lunes, 15 de agosto de 2022

SU MIRADA AL BORDE DE NUESTRA ESCRITURA

 El último 29 de Julio, la escritora Ariana Harwicz publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “Tú no eres una autora latinoamericana, me dijo una editora española. ¿Y qué soy?, le dije, ¿sueca? Para nosotros los españoles, la literatura latinoamericana es: o sobre femicidios, o sobre narcos, o sobre gótico andino, así que no sé qué sos, pero latinoamericana, no.”

Bajo esta premisa, que interpela a nuestra región, habría que preguntarse ¿Qué es la literatura latinoamericana para quienes no lo son? O ¿Cuáles son las representaciones que alimentan a lectorxs que esperan unidireccionalmente un estilo de escritura? ¿no sigue siendo una elegante forma de dominación? ¿puede la literatura latinoamericana romper el techo de cristal impuesto por los inquisidores de siempre? ¿Cómo se las arregla una escritora latinoamericana para posicionarse dentro del campo literario? ¿De qué manera deja atrás lo que se espera de su escritura? ¿Còmo se las ve con la lengua?

Robert Castel aseguraba que “el trabajo sociológico era una tentativa de respuesta a una demanda     social”, por ese motivo, continuaba, “el sociólogo debe dar cuentas al conjunto de sus conciudadanos,  y no solamente a sus instituciones oficiales de control y a su cuerpo de pares.”


Bajo este paraguas nos situamos para extender, dentro del campo de la sociología de la literatura, el terreno de los posibles. Intentando superar los enfoques estructuralistas e institucionalistas a partir de un análisis de redes que nos permita converger las dimensiones macro y micro sociales. En simultaneo, la incorporación de fuentes secundarias será de utilidad para el armado de un mapa cognitivo donde “el proyecto creador sartreano” no sea el único camino para explicar la intertextualidad de una producción literaria. Esta metodología, nos permite, además, poner mayor énfasis en la dimensión colectiva de la practica literaria diferenciándose de las relaciones objetivas que otorga la teoría de los campos.

Cuando uno encara la escritura de la tesina, no sabe muy bien qué es lo que hay que hacer; sí sabe lo que no tiene que hacer. Son buenos indicios dado que dentro de la investigación sociológica no saber puede llevarnos a lugares desconocidos tales como la literatura. ¿Es el hecho literario un hecho social?

 Sobre la artesanía intelectual, Wright Mills, explicaba que los pensadores más admirables rara vez separan su vida de su trabajo. Por esa razón, esta tesina rebalsa de ambas cosas dado que tanto la sociología como la literatura son espejo y modelo para la conclusión de este trabajo.  

La producción literaria de Ariana Harwicz nos permite indagar acerca de diferentes dimensiones sociales sin excluir las condiciones históricas que permiten su aparición. Desde los presupuestos de Talcott Parsons, una parte del trabajo sociológico intenta eludir aquellos problemas sociales donde los hechos de poder se evidencian en varias dimensiones. Investigar sobre una mujer que escribe de una manera poco esperada, significa entre otras cosas, visibilizar todas las redes de poder  que se ponen en marcha cuando el hecho literario sucede; por ese motivo la dificultad de los avances y retrocesos de este trabajo. Si bien, la historia de la literatura argentina està plagada de escritoras, las luces que las apuntan no alcanzan para afirmarlo. Mucho menos, si lo que se escribe escapa de lo esperable. El abordaje del trabajo tiene varias entradas:

 

 Desde el punto de vista del análisis del discurso, Dominique Maingueneau, nos ayuda a ver cómo las representaciones de una época se reflejan en la propuesta literaria de la escritora argentina: 


“Me recliné sobre la hierba entre árboles caídos y el sol que calienta la palma de mi  mano me dio la impresión de llevar un cuchillo con el que iba a desangrarme de un corte ágil en la yugular.(…) Estaba a pocos pasos de ellos, oculta entre las malezas. Los espiaba. ¿Cómo es que yo, una mujer débil y enfermiza que sueña con un cuchillo en la mano era la madre y esposa de estos dos individuo?” (Matate, amor, 2012))


Una forma descarnada de escribir atiende a lo Walter Benjamin llamó “la politizaciòn del arte” puesto que el texto no solo deja de lado la tradición  latinoamericana canónica, también ejecuta un movimiento critico. Un riesgo que no es novedoso dentro de los discursos literarios históricos, pero despierta cierta suspicacia. Los rastros que deja la escritura de Harwicz vuelven a los terrenos de discusión donde la literatura y la política se pensaban como caminos cruzados. Por eso mismo, pensando junto con Miguel Dalmaroni, nuestro modelo de trabajo adolece de novedad dado que la búsqueda no es hacia adelante, sino hacia atrás. Retornar a las viejas polémicas de nuestra nación, que aún permanecen sin saldarse, nos permite reflexionar acerca de los permanentes modos de colonialidad. ¿Acaso no es competencia de la sociología el hecho literario? Nosotros creemos que lo es, pero también sabemos que la literatura no puede llenar los estómagos de tantos compatriotas, pero, como dice Dalmaroni, es un bien que repara. Ademàs, el tipo de literatura seleccionada para esta investigación puede ser la consecuencia de retratos sociales de vidas silenciadas donde el cuerpo se presenta politizado.

La centralidad del deseo como motor de búsqueda y no de represión, conduce a la relectura de los textos clásicos del psicoanálisis anudándolo con los principales núcleos teóricos de la sociología clásica. Problematizar el costumbrismo familiar al que estamos adaptados a partir de la incomodidad que causa el deseo es una forma de reflejar literariamente, las dolencias de una època: Dice Matate, amor

“Desear es como un caramelo pegado al cuello, al cuero cabelludo, a la yugular. Mi marido me viene a buscar cuando ya no se ve nada (…) Al menos entrá el cochecito, me grita. Y de la punta de los píes hasta la cabeza soy una sombra (…) ¿Le tomaste la fiebre hoy? , escucho salir de la nada. No recuerdo. La fiebre sube. Trepa a cuarenta. La mía también, pero a quién le incumbe la salud de la madre. (89)


¿No es preferible, se preguntaba Castel (1999), correr esos riesgos que quedarse crispado en una concepción de la objetividad confinada a un circuito de especialistas, a menudo auto proclamados?

 Escribir es descubrir, asegura Betina Gonzàlez. Podemos descubrir còmo aùn, de manera respetuosa, nos imponen las maneras de escribir en Amèrica Latina. Por esos motivos, el tweet de Harwicz sirve para renovar las emociones. Porque en este tiempo de desánimo exacerbado, el norte aparece europeo. Se integra en nuestros pensamientos como la única salida para la miseria que ellos mismos han generado desde hace siglos en nuestra regiòn. “Nuestra derrota, escribió Eduardo Galeano, estuvo siempre implícita en la victoria ajena.” Hemos escrito toneladas de papel para alimentar al verdugo; hemos aceptado que nos digan qué camino tomar en cada dimensión. Nosotros escribimos y pensamos como latinos; por eso las revoluciones, por eso nuestra escritura.


