerme y reprimir el deseo que me conducía hacia vos irremediablemente. Y ahora comprendo tu pasada decisión porque me encuentro, otra vez, realmente confundido escribiéndote a miles de kilómetros y pensándote casi obsesivamente a cada rato. Hay algo que se juega entre el deseo y las tradiciones y es el miedo que acompaña la decisión de romperlas. Fue esa sensación la que me detuvo dos minutos en el aeropuerto antes de despachar las valijas pensando en ir a tu casa para arriesgarnos una vez más. El miedo a romper todo me conduce en estos instantes que solo los transitan los cobardes que, en vez de expulsar las esquirlas del alma, las hunden.

 

 

XII

 

“Acababa de ver lo que queda de un hombre cuando a todo lo que es,

a todo lo que cree ser, se le resta la mujer que ama.”

 

El pasado – Alan Pauls  

 

Beni: ha llegado el momento en que la digitalización de la vida nos haya obligado a pasar del manuscrito al correo electrónico. Sí podemos mantener, por ahora, la disciplina del tiempo de envío. Siempre fuiste un nostálgico y eso era un aspecto tan codiciado en vos que a mí me encantaba. ¿Te acordás cuando fuimos a ver al Lorca seis veces “Dolor y Gloria” de Almodóvar? Lo recuerdo como si fuera hoy. Las caras de Lucha y el Maguito cuando le contábamos esa especie de compulsión eran indescriptibles. Y vos te reías tanto, pero contabas con tanta pasión el argumento que daban ganas de volver a entrar. Pero te decía que eras un nostálgico. Además, que no es casualidad que el mundo almodovariano te atrajera, porque siempre hay un hijo cooptado por el exceso de amor de su madre. Que el exceso de amor materno no te deja respirar, me decías, que te chupa con tanto ímpetu que pareciera ser que su deseo es volver al inicio del tiempo.     

A pesar de que te parezca una locura, todos los 11 de Septiembre te compro un libro y se lo doy al Mago para que te lo mande por correo, pero después me arrepiento diciéndole que se lo quede para él. Yo sé muy bien que nada de lo que escribamos tomará otro rumbo o no sé, pero son los únicos momentos en donde siento que mi deseo llega a buen puerto. ¿Quién sabe el rumbo de lo que escribimos? Son como dardos lanzados al aire; una vez desatada la fuerza quién podrá detenerla: otra fuerza. El choque amoroso, Beni, deja esquirlas y el nuestro no es la excepción.

Pasado los años, me encuentro en la terrible situación de saber qué quiero.

Cuando volví a verte en La Farmacia te oí tan feliz, tan poco temeroso, que pensé en la posibilidad de volver a enamorarme de vos. Me propuse pensarlo; se lo conté a Poly y a coro, junto con el mago me respondieron que nunca había dejado de estarlo. Sentí en esos instantes los mismos síntomas de la gripe, solo que una leve taquicardia confundía el diagnostico. Un par de días más tarde comencé a elucubrar con que tu llegada venia a colmar el espacio que me generaba la separación y entendí rápido que el egoísmo me rebalsaba. Cómo una se mete en líos sin haberse despojado de los anteriores. Ahora entiendo tu batalla con “la ideología del yo todopoderoso”. No se puede anticipar el acontecimiento como no se puede- permitime la cita- elegir la lluvia que te va a mojar a la salida del cine, no está en nuestras manos saberlo todo, yo creía que sí. Te deseaba aunque no lo supiera, siempre fue así.

Tengo tiempo para pensarme y pensarnos, sabés. Y vos, ¿pensás en nosotros? Yo ya sé que es muchísimo lo que te voy a pedir, pero confía, otra vez, en mí. Sé muy bien el daño que te hice y sé también que no puedo subsanarlo con palabras, pero no estoy dispuesta a sacarte de mi vida una vez más, ya no. Aquí vuelvo al principio: no sacarte de mi vida implica que vos quieras dejarme entrar en la tuya.

Te quiero

Luciana, alias la doctora.

 

 

 

XIII

“El veneno es vencido por el organismo no cuando es expulsado fuera de él, sino cuando de algún modo llega a formar parte de este”.

Inmunitas. Protección y negación de la vida – Roberto Esposito

 

Mago, en Madrid acaba de explotar una bomba en uno de los ramales más frecuentados. No ha sido una casualidad el horario: 7:30 Hs. Han provocado una masacre, los familiares de las víctimas están desesperadas. Si vieras cómo la penumbra levita en la ciudad a pesar del sol pleno te sorprenderías. Al estallar la bomba se me vino a la cabeza el atentado a la embajada de Israel en Argentina y tuve que contener la respiración por unos segundos porque sentí el mismo miedo. El mundo se ha transformado en un laboratorio de pruebas. La carrera es saber quién llega primero a destruir la mayor cantidad de recursos vitales. Una mínima dotación siniestra cristaliza destinos de millones de personas. Recuerdo siempre las discusiones que teníamos sobre qué hacer, en qué bando estar, cómo interpretar acciones como las de esta mañana. Cuando me levanté y escuché en la radio lo ocurrido, me dieron ganas de volver a Buenos Aires, pero me di cuenta que acá, después de largos años de estadía, sigo pensando como si viviera allí y  eso, me parece, es, por ahora, un buen consuelo.