Escribir en contra de esos mandatos puede perturbar a quienes apuestan a los buenos modales,pero algunxs lo hacemos porque sale de las entrañas, porque ponemos el corazòn en la mesa de trabajo, y no nos fijamos a quièn puede molestarle el curso de las palabras. 

Escribir, anota Betina Gonzàlez en su contundente libro “La obligación de ser genial”, es descubrir aquello que estaba cubierto, “despojar el yo, despojarlo del lenguaje costra que era su refugio en pos de uno más cercano a la verdad emocional.”

Ya hemos guardado demasiado silencio.

DR.



martes, 23 de noviembre de 2021

SU VIDA

 


Mañana temprano voy a levantarme para ayudar a mamá. Su etapa laboral acabó y en la cena me comentó que ya no sabía qué iba a hacer con el tiempo libre. Me sentí un poco culpable porque tomé sus palabras como si fuera una petición. Y la verdad es que algo de razón tiene porque yo ya crecí, tengo mis amigos, alguna que otra chica me gusta y mi carrera ya está casi concluyendo. Nada podía haber sido sin el apoyo de mamá. Tantas veces me advirtió sobre las chicas que no le caían bien. Pobre mamá, siempre pensando en mí. Una vez me dijo que S era para mí. Insistí tanto para mamá estuviera contenta, pero S me dijo que no la soportaba. Tu mamá, me decía, te tiene en sus manos. Yo le conté a ella lo que S me había dicho, pero me dijo que ya la edad le estaba desviando la intuición.

Mañana temprano voy a levantarme para ayudar a mamá. Se le ocurrió una muy buena idea. Para ocupar su tiempo libre decidió hacer cursos sobre bonsáis. Iremos todos los sábados al barrio chino. Sí, me inscribió para que pueda acompañarla y, me dijo, que no me había consultado porque quiere recuperar el tiempo perdido conmigo. Para evitarle el disgusto, dejé el curso de pintura porque se superponían los horarios. Ya hace dos meses que vamos todos los sábados a los cursos. Hasta salimos con el grupo a tomar la merienda y si bien todos los integrantes son mucho más grandes que yo, los escucho y aprendo de ellos.

Mamá está contenta. Decidió que los bonsáis que vamos haciendo y que quedan cada vez más lindos, vamos a venderlos los domingos en la feria americana que está muy cerca de nuestra casa.  A esta actividad se va a sumar papá porque quiere participar del tiempo libre de mamá. Cuando llueve aprovecho para ir a jugar al fútbol con los chicos del trabajo y mato dos pájaros de un tiro porque mamá no se angustia y yo hago lo que más me gusta que es jugar en las canchitas de cinco.

Mañana temprano voy a levantarme temprano para ayudar a mamá. Me va a costar un poco estar del todo despierto porque hoy salgo con una chica. Vamos a ir a ver una película. Le dije a mamá que igual trataría de llegar lo más temprano posible para estar bien despierto y no cortar raíces equivocadas. Además, la cara tiene que estar fresca. Me dijo porque los clientes se dan cuenta.

J no puso buena cara cuando le dije que iba a irme ni bien terminara la película. Insistió tanto que me quedé un rato más para ir a cenar. Después me beso y no pude devolverle lo mismo porque yo quería estar durmiendo para poder estar fresco para el día de la feria.

Como estaba con el auto de papá casi no tomé alcohol, pero ella sí. Quiso hacerlo en el asiento, pero como pude traté de tranquilizarla y le propuse qué por qué no me acompañaba a la feria.

Llegué fresco el domingo y vendimos los últimos diez bonsáis. Pero mamá ya no estaba tan entusiasmada como antes. Me acosté pensando en que quizás le molestó que yo me haya ido al cine con J. Le escribí para contarle cómo me sentía y no me contestó. Me gustaba, pero no tanto. Además, mamá me dijo que su foto le daba mala espina.

Pero mañana me voy a levantar temprano para ayudar a mi mamá. Pobre mamá siempre cuidándome.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

SI QUIEREN SABER, QUE VENGAN A VER

 


 

Que ya no creo que la cosa cambie. Que lo que pasó el domingo es un termómetro para darse cuenta cómo está la gente. Juan Pablo dice y se acerca a una señora para ofrecerle medias que compró en Once para venderlas en Palermo. Viene de Moreno en tren todas las mañanas. Y no sabes cómo se viaja, a mí me gustaría llamar a los políticos para que viajen conmigo haber si les dan ganas de salir el domingo a votar. Esto ya no da más, amigo. Dice Juan Pablo y lo despido con un choque de puños.

Cuidado que me parece que el cortado está muy caliente. No, yo no fui a votar. Para qué voy a ir si no podía elegir a ninguno. Mira, se rasca la cabeza, si iba votaba al loco ese que sale despeinado y que se vaya todo a la mierda. Se levanta la manga del pantalón que cubre una de sus piernas y veo que tres cuartos de ella está entumecida y violácea. Yo me tendría que haber jubilado hace diez años, pero no me alcanza, viste. Mi señora es docente jubilada y da clases particulares en casa para ayudarme un poco porque no da para más. El último cumpleaños mío, 63 cumplí, le tuve que decir a mis dos hijos que trajeran algo para comer porque no tenia guita para darle de comer a todos. Sabes qué mal me quedé ese día, qué amargura tenia cuando me acosté. Toda la vida trabajando. Antes de ser mozo vendía toallas, me dice con la mano retorciendo el trapo rejilla. Dos horas dormía durante, qué se yo, diez años para aguantar los dos trabajos. Bueno don, tome el café que se le va a enfriar. Aparte al patrón no le gusta que hablemos mucho con los clientes. Me parece que tiene miedo que le contemos que hace meses no nos paga el sueldo entero. Sabe qué don, a veces me dan ganas de agarrar el fierro que tengo en casa, cargarlo, llevarme a alguno de estos y después, volarme la cabeza. Esto ya no da más, don.

Qué te dijo ese gorilón, me pregunta Edgardo. Yo me llamo Edgardo, soy peronista como mi viejo y mi abuelo. Estos se quejan porque le dimos de comer siempre y encima se quejan. La verdad es que no me esperaba tanto rechazo, pero ni por asomo, eh. Alberto se equivocó unas cuantas veces, pero la foto lo mató. Sabes lo que hay que hacer, pibe. Edgardo se acomoda el cinturón porque noto que la milanesa y las papas fritas le ocuparon en la panza un espacio que el cinturón no lo permite. Acá es fácil. LLamás a Magnetto y le decís que ahora va a empezar a regir la ley de medios y chau. Listo. La gente no ve más las pelotudeces que ve. Apaga la tele y listo. Un poco de plata le tiene que poner a la gente en el bolsillo. No hay mucho tiempo, campeón. En política no hay otra que declarar un enemigo y darle. Pero esto así, ya no da más.

No me pasa nada, solamente que estoy preocupada porque en enero se cumple un año que vivo en el departamento y no sé cuánto me van a aumentar. Creo que voy a decirle a Nora que me quedo horas extras este mes. No, ya sé que no están dando horas, pero algo tengo que hacer. Sabes todas las cremas que tengo sin vender. Me pregunta y abre la ventana para que el humo del cigarrillo que fuma no quede atrapado. Me da bronca porque antes lo voté a Alberto. Pero escúchame, cuánto hace que no pensamos en poder comprarnos una casa. Vos tenes amigos que pudieron comprar algo o soy yo la loca que ve todo mal. Es una monstruosidad tener que esperar que se mueran tus viejos para heredar algo, es horrible vivir así. Esto ya no da para más, amigo. Se arregla el pelo y me pregunta: ¿viste el video de Cristina cuando fue a votar? Un tipo se quedó atrás de ella como un ciervo y le tenia la cartera. Estamos mal, amigo. Por favor. Qué le pasa a la gente que vota a los otros porque no le gustan estos. Esto no da más, amigo. Mirándome fijo, vuelve a preguntarme para volver a responderse: ¿Sabes cómo se arregla esto? No hay que meterle guita en el bolsillo a la gente por un rato porque no cambia nada, estamos endeudados y dos o tres ifes no alcanzan. Los ministros tienen que salir a la calle y sentarse en cualquier bar y hablar con la gente, amigo. Y ahí se van a dar cuenta de todo. Que vivan un mes de nuestra vida y sabes qué amigo, ahí se van a dar cuenta de que el lawfare o las fake news a nosotros no nos importan si no sabemos si el mes que viene vamos a poder pagar el alquiler, amigo. Que salgan a la calle. Porque sabes qué, amigo. Los que esperan que esto caiga, se están frotando las manos con las cagadas ajenas, amigo. Esto así no da más.

viernes, 30 de julio de 2021

UNA ÉPOCA

 

                                                                                                               Negármelo también para no ser débil.

                                                                                                            Mostrarme mejor que todos, más fuerte.

                                                                                                                             Los llanos - Federico Falco

 

Rastros de inminente calvicie quedan sobre el bidet. Decenas de pelos dibujan el cambio de piezas capilares, casi diminutas, débiles se despiden de la vida orgánica para siempre. Esos restos de vida no irán al paraíso ni volverán a nacer.

Desayunando el viernes con Belén y Lucio gastamos dos horas conversando sobre la buena alimentación, el buen vivir y de cosas que entretienen un poco la cabeza. Cuando dimos cuenta de eso nos preguntamos si lo más preocupante era el tiempo perdido o el que va a venir. Lucio dijo que el perdido; Belén, con los ojos cristalinos, prefirió destapar una de las dos botellas de vino que nos esperaban desde hacía rato diciendo que el mejor tiempo es el que vendrá.

Lo cierto es que vivir se asemeja bastante a una tragedia griega, a una argentina. Dije y prendí la pipa y, después de la primera bocanada, pregunté sobre unos ruidos no muy lejanos a nosotros. Nos acercamos a la habitación principal y el ruido era enloquecedor. Se parecía al golpe hueco que se desprende cuando un palo impacta sobre el fondo de un balde vacío boca abajo. Lucio abrió la puerta del ropero y apuntó con el dedo índice el presunto origen del ruido. Belén seguía con la copa de vino en la mano mientras yo volvía a encender la pipa. Por qué no corremos el mueble para escuchar mejor, le dije y me senté en la cama. El agujero descubierto se asemejaba al tamaño de una tapita de gaseosa. En esos momentos no sabíamos si el aumento del volumen de los golpes era por el miedo en nosotros agazapado o realmente del otro lado el sonido había subido. Belén sugirió mirar para el otro lado, pero nadie se ofreció para hacerlo primero. Cuando por fin el ruido aminoró la intensidad, Lucio, con voz grave dijo que él se animaba. Después nos miro y con las manos nos señaló que lo hiciéramos. Yo me quedé asustado porque Lucio no habló más. Belén dejó la copa de vino en el piso quejándose del mal sabor y yo intenté encender la pipa varias veces, pero el fuego ya no quemaba. Le dije que me iba, que prefería no asomarme y volvimos a conversar sobre semillas activadas, verduras orgánicas y consumo de carne.

martes, 22 de junio de 2021

MARADONISMOS

 


Felicidad: Dícese del día en el que Dios, por intermedio de su mejor heraldo, elevó al máximo su gracia divina. Algunos testimonios cuentan que, en el Estadio Azteca, hace miles de años, elevado del suelo, el mensajero dejó desparramados un tendal de ingleses. Vestía, al igual que sus diez compañeros, una camiseta azul y pantalones negros y, vaya casualidad divina, llevaba el número 10 dibujado en su espalda. Según se pudo saber, representaban a un país llamado Argentina, una tierra en donde la felicidad no abundaba. Nada zonzo fue Dios cuando se le ocurrió que el heraldo naciera en el medio de la miseria provocada por la piratería siempre recurrente y siempre dañina, siempre tan brillante y tan cautivadora. La acumulación de la riqueza anglosajona no pagará la deshonra de haber inventado casi todo y que un negrito bajito, sin mucho estudio, haya echado todo por tierra. Aun se conservan las voces de los damnificados y lo más interesante de todo es descubrir que, hasta el día del juicio final, ese tendal caído, afrontó pesadillas interminables, apocalípticas.

El heraldo cumplió su función y partió a descansar porque otras misiones lo esperan.


viernes, 14 de mayo de 2021

EL FUTURO YA FUE


“Estás llamando a un gato con silbidos.
El futuro ya llegó.
Llegó como vos no lo esperabas
todo un palo, ya lo ves.”

Patricio Rey



La conjuración, dice Derrida en Espectros de Marx, debería asegurarse de que el muerto no volverá: deprisa, hacer todo lo necesario para que su cadáver permanezca localizado, en lugar seguro, en descomposición allí mismo donde ha sido inhumado, incluso embalsamado como gustaba hacerse en Moscú. Si se aplicara en Argentina, esa conjuración, podríamos decir que aun no ha llegado del todo a concretarse con muchos motivos. Lo novedoso de la historia nacional reciente es, justamente la ausencia de novedades. La síntesis tosca peronismo antiperonismo, hoy variopintamente, llamada grieta, anquilosa cualquier intento de invención.