Julia me pregunta por qué comienzo el día con una radio argentina y me río sin saber la respuesta. Hay algo que  llevas dentro tuyo siempre que no se puede dejar así nomás y es la esencia, o el contenido, según desde qué escuela filosófica se lo vea. Oportunas son las reflexiones sobre la ausencia de Cortázar en su país, en el nuestro, también. El cronopio les decía a los dueños de la cultura  que quienes le reprochaban eso no podían comprender cómo, su estadía europea, contribuyó indirectamente a la literatura argentina. A veces, Maguito, te entiende más el enemigo que tus propios camaradas.

Las manifestaciones en las calles condensan la indignación de mucho tiempo. Anoche, mientras caminaba por la ciudad, un grupo de jóvenes llevaba un letrero que decía: “para nuestro futuro no vemos más que precariedad”. Otro, con la foto del rey Juan Carlos con la leyenda: “¿Quién te votó? Una estudiante de la universidad escribió un ensayo sobre cómo ve a sus contemporáneos y lo tituló: “Nuestra generación vivirá peor que nuestros padres, no encontramos trabajo, vemos negro el futuro" Cuando leo esas protestas, Mago, me pregunto qué mundo hemos elaborado, hasta qué punto somos culpables  y qué van a hacer esos millones de jóvenes que se sienten afuera de todo.

Finalmente, admití, por única vez, a un ex represor. Su condena está por salir y, muy posiblemente, sea extraditado a la Argentina. Aprovecharé todo ese tiempo para trabajar sobre eso. Ya he recibido todo tipo de críticas y hasta advertencias sobre mi lugar en la universidad. En otro momento te cuento.

Benicio.

XIV

“Entonces escribir es la forma de quien tiene la palabra como carnada: la palabra pescando lo que no es palabra. Cuando esa no palabra-la entrelinea- muerde la carnada, algo se escribió.

Agua viva – Clarice Lispector


Amigo, nos duele mucho lo ocurrido en Madrid. Me acuerdo del temblor que se apropió de los vidrios a medida de que la onda expansiva se dispersaba por todo los alrededores. Aún suenan en mis oídos el llanto desesperado de Tamara contándome que su padre se encontraba en el estacionamiento en el momento de la explosión. Cuando me contabas en primera persona lo ocurrido las ideas de impunidad se apropiaban de todos mis pensamientos. Yo digo, a veces, cada vez más, que estamos jodidos, amigo.

Por si no te enteraste, Lucha se fue a Bariloche con los chicos. ¿Te acordás que allá viven los hermanos? Arregló con Leandro que sería más saludable para todos hasta que calme un poco la marea. Hay miserias que se ven en estos momentos. Lo inquietante es dar cuenta de que uno las lleva encima y aparecen primitivamente y tiran al cesto toda la evolución. Qué aterrador no conocerse y, además saber que somos miles y miles de años condensados. Avances y retrocesos, edificación y destrucción.

 

                                                                  DOS AÑOS DESPUÉS


“Pero arriesgo, vivo arriesgando”.

                                                                                                                                                                        Agua viva – Clarice Lispector


Queridos amigos, doctora: Recién hoy me animo a escribir después de un largo periodo de ausencia. No quisiera alarmarlos, pero temo decirles que mi cuerpo ya no responde como hace un tiempo. Las células que me constituyen decidieron mutar arriconando todo lo bueno que aun me queda. Los médicos dicen que gracias a mi disciplina y a la medicación el tratamiento va viento en popa. Yo no les creo nada. Ellos tienen la evidencia, pero yo tengo la inexplicable señal anímica de que pronto acabará todo. Parece mentira pero, como nunca, duermo. Sé ve que la podredumbre debe alimentarse de lo poco que queda de vida. Los gusanos son fieles a todo lo que se pudre. No se siente nada, solo que la cabeza hace preguntas que ya no pueden responderse porque no hay tiempo ni lugar para pensarlas. Julia me alienta  y, pobre, tiene esperanzas de sobrevida. Yo dejo que viva mi desintegración, hay que ser muy egoísta para contradecir a alguien que ve como muere su amante.

Pienso seguir atendiendo un tiempo más. Me cuesta moverme con soltura, pero escuchar aun puedo. Dejé escrito cómo me gustaría que fuera el día después. Julia tiene una copia y la otra va adjuntada a esta pequeña despedida. Me hubiera gustado vivir un tiempo más, pero ya ven queridos amigos, no hay garantías porque casi todo  lo que vemos es mentira. Siempre voy a ser fiel al deseo y a todo lo que este trae, a pesar de que puede convertirse en el más encolerizado enemigo. Acá llueve fulminantemente. Pareciera que el fin del mundo se acercara: ¿Tronará ese día? La feroz intensidad de la tormenta castiga sin cesar el techo de la biblioteca. Asi me siento a veces: castigado, pero resistente.