En su columna semanal, Martin Kohan, comentó un artículo sobre Ezequiel Martínez Estrada firmado nada menos que por David Viñas. La publicación data del año 1954, es decir, peronismo pronto a ser derrocado, o, nacimiento de una nueva oposición. Dentro de esa ruda disputa, se preparaba lo que sería el hospital de niños más grande de América Latina: el albergue Warnes; todo quedó suspendido en 1955 cuando los libertadores golpeaban a un gobierno democráticamente elegido. Una de las cosas por las cuales leo libros y columnas de Kohan es por su pertinencia por estar fuera de lugares comunes.

Leer a Kohan permite pensar las cosas  por fuera de la asfixiante grieta. Admite la presunta idea que invita a cuestionar cuan beneficioso termina siendo para ambos extremos. Recuerdo aun hoy a un hiperquinético Darío Loperfido intentando justificar de manera dificultosa, casi al borde del paroxismo, sus declaraciones negacionistas ante un Kohan extremadamente fino contemplando cómo caía a pedazos su contrincante sin haberse desplazado ni si quiera un solo centímetro.

Curioso porque justamente, la lógica de la grieta inmoviliza, anquilosa. Y si la realidad fuera un conjunto de flujos que van desde un polo a otro y en ese camino atraviesa a las personas, esa muralla interrumpe. Interrumpe no como un desvío sino como un final de recorrido. Pero cada extremo goza a su manera mientras toda la calle del medio pide ser atravesada por los flujos.

La antinomia “peronista - antiperonista”, escribe Kohan, transcurre prolongada o eventualmente agravada por esta cosa tosca llamada grieta, a decir de Viñas, se siente todo cerrado. Desde 1954 hasta nuestros días se dio marcha a una máquina que retroalimenta contradicciones que son hasta ahora paralizantes. Sin adentrarse demasiado en el prototípico argento se ve, aunque invisible, pero no así ausente, el cordón umbilical por donde se alimenta el engendro. Se verifica en forma de gran engranaje cuyo objetivo principal es contener a la ley del valor o teoría del valor, es decir, el trabajo hecho materia; dicho en otras palabras, la explotación constituida en mercancía.

Mark Fisher apesadumbradamente concluía en sus críticas culturales que los futuros próximos parecen hoy cancelados, como parece cancelada la lectura atenta sin que incurra el lector a las decenas de distracciones. Queda la sensación de que todo es más de lo mismo, vale decir, con Kohan, pasó ya un montón de tiempo. La pregunta fácil sería entonces: ¿qué hacer? Por lo pronto, acudir a un objeto que perturbó bastante a ambos lados de la grieta e incluso los acercó celosamente. Esa cosa se encuentra rápido en internet y se llama: El Capital muy distinta a todo el puto ruido que repite como un mantra que el único futuro posible es gringar.


lunes, 3 de mayo de 2021

PRIMEROS EJEMPLARES

 


"La literatura es la vanguardia de un ejercito que retrocede".
Ricardo Piglia

Recuerda que su primer libro fue una biografía bilingüe de Che. Que viajando desde el colegio secundario hasta su casa en el sur de la ciudad, vio que otro estudiante llevaba en sus manos una carpeta número tres negra. En su tapa lucia una calcomanía blanca muy atractiva para sus ojos. Nunca creyó en las señales, pero ese día se dejó llevar por algunas. La famosa foto que Alberto Korda, sin saber que poco tiempo después recorrería el mundo entero, le había sacado al Che contorneaba la carpeta del joven estudiante. Quizás la contemporaneidad de ambos fue la señal más fuerte aunque pensándolo bien, la ligazón más contemporánea era el poco horizonte visualizado.  Caminó las cuadras que lo separaban de la parada de colectivo hasta la puerta de su casa pensando cómo se las arreglaría para reconocer ese rostro. Luego de almorzar y con   algo de plata en el bolsillo salió en busca de algo; aun hoy no se responde para qué llevó plata, pero su idea era conseguir algo parecido o por lo menos algo que se acercara a esa rostro. Cuando llegó a una de las galerías más famosas de su barrio se metió derecho en la librería de usados que compartía medianera con un local de ropa juvenil. Nunca imaginó que ese día iba a ser el principio de un viaje sin final. Ni se le había pasado por su cabeza que esa tarde, ese rostro, esa cosmovisión, orientarían el armado de su mapa subjetivo.

La librería era tan parecida a las otras que conocería que, esa arquitectura quedó grabada en su cabeza. Anotó en su diario años después que en esos lugares se huele a hojas viejas que no solo conservan el paso inminente del tiempo, también alojan huellas imperceptibles a los ojos, sudores y lagrimas secas. Cada libro, escribió, tiene cientos de relecturas, marcas, teléfonos, nombres; cada lector inventa una nueva, incluso, aparecen interpretaciones que ni los propios autores habían pensado. Quizás ahí se esconda el secreto tan presente la vista pero tan oculto por la mirada.

Rojas paredes sostenían estantes blancos bien identificados. En el medio, como casi siempre, las mesas de saldo y novedades colmaban los ojos de los clientes. Detrás de todo eso, un hombre muy parecido a Antonio Di Benedetto sostenía con su mano el borde de una pipa casi apagada. Miró como si supiera adónde estaba y qué  se llevaría. Recorrió cada estante hasta que se colmó de valor para preguntar. Al parecer, el librero sabía bien de quien hablaba así que, tomado del hombro, lo acercó al lugar indicado. Era la primera vez que se enfrentó a un estante de libros, fue la primera vez que pensó en decir: “me llevo todos”. Revisó pero concluyó que cada uno tenía algo que justificaba su compra, además, recuerdan su diario que con la poca plata que tenía en ese momento podía irse con al menos tres libros. Eligió dos, previa recomendación del librero. Uno de ellos era la biografía bilingüe, que hoy día no la aceptaría ni regalada; el otro, algo parecido a un ensayo, polémico, pero, a pesar de eso, extrajo algunos datos bibliográficos para seguir indagando. El libro de Hugo Gambini comenzaba por el final, es decir, por el fusilamiento. Aun lo conserva en su biblioteca, nunca lo recomendaría. El problema surgió cuando el librero le acercó un hermoso álbum de fotos que, lamentablemente quedó en manos inmerecidas. La plata que tenía solo cubría el gasto de dos. Si queres llevártelos, lo desafió el librero, uno no te lo cobro, pero vení a contarme qué te parecieron. Ese fue el trato, creo que fue el primero en su vida.