Hay cosas que ya pierden sentido cuando uno comienza a dejar de ser.

Benicio

                                                                       FIN.

jueves, 4 de marzo de 2021

ULTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (PARTE IV)

 

VIII

 

“(…) tiene por fin constituir y conservar unidades cada vez mayores, es decir, tiende a la unión.”

Sobre Eros – Sigmund Freud

 

 

“Hola licenciada, me encantaría conocerla. Casi que trabajamos juntos. 

Soy B.”

 

Por supuesto que me acuerdo si lo escribí yo en aquella mesa que ahora usan para depósito de medialunas. Era el único modo en el que me sentía cómodo y libre para decirte que compartiéramos un rato. Sí, sigo igual. Me parece que eso no cambia ni mejora porque ese depósito de palabras que nos constituye nos  condiciona a pesar de que, a veces, se deje ver. No es sencillo sentarse delante de alguien que te gusta y decirle lo que te pasa. Una cosas es desear y otra tener ganas, ¿no?

Tampoco fue fácil. Por intermedio de una amiga en común la conocí. Es abogada y profesora adjunta de Derechos Humanos en la universidad. No, es francesa como su madre. Qué pregunta difícil, doctora. No sé si se la puedo contestar.

 

¿Vos, lo amaste?

 

 

 

IX

 

“Pero la comprensión es un don que exige respuesta.

Si no produce alguna forma de intercambio se extingue sin remedio, y cuando se extingue,

en el mismo suelo donde antes florecía la tolerancia, nace la dureza seca y árida de la guerra.”

 

Alan Pauls – El pasado

 

Poly, seguro que ya estás enterada de que el reencuentro con la doctora no fue como esperábamos. Eso me congracia porque, si es amor lo que sentimos, nada es esperado, nada es seguro; cada paso es un riesgo. Discutimos por todo pero yo creo que mas por el pasado actualizado que astilla nuestro presente. La doctora y yo no entendemos cómo, por cobardes supongo, no nos fuimos a Madrid y lo más cómico es que ninguno de los dos se anima a decirlo. Hay cosas, Poly, que las dejamos pasar como si el tiempo fuera recuperable, como si esperáramos regalías. Vivimos una vida que no queremos y, sin embargo, la vivimos: ¿por qué? Nos han enseñado a no correr riesgos (yo he sido un gran estudiante), menos en el amor y no nos han dicho que junto con el desamor se transforman en un gran monstruo que, dependiendo de la situación, duelen distintos, pero duelen los dos. ¿Vos crees que a mí no me hubiera gustado ir a Madrid junto con la doctora? Entre el amor y el desamor hay otra fase, Poly, y es el miedo a quedarse solo porque uno supone que si dura no va a sufrir y se equivoca, pero en ciertos momentos ya es tarde. A esta altura ya no sé si hay que durar o gastarse hasta agonizar de vida. Pero el chiste está en que creemos que ese Otro le va a ser sombra a nuestra soledad.

Una vez me preguntaron sobre las contraindicaciones en el psicoanálisis y les respondí que no estaba muy seguro, pero que ante la llegada de un paciente de edad muy avanzada tendría en cuenta las consecuencias de la escucha porque, vos sabes bien Poly, que, a medida que el tiempo pasa y el fin se acerca, las oportunidades para revertirlo todo cada vez son menores y eso, puede complicar aún más las cosas: falta el tiempo para desencadenar y para cicatrizar. Eso sería una fatalidad para cualquier paciente y en el amor pasa algo parecido. Cuando la calesita ya dio las vueltas suficientes para tomar envión es muy complejo detenerla y vaya paradoja, amiga, a medida que crezco busco certidumbres; justo yo que me dedico a suspenderlas. Termino con una pregunta: ¿Qué es entonces el amor?

 

Espero verte pronto.

 

Te abraza,

 

Benicio


Continuará...


jueves, 25 de febrero de 2021

ULTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (PARTE III)

 

V


“El riesgo de salir lastimada o lastimado

 es constitutivo del amor:

sin vulnerabilidad, sin la posibilidad real de daño,

 no hay apertura verdadera hacia otra persona”.

 

El fin del amor – Tamara Tenenbaum

 

Ya estoy en la universidad, Mago. Te espero en el comedor, voy a ver si como algo antes de hablar.

Ok, amigo. Ya estoy en camino, mucho tráfico. Me meto en un garaje y te busco. Van las chicas. ¿Las viste?

Vení tranquilo porque el rector está demorado en el mismo embotellamiento que vos; esto va a demorarse. A las chicas no las vi, no sabía que venían. Muchas personas. El menú es un poco mejor de lo que comíamos cuando éramos estudiantes, te guardo uno.



VI

 

“Nuestro pasado sigue siendo nuestro presente.

En consecuencia, uno se reformula, se recrea

( como una tarea que hay que retomar indefinidamente),

pero no se formula ni se crea”.

 

 Regreso a Reims - Didier Eribon

 

 

Sí, en estos momentos la literatura tal y como la concibo yo va perdiendo intensidad porque el acto de escribir, en mi opinión, está subordinado al acontecimiento y no al revés.

Ultima pregunta, por favor.

Me parece que un analista no debe cerrarle la puerta a una potencial aportación. Si un ex represor se acerca al consultorio, por lo menos, debería tener la posibilidad de ser escuchado una vez y después, el propio analista decidirá si continua o no con ese trabajo. Acá no se habla ni de perdón ni de disolución de ideología. Mucho menos de olvido ni de reconciliación. Se habla de no perder las pocas oportunidad para comprender sobre qué sedimento apoyamos los pies.

¡Muchas gracias a todos!



VII


“Estar en suspenso es detener el aliento.

 Y mirar lo mas atentamente que se puede lo que simplemente está allí,

lo que se le ofrece a uno en la presencia de las cosas.”

 

Elogio del riesgo – Anne Dufourmantelle

 

 

 

¿Te sorprendió verme?

No tanto. Sí me puse nervioso cuando atinaste a agarrar el micrófono para preguntar.

¿En qué pensaste?

No sé bien en qué, pero me dio miedo volver a sentirte tan cerca, como ahora. Me siento débil adelante tuyo, y no sé si eso es tan bueno en este momento de mi vida.

Me dijo Lucha que te quedas poco tiempo en la ciudad.

¿Salimos de acá? Me ahoga el packaging de los intelectuales. Por qué no volvemos al barrio. Nos bajamos unas paradas antes y el resto las caminamos como antes, ¿qué decis?

¿Cómo antes?

Por qué no.

Adolfo está más viejo.

Como nosotros, doctora.

¿Me ves más vieja?

Nos veo distintos.

 

¿Te digo cómo te veo yo?

Más canoso, un poco más flaco. Igual de gestual. Igual de creído. Igual de irónico. Pero me da mucha alegría volver a verte.

Me rio porque seguís dialécticamente acida; ácidamente dulce.

¿Seguís por los caminos de Masotta?

Imagino que sí, por lo menos eso pretendo hacer. Siempre te dije que si se nos ocurría tener hijos, el varón iba a llevar su nombre. (Risas)

Cuánto hacia que no me reía así, Beni. Va, no me rio con frecuencia. Hay veces que pienso en vos y te odio porque si me hubieras escuchado esa tarde, quizás las cosas se daban de otra manera.  Sí, ya sé que la que no se animó fui yo, no podía. Nada que ver. Cómo les decía a mis viejos que lo dejaba a Leandro para salir con vos que eras como de la familia. Sí, vos. Mi papá te quería un montón. El último tiempo en el que estuvo bien me decía que le gustaba lo que escribías, que tenía sentido y que estabas loco porque jugabas al futbol mejor de lo que escribías. Y mi vieja todavía te recuerda. Si se entera que te vi y no le dije nada, me mata. Beni te sigue diciendo o Benito cuando se pone melancólica. No, no sabe nada de lo nuestro; nunca lo supo. Mi hermano vive en México. Conoció a una piba brasilera y como ella trabaja en la UNAM, se fueron para allá.

¿En serio que tenías ganas de volver a verme? Sí, eso me dijo Lucha pero no nos animamos a acercarnos después de tanto tiempo. Viste que el tiempo además de alejarte, te da como una pequeña percepción de cuánto va a doler. Va, en realidad no sé. Todo esto me parece tan raro. Estar acá vos y yo, otra vez, tan distintos, con las vidas tan paralelas. Maguito me contó que se escriben seguido y que planeaban encontrarse en Madrid cerca de tu casa. ¿Por qué te fuiste tan lejos, Beni?


Continuará...

miércoles, 17 de febrero de 2021

ÚLTIMOS MOVIIENTOS EPISTOLARES (PARTE II)

 




III

Pero hice por ellos

 lo que nadie quiso hacer de mí: decir, a sus esperanzas, no.”

 

Zama – Antonio di Benedetto

 

 

Amigo, le conté a Lucha que te escribí y leyó tu respuesta. Al principio simuló estar bien pero con el correr de los segundos comenzó a recordar de las caminatas que hacían juntos y quedó callada por unos minutos. Su silencio es el grito que contuvo mientras los dos salían a escondidas de Leandro, pero en esos momentos, nadie imaginó, incluso yo, que sería el padre de sus hijos. Sabe que en unos días te vas. Probablemente vayamos al bar. Mago me habló de vos y quiere reunirse cuanto antes, “reunir a la pandilla”, me dijo.

¿Por qué es tan difícil el amor, amigo?

Poly

IV

“Estar con otro es difícil.

Estar con otro es un trabajo, un esfuerzo.

Entender, o no entender, o tratar de entender.”

 

Los llanos – Federico Falco

 

Querida Poly, fiel a la costumbre, al Mago y a mí nos echaron del bar porque los mozos querían cerrarlo. Adolfo, el dueño, nos reconoció y nos regaló una botella de champagne que tomamos sentados en el cordón de la plaza hasta que la luz de la mañana nos obligó a refugiarnos. Es una lástima que no hayan venido, la verdad es que las esperábamos. Mago me contó que la doctora se bajó de todas las cátedras que tenía en la universidad. Si es así, sería una gran pérdida; a veces, estar cerca del ocaso enceguece un poco.