Ese día inauguró las largas caminatas con libros a cuestas, siempre dos o tres, siempre. También encontró que para esa actividad no necesitaba compañía, al menos para esos ratos; era casi una obligación encontrarse solo para leer. Barthes escribió que uno se da cuenta que está enamorado cuando, estando en compañía, piensa en otra cosa. Le pasó muy pocas veces, incluso no podría enumerar más que dos. Mientras caminaba esa tarde se descubrió leyendo sentado, acostado, semi dormido, viajando, en un velorio, en medio de un llanto hambriento, en los cordones, a la madrugada, al mediodía, a la tarde, a la noche. Una tarde bastó para leerlos. Solo unas horas bastaron para poner en duda todo aquello que sus ojos y oídos habían visto y oído. Aun con todo eso, en las últimas paginas de su diario, se preguntaba qué es un lector.

lunes, 22 de marzo de 2021

Mi abuelo, la dictadura y el ciclón

 

A la memoria de mi abuelo  y

a Diego, mi querido amigo.



Dentro de unos pocos días se conmemoran 45 años del comienzo de una pesadilla para nuestro país. El 24 de Marzo de 1976, a la cabeza del Teniente Gral. Jorge R. Videla y, de un fuerte apoyo civil, se produjo el último golpe militar en Argentina. Las consecuencias de la dictadura ya son de público conocimiento aunque todavía algunos  grupos minúsculos dudan de aquellos hechos.  A pesar de ello, a pesar de los muertos, de los desaparecidos, el plan macabro que se llevo adelante que no solo dinamitó cualquier intento de desarrollo económico sino que además, fracturó hasta nuestros días, nuestra historia cultural.

Mi carnet de socio dice que mi vinculo filial pertenece al club atlético Huracán y mi sentimiento también. Eso no significa que la ceguera ponderada por doquier prevalezca porque, este 24 de Marzo, también recordaré, entre otras cosas, la expropiación por parte del entonces intendente metropolitano Brigadier Cacciatore, del viejo gasómetro, club del que mi querido abuelo fuera fiel seguidor. El 20 de Junio de 1977, en plena dictadura, un grupo de Madres de Plaza de Mayo reclamó, junto con algunos jóvenes, la aparición de sus hijos en lo que era en ese entonces el estadio de San Lorenzo. Basto ese pedido de justicia desesperado para que una campaña de difamación erosionara cualquier intento de reivindicación.

El brigadier Cacciatore, no solo se encargó de la expropiación del las instalaciones, también, el tan citado relator popular José María Muñoz, durante el mundial de 1978, instaba a las autoridades de San Lorenzo a ceder al pedido del entonces intendente de facto. No contentos con ello, varios testigos aseguran que el presidente de la institución, Vicente Bonina, perdió el rumbo cuando el militar le consultó sobre la vida de sus hijos.  Ya sin mucho margen para maniobrar, el 2 de Diciembre de 1979 el partido entre San Lorenzo de Almagro y Boca Juniors cerró las puertas de un ciclo para abrir las puertas a una debacle que continua hasta el día de hoy.

Cuando camino con mi amigo, socio refundador, por las calles de Boedo y veo en sus ojos esperanza por la vuelta del estadio, me pregunto por qué, quienes vamos a gritar “Nunca Más” este miércoles, no exigimos a las autoridades nacionales y locales que, de una vez por todas, el pueblo argentino, sea resarcido de una vez y para siempre. Porque aquí no se habla de “moral deportiva”, como se excusó el legislador Claudio Morresi  después de votar en contra por la vuelta a Boedo, aquí se habla de terror, de desaparición del patrimonio cultural y de la memoria colectiva. Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, consultado sobre la función del actual secretario de derechos humanos sobre la represión en Formosa dijo: “Antes que cualquier partidismo, por encima de ello, están los derechos humanos y el derecho de los pueblos.” Que empiece entonces a hacerse realidad el sueño de los que ya no están y de los que siguen adelante.

¡Sí a la vuelta a Boedo!

Memoria Verdad y Justicia.

 

jueves, 11 de marzo de 2021

ULTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (FINAL)

 

X


 A  la teacher



                                                                                       “Era como si estuviera muerta, o como si,

antes de abandonarlo para siempre,

hubiera desperdigado por la casa las huellas póstumas de amor

 por las que quisiera ser recordada.”

El Pasado – Alan Pauls


¡Hola!

¡Doctora!

¿Puedo sentarme?

Acabo de salir de la Universidad y pensé que podía encontrarte acá. ¿Te regalaron mi libro o lo compraste?

Lo compré.

¿Te gustó?

No sé porque voy por la hoja 33, pero el prólogo me interesó mucho, sobre todo cuando escribís sobre mí y cambias mi nombre por el de tu escritor preferido.

Lo escribía mientras me estaba separando y pensé en cuidar alguna remota posibilidad de recuperar mi pareja. Poly insistió en que ya nada cambiaría el rumbo de las cosas porque ya estaba todo dado; mi decisión era indeclinable.

Vine a decirte que estuve pensando en lo que fuimos y no puedo dejar de hacerlo pero no estoy en un estado emocional para pensar más que en mi vida y la de los chicos. Yo me separo y apareces vos: ¿ te da tregua la vida, Beni?

XI

“Es imposible detenerse a contemplar el rio sin que a uno se lo lleve al agua”.

 Rebeldes, soñadores y fugitivos – Osvaldo Soriano

Doctora, hace unos días que Madrid está vestida de blanco. El tiempo no da tregua por el momento. La ciudad está casi sitiada porque las principales avenidas se han transformado en pistas de patinaje. Cuando volaba y el avión se dispuso a tocar tierra el viento quiso hacer saber quién tiene el control allí arriba sacudiendo todo ese monstruo que parece inmenso en tierra pero tan pequeño en el cielo. Ese sacudón, doctora, fue muy parecido al sacudon que sentí el primer día en que te vi. Fue tal que me costó hablarte, hasta que pude salir de las primeras  impresiones. Alguien me dijo en un bar que amar te agujerea y que nada de eso se elige y hoy me doy cuenta que aquella carcajada escéptica que propiné  se ha transformado en mi rezo diario. Todavía me acuerdo de tu cara cuando para mi cumpleaños me regalaste la primera edición de Rayuela, que yo no lo podía creer, que no era por la edición sino porque no recordaba haberte hablado de mis gustos literarios.