Te pediría su número pero no estoy seguro de poder hablarle otra vez, pienso en complicar más las cosas y no querría que así fuera. Nunca, querer es poder, Poly, a pesar de que se empeñan en hacernos creer que manejamos nuestra voluntad entera y que, en consecuencia, si fracasas, la culpa es de uno y no del siniestro sistema que nos enmarca .  Tal vez, me resisto, como puedo, a las heridas de ayer, no lo sé.

Volver a ver a la doctora complicó todo, por lo menos, todo lo que creia cierto ya no lo es.

Benicio.

Continuará...

jueves, 11 de febrero de 2021

ÚLTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (PARTE I)


 

"Un amor que se sabe, un amor Ideal, lleno de valores,

 no es sino un amor agarrado, inhibido, asido por la identificación."

                                                                                                                                                              Alexandra Kohan


I


   Beni, hola, ¿Cómo estás, te acordás de mi? Soy Poly, la directora del centro de estudios literarios y tu amiga (me rio). Bueno, te escribo para contarte que hace unos días te vimos con Lucha en La Farmacia y no nos animamos a saludarte porque creímos que después de tanto tiempo no ibas a reconocernos. Te reconocimos porque hay algo en vos que es poco habitual hoy en día y es esa neurótica obsesión de estar oculto pero a la vista de todos los ojos. La idea del mensaje es avisarte que Lucha se separó y que volver a verte fue para ella muy fuerte y aun conserva rastros de aquellos días. Uno de los motivos fuiste vos o mejor dicho los recuerdos que aun viven en ella, tus huellas dice Lucha. Sé que pasó mucho tiempo y que quizás esto no contribuya para nada, pero quería que supieras que ella nunca te olvidó e intuyo que vos tampoco. Cometerías un error si pensaras que escribo yo en nombre de ella porque si bien la que escribe soy yo y lo hago en nombre de ella, más lo hago por ese engendro envidiable que fueron ustedes dos. Lucha no sabe nada de esto y únicamente abrí esta cuenta para escribirte y verificar que estás por acá dando vueltas alrededor de nosotras. En el fondo fondo sabía que iba a encontrarte en el mismo lugar en que te conocí porque uno siempre vuelve a donde fue un poco feliz. Me alegró verte otra vez por el barrio. Se te nota que creciste un poco, a mi también se me nota pero no quiero volver a tener 15 años otra vez, prefiero cargar con algunas décadas mas, como ahora.

Besos y abrazos, amigo.

Poly

II

“Lo que está en juego en la risa se produce cuando

la demanda llega a buen puerto,

a saber, más allá de la máscara, y encuentra,

 no la satisfacción, sino el mensaje de la presencia.”

Jacques Lacan


Poly, cómo no me voy a acordar de vos, es difícil olvidar el sonido de tu voz astillándose y astillándonos el alma mientras recitabas Amparo. Todavía, cuando rememoro ese atardecer, siento la fragilidad de mis piernas y el sudor de mis manos cuando vi a la doctora por primera vez. Sí, aun conservo esa manera de nombrarla porque es la única vía de recuerdo permanente además de sus publicaciones tan destacadas. Apenado estoy porque me entero que estuvimos tan cerca y ni siquiera pudimos darnos un abrazo. Regresé al país hace unos días pero rápido vuelvo al circuito habitual. Bs As conserva un poco del viejo mundo nostálgico que soñaba alguna vez encontrarse con Olivera y La Maga en cualquier bar nocturno y por supuesto, yo soy un poco más conservador, menos soñador, pero más nostálgico que antes. No sé si eso es bueno o malo.

Mi sentido de la estructura me obliga a escribir tema por tema de manera casi mecánica. La noticia de la separación de la doctora no me alegró demasiado porque, imagino, que su estado emocional no debe ser el más recomendados por la autoayuda; pienso en el sufrimiento de Pía y de Augusto, estoy seguro que lo entenderán algún día a pesar de que hay cosas en la vida que no se entienden porque no están para eso.

Mientras te escribo un vendaval de recuerdos pone en jaque mi tranquilidad y lo advierto en mis manos que digitan cualquier cosa. Es el calco emocional que sentía cada vez que estaba con la doctora, me temblaba todo, perdía el control, me asustaba de mí mismo, me sofocaba. Lo que te voy a contar es una confidencia: una semana después de conocerla, luego de una llamada perdida en mi teléfono y suponiendo que era ella, salí corriendo hasta el locutorio más cercano. Antes de llegar me tomé de un árbol para tomar aire y preguntarme qué era lo que estaba haciendo. Me di cuenta que ya era tarde, que lo contingente me había dado un gran sacudón, el único hasta ahora, lamentablemente. Lo cierto es que hablamos y me dijo que esperó por días mi llamado, que habíamos quedado en eso. Rápido me alertó que Leandro estaba por ahí y que de un momento a otro cortaría, que aun no le había contado de lo nuestro.

Como sabrás, no estaré mucho tiempo en la ciudad, mi trabajo espera más de lo que puedo dar y eso, en algún momento, lo voy a tener que arreglar. ¿Te acordás cuando discutíamos sobre la diferencia entre el deseo y las ganas? Bueno, a mi deseo de escribir le sumé mis ganas de criticar y a mis ganas de criticar mi deseo de escribir. Antes de abrir un paquete de yerba (por fin) en territorio argentino leí unos cuadernos que escribí de chico en donde advertí que cambié poco, que me indignan las mismas cosas y que el deseo de escribir, en ese entonces soñado, se ha materializado.

No sé qué decirte Poly. No sé qué es lo que me va a pasar cuando vea a la doctora otra vez.

De no haber cambios, los días pares, como siempre, voy a leer al bar. Lo contacté al Mago.

Continuara...





viernes, 29 de enero de 2021

 

Aun no te conté cómo sueño

Lo que sueñas y no dices tal vez será canción.

Luis Alberto Spinetta

I

Cuando se te calló el plafón al piso y yo no pude atraparlo me dijiste, mientras sonreías, que nunca te había contado cómo sueño. El estallido del cristal espantó a las pocas aves que habitaban el sobre techo de la cabaña casi con tanta sorpresa que una de ellas se metió en la cocina y nos miramos preocupados. Hay percepciones que indican que las cosas pueden esperar un rato, incluso días o meses porque ir en dirección contraria a ellas puede complicarlo todo irreversiblemente. Noté al agacharme que uno de mis pies sangraba a consecuencia de las heridas superficiales que provocó la explosión del cristal. El pequeño gorrión ya había encontrado salida e imaginamos que también su refugio. Que si el sueño era un refugio me preguntaste y mirándote fijo te contesté que no sabía, pero sí sé que en los sueños no se pierde nada. Los muertos no mueren, las enfermedades se curan, no hay sistema monetario tampoco y antes de reírte me tiraste agua en la cara acompañándola con un beso a la altura de mis ojos.

Hace unos días soñé con Masotta y contándote todo lo que allí ocurría dejaste que tus pensamientos fluyeran intempestivamente hasta provocar una tangente discursiva: que qué pasa cuando se sueña con una época anterior a tu propia vida e incluso, cómo se diluye la angustia de saber que ese deseo que se manifiesta en sueños no será consumado en la vigilia. Nos quedamos sin palabras y recordé en ese instante que Lacan decía algo así como que un discurso es siempre adormecedor, salvo cuando uno no lo comprende: entonces despierta. Lo copiaste en una hoja cuadriculada y lo pegaste en la puerta como quien coloca un mensaje de bienvenida. Será esto amor, que puede ser te dije, que puede ser.

II

El ambiente olía a guardia de hospital producto de las curaciones de las heridas en el pie y fue en ese instante cuando volviste a preguntarme que cómo sueño. El peso de tu cabeza recostada en mi hombro fue suficiente para entender de qué se trataba la cosa. El cuento que seguía comenzaba diciendo: “A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla.” Me detuviste en la parte en la que, en el relato, el sueño y la vigilia no se distinguían para consultarme qué prefería, si soñar o estar despierto y caí en la cuenta de que yo nunca te había contado cómo soñaba. Intenté ganar terreno por el lado de la vigilia pero tan audaz fuiste que seguiste leyendo hasta el final para decirme que hay sueños que te torturan porque es el único lugar en donde las cosas no se pierden y los muertos, nuestros muertos, no mueren. Y que tu cuerpo lo sabe y no lo puede controlar y se enferma de sufrir, se convulsiona dejando huellas que son solo la punta de un inmenso dolor. O tuve un deja vu, o esto es un sueño; no me animé a preguntarte.

III

A veces, después de soñar, pienso en cuatro cosas: en Julio Cortázar, en Sigmund Freud, en Jacques Lacan y en Wes Anderson. Ese cuarteto, con modos diferentes, pusieron en problemas a la banalidad de vivir el tiempo linealmente sin interrupciones; los cuatro suspendieron el discurso que se dice ser real. Además, extienden tanto el espacio temporal que dejan semidesnuda a la resistencia institucional que imposibilita los movimientos necesarios para desencadenar el alma. Sí, el alma puede vivir años gustosamente encadenada porque no sabe cómo es vivir desencadenándose.

Me recuesto nuevamente en el sillón y el hedor acumulado de varios cuerpos detiene mi reflexión y me rio al verte bailando con sahumerios en las manos. Te acostumbraste a ir con tus budas para todos lados y yo me acostumbré a acostumbrarme que te vayas a todos lados con tus budas. Será esto amor, que puede ser te dije, que puede ser. La próxima vez alquilamos una habitación en un hotel mejor me dijiste a carcajadas golpeándome la cabeza porque fui yo quien eligió estar lejos de la humanidad a la que aun pertenecemos; que no sea bobo, que cuanto más me quiero alejar, más humano soy, que te pareces a eso tipos que se oponen a la monogamia pero no le cuentan a la mujer que tienen amantes.