Sufro tanto a veces por no poder decir lo que siento que preferiría no sentir. Recurro a sencillas prácticas de escritura diaria para ver en tinta mis deseos menos ocultos. Los miro hecho oraciones y no me agradan tanto porque sé que adentro tengo más y que cada uno que vomite romperá la lógica de mis intenciones: el deseo, ese concepto tan fundamental. Evidentemente que es más fácil ser racionalmente lógico que irracionalmente ilógico porque, de ser así, dejaría todo en este momento y me subiría al primer avión que me lleve a Buenos Aires. Pero no puedo. Acá me acompaña una familia que, si bien no es la situación más cómoda ni deseada, es lo que supe construir después de nosotros. Tengo un problema con el deseo, no con el mío, al menos así lo creo, pero sí con el de los otros y eso no sé si es un atributo destacable. Con los años aprendí a despojarme un poco del egoísmo que concierne a mi profesión e incluso intenté ampliar ese movimiento y llevarlo a la dimensión amorosa. Entendí que debía tomarme en serio el deseo del otro, en este caso, el de ella, y eso hizo que mi precario sistema de valores comience a agrietarse progresivamente. Pero cometí un error no forzado y  es que olvidé tomar en serio el mío. Cuando decidí romper nuestra relación aquella tarde de verano me preguntaba si había hecho bien o no porque la sofocación en esos momentos era similar al vértigo de una montaña rusa. ¿Nunca tuviste vértigo en la cima de una montaña rusa? Ese no saber adónde ir me condujo a lugares inesperados y creo que fue eso lo que me tentó porque sabía, percibía, que entre vos y yo nada podía concebirse en el orden de lo impensado. Impensado era para mí vernos caminando por la calle sin el temor a ser vistos. Era la posibilidad de fantasear con algo más que dos veces por semana, algo más que dos tardes en hoteles. Fue el momento de protegerme y reprimir el deseo que me conducía hacia vos irremediablemente. Y ahora comprendo tu pasada decisión porque me encuentro, otra vez, realmente confundido escribiéndote a miles de kilómetros y pensándote casi obsesivamente a cada rato. Hay algo que se juega entre el deseo y las tradiciones y es el miedo que acompaña la decisión de romperlas. Fue esa sensación la que me detuvo dos minutos en el aeropuerto antes de despachar las valijas pensando en ir a tu casa para arriesgarnos una vez más. El miedo a romper todo me conduce en estos instantes que solo los transitan los cobardes que, en vez de expulsar las esquirlas del alma, las hunden.

 

 

XII

 

“Acababa de ver lo que queda de un hombre cuando a todo lo que es,

a todo lo que cree ser, se le resta la mujer que ama.”

 

El pasado – Alan Pauls  

 

Beni: ha llegado el momento en que la digitalización de la vida nos haya obligado a pasar del manuscrito al correo electrónico. Sí podemos mantener, por ahora, la disciplina del tiempo de envío. Siempre fuiste un nostálgico y eso era un aspecto tan codiciado en vos que a mí me encantaba. ¿Te acordás cuando fuimos a ver al Lorca seis veces “Dolor y Gloria” de Almodóvar? Lo recuerdo como si fuera hoy. Las caras de Lucha y el Maguito cuando le contábamos esa especie de compulsión eran indescriptibles. Y vos te reías tanto, pero contabas con tanta pasión el argumento que daban ganas de volver a entrar. Pero te decía que eras un nostálgico. Además, que no es casualidad que el mundo almodovariano te atrajera, porque siempre hay un hijo cooptado por el exceso de amor de su madre. Que el exceso de amor materno no te deja respirar, me decías, que te chupa con tanto ímpetu que pareciera ser que su deseo es volver al inicio del tiempo.     

A pesar de que te parezca una locura, todos los 11 de Septiembre te compro un libro y se lo doy al Mago para que te lo mande por correo, pero después me arrepiento diciéndole que se lo quede para él. Yo sé muy bien que nada de lo que escribamos tomará otro rumbo o no sé, pero son los únicos momentos en donde siento que mi deseo llega a buen puerto. ¿Quién sabe el rumbo de lo que escribimos? Son como dardos lanzados al aire; una vez desatada la fuerza quién podrá detenerla: otra fuerza. El choque amoroso, Beni, deja esquirlas y el nuestro no es la excepción.

Pasado los años, me encuentro en la terrible situación de saber qué quiero.

Cuando volví a verte en La Farmacia te oí tan feliz, tan poco temeroso, que pensé en la posibilidad de volver a enamorarme de vos. Me propuse pensarlo; se lo conté a Poly y a coro, junto con el mago me respondieron que nunca había dejado de estarlo. Sentí en esos instantes los mismos síntomas de la gripe, solo que una leve taquicardia confundía el diagnostico. Un par de días más tarde comencé a elucubrar con que tu llegada venia a colmar el espacio que me generaba la separación y entendí rápido que el egoísmo me rebalsaba. Cómo una se mete en líos sin haberse despojado de los anteriores. Ahora entiendo tu batalla con “la ideología del yo todopoderoso”. No se puede anticipar el acontecimiento como no se puede- permitime la cita- elegir la lluvia que te va a mojar a la salida del cine, no está en nuestras manos saberlo todo, yo creía que sí. Te deseaba aunque no lo supiera, siempre fue así.

Tengo tiempo para pensarme y pensarnos, sabés. Y vos, ¿pensás en nosotros? Yo ya sé que es muchísimo lo que te voy a pedir, pero confía, otra vez, en mí. Sé muy bien el daño que te hice y sé también que no puedo subsanarlo con palabras, pero no estoy dispuesta a sacarte de mi vida una vez más, ya no. Aquí vuelvo al principio: no sacarte de mi vida implica que vos quieras dejarme entrar en la tuya.

Te quiero

Luciana, alias la doctora.

 

 

 

XIII

“El veneno es vencido por el organismo no cuando es expulsado fuera de él, sino cuando de algún modo llega a formar parte de este”.

Inmunitas. Protección y negación de la vida – Roberto Esposito

 

Mago, en Madrid acaba de explotar una bomba en uno de los ramales más frecuentados. No ha sido una casualidad el horario: 7:30 Hs. Han provocado una masacre, los familiares de las víctimas están desesperadas. Si vieras cómo la penumbra levita en la ciudad a pesar del sol pleno te sorprenderías. Al estallar la bomba se me vino a la cabeza el atentado a la embajada de Israel en Argentina y tuve que contener la respiración por unos segundos porque sentí el mismo miedo. El mundo se ha transformado en un laboratorio de pruebas. La carrera es saber quién llega primero a destruir la mayor cantidad de recursos vitales. Una mínima dotación siniestra cristaliza destinos de millones de personas. Recuerdo siempre las discusiones que teníamos sobre qué hacer, en qué bando estar, cómo interpretar acciones como las de esta mañana. Cuando me levanté y escuché en la radio lo ocurrido, me dieron ganas de volver a Buenos Aires, pero me di cuenta que acá, después de largos años de estadía, sigo pensando como si viviera allí y  eso, me parece, es, por ahora, un buen consuelo.