A cada tanto nos advierten que querer es poder y que ser feliz es casi ya una obligación. ¿Pero una moneda es sin su otra cara? ¿Nos enamoramos de quien queremos o sorpresivamente acontece el rayo cortazariano que llega para partirnos en dos? ¿Acaso no hay amores en sueños o sueños de amores? No lo sé, pero sí sé que habrá más guerras,  mas sangre, más nudos, encadenamientos, nuevas religiones,  más trastornos,  más pastillas para calmarlos, y todo tipo de anestesias locales como internet y Coca Cola. Me contentaría por ahora, alguna vez, contarte cómo sueño, mientras tanto, te cuento que aun no duermo.

martes, 22 de diciembre de 2020

VEO QUE NUNCA TE DIJE CÓMO LEO

 


                                                                                                                                                                                                                                            ¿Y si la relación de la lectura con la vida no fuera de oposición, ni de exclusión, ni de enseñanza, ni de complementariedad, sino-como sabe cualquiera que, con las pestañas ardiendo, se niega a apartar los ojos del libro que las quema-pura y simplemente de histeria?

                                                                                                                                                                                                    Alan Pauls

   

                                                                                                                                                                                         

Veo que nunca te dije cómo leo; hay varios momentos, como casi todo porque nada es unilateral. Algunos dicen que soy un loco, pero hace poco leí que un país se constituye por cómo éste define a la locura. Allí hay de todo, y qué decir de la constitución, y qué de la locura y qué de los discursos y qué de los países. Ya sé muy bien que me olvido de las comas pero intento salir porque es la salida la que da recursos para leer, la  fuga diría. Lo cierto es que la repetición, eso que no se sabe bien qué es pero gravita, poco a poco, tendrá que quedar nula porque nos hace perder. Eso que conocemos como tiempo toma otra dimensión cuando uno es capaz de  perderlo para ganar y no es una nueva ley económica, tampoco es un consejo, es otro estilo de producción. No por nada nos han enseñado a cuidarlo aunque irremediablemente se va  y quizás ahí se defina todo: perderlo todo, gastar la vida.

Entonces lo que sigue seria explicarte cómo lo hago.

Tomo el libro con mis manos, siempre solo, a menos que me digan que la soledad se acaba cuando uno está en compañía de alguien. Yo no admito que así sea, uno puede compartirla pero en definitiva está siempre solo: nacemos solos y morimos solos porque ambos acontecimientos son indefinibles por defecto y así mismo nos constituyen

Mis manos se saben adoctrinadas y es entonces cuando la más hábil recibe todo el peso del libro mientras la otra hace lo que puede, en principio porque sabe que no podrá aguantar todo. Mentiría si te digo que las palabras entran primero por los ojos porque no es útil lo que aprendimos de ellos, los ojos no ven, todos los ojos no necesariamente están preparados para mirar. Antes que nada debes saber que el libro me elige, son otros los que te llevan a él irremediablemente. No es fácil, a mi siempre se me da por pensar en una primer cita en donde todo es improbable, impensado y las mas de las veces tan ridículo como encantador. Sos objeto, pero no cualquier objeto; es la transformación, es la “caosmosis” la que te convierte en sujeto, en un único sujeto metamorfoseado. Entonces es ahí cuando las palabras entran por todos lados, ya nada quedará en pie, ya nada será como era y se derrumban los estúpidos mantras que hacen de uno un humano superpoderoso que todo lo puede. Es lo impensablemente imaginado lo que se cuela y por va por aquello que no se sabe dónde se aloja pero que en un lapsus o en un sueño nos transitan. Si solo entran por los ojos, si solamente mirando las absorbemos, cómo se explica la electricidad que circula cuando se comienza a leer ese libro que te eligió, cómo es que vibra el cuerpo.  

Veo en nuestros papeles que nunca te dije cómo leo. A veces lo hago parado y otras caminando por la calle mientras las personas me esquivan y me dan ganas de detenerlos y contarles qué leo. Pero rápido me doy cuenta que mientras el mundo tiembla yo leo, y aun así, esa actividad que parece lenta, esquiva, sedentaria y con mala fama me revoluciona los sentidos, me modifica, me atraviesa. Y algo hay de común entre el diván y la lectura y es que en ambas actividades nunca se sale indemne. Uno lee y ya no es el mismo, ya deja de ser, pero es complejo pensarlo así porque aprendimos que dejar de ser es otra cosa. Durante el análisis uno entra incompleto y descubre, después de un duro trabajo, que parte de lo oculto, la otra mitad, se deja ver por un rato

Soy consciente de que todo lo que aloja en mi no podría decírtelo aquí porque no alcanzaría para contarte en cuantas partes me ha fragmentado la lectura y tampoco sería coherente con hilo del relato. Muchas veces pienso que la pasión no suele recomendarse y claro cómo va a recomendarse algo que está por encima de la producción. Cómo te van a decir de pequeño que busques tu pasión si solamente dibujando el plan no figurará el dios dinero y qué inconveniente para los que se apasionan por venerarlo.