Julia me pregunta por qué comienzo el día con una radio argentina y me río sin saber la respuesta. Hay algo que  llevas dentro tuyo siempre que no se puede dejar así nomás y es la esencia, o el contenido, según desde qué escuela filosófica se lo vea. Oportunas son las reflexiones sobre la ausencia de Cortázar en su país, en el nuestro, también. El cronopio les decía a los dueños de la cultura  que quienes le reprochaban eso no podían comprender cómo, su estadía europea, contribuyó indirectamente a la literatura argentina. A veces, Maguito, te entiende más el enemigo que tus propios camaradas.

Las manifestaciones en las calles condensan la indignación de mucho tiempo. Anoche, mientras caminaba por la ciudad, un grupo de jóvenes llevaba un letrero que decía: “para nuestro futuro no vemos más que precariedad”. Otro, con la foto del rey Juan Carlos con la leyenda: “¿Quién te votó? Una estudiante de la universidad escribió un ensayo sobre cómo ve a sus contemporáneos y lo tituló: “Nuestra generación vivirá peor que nuestros padres, no encontramos trabajo, vemos negro el futuro" Cuando leo esas protestas, Mago, me pregunto qué mundo hemos elaborado, hasta qué punto somos culpables  y qué van a hacer esos millones de jóvenes que se sienten afuera de todo.

Finalmente, admití, por única vez, a un ex represor. Su condena está por salir y, muy posiblemente, sea extraditado a la Argentina. Aprovecharé todo ese tiempo para trabajar sobre eso. Ya he recibido todo tipo de críticas y hasta advertencias sobre mi lugar en la universidad. En otro momento te cuento.

Benicio.

XIV

“Entonces escribir es la forma de quien tiene la palabra como carnada: la palabra pescando lo que no es palabra. Cuando esa no palabra-la entrelinea- muerde la carnada, algo se escribió.

Agua viva – Clarice Lispector


Amigo, nos duele mucho lo ocurrido en Madrid. Me acuerdo del temblor que se apropió de los vidrios a medida de que la onda expansiva se dispersaba por todo los alrededores. Aún suenan en mis oídos el llanto desesperado de Tamara contándome que su padre se encontraba en el estacionamiento en el momento de la explosión. Cuando me contabas en primera persona lo ocurrido las ideas de impunidad se apropiaban de todos mis pensamientos. Yo digo, a veces, cada vez más, que estamos jodidos, amigo.

Por si no te enteraste, Lucha se fue a Bariloche con los chicos. ¿Te acordás que allá viven los hermanos? Arregló con Leandro que sería más saludable para todos hasta que calme un poco la marea. Hay miserias que se ven en estos momentos. Lo inquietante es dar cuenta de que uno las lleva encima y aparecen primitivamente y tiran al cesto toda la evolución. Qué aterrador no conocerse y, además saber que somos miles y miles de años condensados. Avances y retrocesos, edificación y destrucción.

 

                                                                  DOS AÑOS DESPUÉS


“Pero arriesgo, vivo arriesgando”.

                                                                                                                                                                        Agua viva – Clarice Lispector


Queridos amigos, doctora: Recién hoy me animo a escribir después de un largo periodo de ausencia. No quisiera alarmarlos, pero temo decirles que mi cuerpo ya no responde como hace un tiempo. Las células que me constituyen decidieron mutar arriconando todo lo bueno que aun me queda. Los médicos dicen que gracias a mi disciplina y a la medicación el tratamiento va viento en popa. Yo no les creo nada. Ellos tienen la evidencia, pero yo tengo la inexplicable señal anímica de que pronto acabará todo. Parece mentira pero, como nunca, duermo. Sé ve que la podredumbre debe alimentarse de lo poco que queda de vida. Los gusanos son fieles a todo lo que se pudre. No se siente nada, solo que la cabeza hace preguntas que ya no pueden responderse porque no hay tiempo ni lugar para pensarlas. Julia me alienta  y, pobre, tiene esperanzas de sobrevida. Yo dejo que viva mi desintegración, hay que ser muy egoísta para contradecir a alguien que ve como muere su amante.

Pienso seguir atendiendo un tiempo más. Me cuesta moverme con soltura, pero escuchar aun puedo. Dejé escrito cómo me gustaría que fuera el día después. Julia tiene una copia y la otra va adjuntada a esta pequeña despedida. Me hubiera gustado vivir un tiempo más, pero ya ven queridos amigos, no hay garantías porque casi todo  lo que vemos es mentira. Siempre voy a ser fiel al deseo y a todo lo que este trae, a pesar de que puede convertirse en el más encolerizado enemigo. Acá llueve fulminantemente. Pareciera que el fin del mundo se acercara: ¿Tronará ese día? La feroz intensidad de la tormenta castiga sin cesar el techo de la biblioteca. Asi me siento a veces: castigado, pero resistente.

Hay cosas que ya pierden sentido cuando uno comienza a dejar de ser.

Benicio

                                                                       FIN.

jueves, 4 de marzo de 2021

ULTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (PARTE IV)

 

VIII

 

“(…) tiene por fin constituir y conservar unidades cada vez mayores, es decir, tiende a la unión.”

Sobre Eros – Sigmund Freud

 

 

“Hola licenciada, me encantaría conocerla. Casi que trabajamos juntos. 

Soy B.”

 

Por supuesto que me acuerdo si lo escribí yo en aquella mesa que ahora usan para depósito de medialunas. Era el único modo en el que me sentía cómodo y libre para decirte que compartiéramos un rato. Sí, sigo igual. Me parece que eso no cambia ni mejora porque ese depósito de palabras que nos constituye nos  condiciona a pesar de que, a veces, se deje ver. No es sencillo sentarse delante de alguien que te gusta y decirle lo que te pasa. Una cosas es desear y otra tener ganas, ¿no?

Tampoco fue fácil. Por intermedio de una amiga en común la conocí. Es abogada y profesora adjunta de Derechos Humanos en la universidad. No, es francesa como su madre. Qué pregunta difícil, doctora. No sé si se la puedo contestar.

 

¿Vos, lo amaste?

 

 

 

IX

 

“Pero la comprensión es un don que exige respuesta.

Si no produce alguna forma de intercambio se extingue sin remedio, y cuando se extingue,

en el mismo suelo donde antes florecía la tolerancia, nace la dureza seca y árida de la guerra.”

 

Alan Pauls – El pasado

 

Poly, seguro que ya estás enterada de que el reencuentro con la doctora no fue como esperábamos. Eso me congracia porque, si es amor lo que sentimos, nada es esperado, nada es seguro; cada paso es un riesgo. Discutimos por todo pero yo creo que mas por el pasado actualizado que astilla nuestro presente. La doctora y yo no entendemos cómo, por cobardes supongo, no nos fuimos a Madrid y lo más cómico es que ninguno de los dos se anima a decirlo. Hay cosas, Poly, que las dejamos pasar como si el tiempo fuera recuperable, como si esperáramos regalías. Vivimos una vida que no queremos y, sin embargo, la vivimos: ¿por qué? Nos han enseñado a no correr riesgos (yo he sido un gran estudiante), menos en el amor y no nos han dicho que junto con el desamor se transforman en un gran monstruo que, dependiendo de la situación, duelen distintos, pero duelen los dos. ¿Vos crees que a mí no me hubiera gustado ir a Madrid junto con la doctora? Entre el amor y el desamor hay otra fase, Poly, y es el miedo a quedarse solo porque uno supone que si dura no va a sufrir y se equivoca, pero en ciertos momentos ya es tarde. A esta altura ya no sé si hay que durar o gastarse hasta agonizar de vida. Pero el chiste está en que creemos que ese Otro le va a ser sombra a nuestra soledad.

Una vez me preguntaron sobre las contraindicaciones en el psicoanálisis y les respondí que no estaba muy seguro, pero que ante la llegada de un paciente de edad muy avanzada tendría en cuenta las consecuencias de la escucha porque, vos sabes bien Poly, que, a medida que el tiempo pasa y el fin se acerca, las oportunidades para revertirlo todo cada vez son menores y eso, puede complicar aún más las cosas: falta el tiempo para desencadenar y para cicatrizar. Eso sería una fatalidad para cualquier paciente y en el amor pasa algo parecido. Cuando la calesita ya dio las vueltas suficientes para tomar envión es muy complejo detenerla y vaya paradoja, amiga, a medida que crezco busco certidumbres; justo yo que me dedico a suspenderlas. Termino con una pregunta: ¿Qué es entonces el amor?

 

Espero verte pronto.

 

Te abraza,

 

Benicio


Continuará...


jueves, 25 de febrero de 2021

ULTIMOS MOVIMIENTOS EPISTOLARES (PARTE III)

 

V


“El riesgo de salir lastimada o lastimado

 es constitutivo del amor:

sin vulnerabilidad, sin la posibilidad real de daño,

 no hay apertura verdadera hacia otra persona”.

 

El fin del amor – Tamara Tenenbaum

 

Ya estoy en la universidad, Mago. Te espero en el comedor, voy a ver si como algo antes de hablar.

Ok, amigo. Ya estoy en camino, mucho tráfico. Me meto en un garaje y te busco. Van las chicas. ¿Las viste?

Vení tranquilo porque el rector está demorado en el mismo embotellamiento que vos; esto va a demorarse. A las chicas no las vi, no sabía que venían. Muchas personas. El menú es un poco mejor de lo que comíamos cuando éramos estudiantes, te guardo uno.



VI

 

“Nuestro pasado sigue siendo nuestro presente.

En consecuencia, uno se reformula, se recrea

( como una tarea que hay que retomar indefinidamente),

pero no se formula ni se crea”.

 

 Regreso a Reims - Didier Eribon

 

 

Sí, en estos momentos la literatura tal y como la concibo yo va perdiendo intensidad porque el acto de escribir, en mi opinión, está subordinado al acontecimiento y no al revés.

Ultima pregunta, por favor.

Me parece que un analista no debe cerrarle la puerta a una potencial aportación. Si un ex represor se acerca al consultorio, por lo menos, debería tener la posibilidad de ser escuchado una vez y después, el propio analista decidirá si continua o no con ese trabajo. Acá no se habla ni de perdón ni de disolución de ideología. Mucho menos de olvido ni de reconciliación. Se habla de no perder las pocas oportunidad para comprender sobre qué sedimento apoyamos los pies.

¡Muchas gracias a todos!



VII


“Estar en suspenso es detener el aliento.

 Y mirar lo mas atentamente que se puede lo que simplemente está allí,

lo que se le ofrece a uno en la presencia de las cosas.”

 

Elogio del riesgo – Anne Dufourmantelle

 

 

 

¿Te sorprendió verme?

No tanto. Sí me puse nervioso cuando atinaste a agarrar el micrófono para preguntar.

¿En qué pensaste?

No sé bien en qué, pero me dio miedo volver a sentirte tan cerca, como ahora. Me siento débil adelante tuyo, y no sé si eso es tan bueno en este momento de mi vida.

Me dijo Lucha que te quedas poco tiempo en la ciudad.

¿Salimos de acá? Me ahoga el packaging de los intelectuales. Por qué no volvemos al barrio. Nos bajamos unas paradas antes y el resto las caminamos como antes, ¿qué decis?

¿Cómo antes?

Por qué no.

Adolfo está más viejo.

Como nosotros, doctora.

¿Me ves más vieja?

Nos veo distintos.

 

¿Te digo cómo te veo yo?

Más canoso, un poco más flaco. Igual de gestual. Igual de creído. Igual de irónico. Pero me da mucha alegría volver a verte.

Me rio porque seguís dialécticamente acida; ácidamente dulce.

¿Seguís por los caminos de Masotta?

Imagino que sí, por lo menos eso pretendo hacer. Siempre te dije que si se nos ocurría tener hijos, el varón iba a llevar su nombre. (Risas)

Cuánto hacia que no me reía así, Beni. Va, no me rio con frecuencia. Hay veces que pienso en vos y te odio porque si me hubieras escuchado esa tarde, quizás las cosas se daban de otra manera.  Sí, ya sé que la que no se animó fui yo, no podía. Nada que ver. Cómo les decía a mis viejos que lo dejaba a Leandro para salir con vos que eras como de la familia. Sí, vos. Mi papá te quería un montón. El último tiempo en el que estuvo bien me decía que le gustaba lo que escribías, que tenía sentido y que estabas loco porque jugabas al futbol mejor de lo que escribías. Y mi vieja todavía te recuerda. Si se entera que te vi y no le dije nada, me mata. Beni te sigue diciendo o Benito cuando se pone melancólica. No, no sabe nada de lo nuestro; nunca lo supo. Mi hermano vive en México. Conoció a una piba brasilera y como ella trabaja en la UNAM, se fueron para allá.

¿En serio que tenías ganas de volver a verme? Sí, eso me dijo Lucha pero no nos animamos a acercarnos después de tanto tiempo. Viste que el tiempo además de alejarte, te da como una pequeña percepción de cuánto va a doler. Va, en realidad no sé. Todo esto me parece tan raro. Estar acá vos y yo, otra vez, tan distintos, con las vidas tan paralelas. Maguito me contó que se escriben seguido y que planeaban encontrarse en Madrid cerca de tu casa. ¿Por qué te fuiste tan lejos, Beni?


Continuará...