 A estas alturas temo no poder decir todo lo que sé porque no está a mi alcance, pero sí estoy dispuesto a decirte cómo leo. El costo lo sabemos porque de otro modo cómo se explicaria que las dictaduras hagan cenizas de ese objeto que contiene palabras y no me refiero al libro, me refiero a vos y a mi.

domingo, 13 de diciembre de 2020

EL RIESGO DE PERDERSE

 


 “La infancia es un teatro a oscuras y lleno de fantasía en el que, al cabo de un rato, se encienden las luces de la casa y el brillo te hace parpadear, y luego ves los envoltorios de caramelos debajo de los asientos y las filas para los baños. Ese momento puede suceder en cualquier momento.” Ian Frazier, columnista de New Yorker, escribe un bello texto sobre una de las novelas más interesantes del siglo pasado: “Lolita”. El libro de Nabokov, fue para Frazier el interruptor que encendió las luces del teatro infantil. Suele suceder esto a medida que el tiempo pasa y la mirada comienza a echar un vistazo al pasado para explicar el aquí y ahora.

Hay en el arte una capacidad para encandilar algunos aspectos oscuros de la vida, se supone que lo fugazmente iluminado revelará acontecimientos que pueden ser útiles para minimizar el padecimiento. Pero no es tan fácil, a pesar de que el prospecto de la vida moderna suponga que “vivir feliz” sea una cuestión voluntaria. Sin embargo, en el reverso de ese prospecto se escribe la letra chica cuya lectura no dependerá únicamente de unos buenos lentes. Nuestros ojos no están entrenados para leer el reverso del prospecto porque implica, entre otras cosas, asumir riesgos y no hemos aprendido a tomarlos, a pesar de que sabemos que es un camino peligroso, por lo menos eso nos han dicho.

El teatro oscuro del que nos habla Frazier se sostiene en un escenario de solidas premisas, casi totémicas, halladas en nuestro cuerpo, en nuestra propia voz y que dan cuenta de terribles accidentes del alma; entre los más aterradores que recuerdo es el miedo a perderse. Encontrarse en esa situación, perdido entre desconocidos remite a un terror que hunde el pecho, asfixia, pero asegura que ese miedo lo mantendrá a uno quieto, extremadamente quieto. Hay seguridad con esta huella de que los próximos por venir también serán portadores de ese atributo moderno. Perderse es una mala experiencia, tanto como transitar la pasión. Anne Dufourmantelle insiste en que la pasión es la sustancia misma del riesgo y que esto contiene la capacidad de transformar el silencio en grito. Por eso pienso: ¿Quién de nosotros es capaz de perderse en el terreno de lo incierto? Por ahora pocos, porque la incertidumbre, es un mal augurio para la buena productividad. No tendría que hacer mucho esfuerzo para enumerar la infinita cantidad de veces que me dijeron: “no te muevas de al lado mío porque hay mucha gente y podes perderte; no te vamos a encontrar.” Qué infante aguanta semejante sentencia y qué adulto se animaría a perderse, a dejar la vida tranquila que supone un buen trabajo, una casa grande, un cambio de auto cada 5 años y unas reconfortables vacaciones cada verano; todo circula dentro de lo seguro, pero qué hay del otro lado de la moneda. Lo único cierto es que no hay nada seguro y pensarlo de ese modo revela la fragilidad que nos constituye, nos deja a la vista los agujeros que pensábamos tener bien tapados.

Llega a mi memoria la película ya clásica de Sofía Coppolla en donde la pareja protagonista evoca la incapacidad que nos envuelve para perdernos en los intersticios que la vida nos presenta. Asumirse seguros es la inviabilidad del abandono a uno mismo, a lo que se supone que es uno, dejar tranquilo a ese terror que duerme anestesiado muy adentro de nosotros. Nos protegemos como lo hicieron nuestros padres y madres durante la infancia, el terreno virgen de nuestra existencia, inauguradora de todo lo que podemos ser hoy. El dolor nos habita inevitablemente porque es parte del juego aunque la farmacología se ha encargado de adormecerlo junto con infinidad de presupuestos orientalistas que garantizan una vida sin riesgos ni dolor. Parece una mentira que Alex De Large, personaje fascinante de La naranja mecánica, aparezca en este tiempo con tanta vigencia.

Se cotizan alto la esperanza, la certidumbre, y la seguridad; mientras que la devaluación va por el lado del deseo, de la perdida, de la pasión, de la incertidumbre y de la vida indolora. Hay algo en el teatro de la infancia que no sabemos que existe, sin embargo nos ahoga porque a lo largo de la vida ese run run nos advierte que no hay garantías en el terreno de lo desconocido. Diego de Zama, en la novela de Antonio Di Benedetto, luego de la fatiga que causa la espera, pensó: “Pero hice por ellos lo que nadie hizo por mí: decir, a sus esperanzas, no.”

Prefiero perderme, prefiero no encasillarme ni clasificarme, prefiero no saber qué vendrá, prefiero el verbo antes que el sustantivo, prefiero buscar debajo de las butacas los papelitos que escribía para no sé quién. Extrañarme de mi mismo intentando, como sugiere Alexandra Kohan, “emprender un viaje en el que se intenta escribir lo indecible del deseo y el silencio estridente del amor.”