jueves, 15 de junio de 2023


"Si algún sentido tiene este libro, es el de afirmar la necesidad de la paradoja. No estoy siendo nada original, la paradoja es ir contra la opinión general, contra la lógica, es celebrar la contradicción. Cualquier pensador, cualquier crítico, cualquier artista afirmaba (antes) su retórica y su poética, en la desobediencia."                                                                                                                    

                                                                                                                                             Ariana Harwicz
 

Escribir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….bir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….


sábado, 10 de junio de 2023


            

 

                                                                             SUTURAS

 

Pensá en la muerte como un acontecimiento retrospectivo. Esa manera de irle pidiendo cosas al futuro para devolverselas, al final, intactas. Como si uno no hubiera vivido.

Héctor Libertella


 Siempre es difícil hablar de lo que no se ve porque es mucho más sencillo opinar sobre lo que nos presentan ante nuestros ojos porque, como ya lo han dicho pocos, el arte nunca es retinal dado que siempre una obra es una excusa para decir otra cosa. Duchamp lo sabía muy bien porque, de otra manera, no hubiera enviado un mingitorio (firmó con el seudónimo R.Mutt) a un concurso donde él mismo era miembro del jurado sabiendo de antemano que iba a ser rechazado. Un mingitorio, sin querer, reforzó la imbecilidad de lo dado, de cierta inteligencia epocal porque fue el mismo Duchamp el que dijo al poco tiempo: “Les arrojé a la cabeza un urinario como provocación y ahora resulta que admiran su belleza estética…” Lo que el ajedrecista francés ejecutó fue una provocación a la comunidad artística de la época, pero esa fábrica de crear sentidos y gustos homogéneos (compruebenlo verificando de qué se habla en las reuniones sociales desde Netflix hasta acá) se lo elevó hasta el día de hoy como una de las más relevantes obras de arte de todos los tiempos. Será por eso y, por mucho más, que, en la actualidad, nadie se sonroja al autodenominarse artista ni al escribir una oración con cuatro comas en un blog que probablemente pocos o nadie lo lea. (Pero en otro momento podré encolumnar algunas ideas sobre la imágen de lxs escritorxs) Por eso, Héctor Libertella, pensó en la figura del caballo de Troya para defender las posiciones que el arte perdía y que aún no cesa de perder porque, más que de vanguardia el arte es una defensa de sí mismo porque ya no ataca. Digo esto porque, de qué manera se puede pensar una obra de arte que cuestione la acumulación capitalista,  si los operadores de la cancelación, esperan con el cuchillo entre los dientes para reforzarla con ahínco creyendo que lo masivo contiene algo de rebeldía.. Duchamp se reía de eso y aún lo seguirá haciendo porque cuando un hombre decide reírse de su época lo que hace es desplazar la risa al futuro que en este caso soy yo y ustedes que leen, es decir, todos nosotros. 

Una obra de arte es más interpretación que mirada, es una excusa para comenzar a buscar lo invisible de un libro, de un film, de una pintura, de una ciudad que va perdiendo su estética en detrimento de una acumulación desmedida. Quizás el arte que se pretende de vanguardia podría ejecutar algunas operaciones en boga como el exceso de imágenes, de palabras, de opiniones, de mercancías para lograr justamente el despilfarro, el derroche. Pero no como gratuidad, sino como, en palabras de Tabarovsky, una estrategia intelectual, como un boicot a la lengua del capitalismo. Recuerdo una conversación que tuve hace poco donde intenté explicar que ciertas palabras o frases, como por ejemplo, conectar, gente, caja de herramientas eran enlaces directos a la lengua del capitalismo. Que las palabras, como decía Oscar Masotta, son valijas donde cada quien pone el contenido que le parezca considerando a ese alguien como el mismo sistema de costumbres y valores que nos obligan a pronunciar, sin saberlo, su propia lengua.



10 de junio del 2023


martes, 6 de junio de 2023

 


SUTURAS

 

Importante: La lineas que van a leerse surgen como consecuencia de la rabia, la humillación y la desesperación que sentimos cuando comprobamos que, por más fuertes que sean nuestros deseos, los planes del exterior no los tienen en cuenta.


Excluyendo las consecuencias más obvias de la pandemia creo que, una de las más efectivas fue, la despolitización del espacio público. El sistema de redes sociales inagotables alienta sin tregua a la desaparición de fronteras de identificación entre lo público y lo privado. Pareciera ya que no hay posibilidad de dilucidar escenas de la vida íntima, porque, todo eso que era ferozmente defendido, la actualidad lo ha monetizado. Sí todo lo personal es político ¿no deberíamos entonces redefinirlo? Con esto no quisiera decir que la época que nos tocó vivir es peor que otras, porque ya lo sabemos desde Borges hasta acá que, a todos los hombres y a todas las mujeres les toca siempre malos tiempos en los que vivir. Sin embargo, nuestro tiempo, por malo que sea, nos da derecho a escribirlo que, dicho sea de paso, es uno de los pocos que quedan. Mucho más si les ocurre como a estas líneas que les esperan el ostracismo del mundo paralelo que nos gusta llamar internet. 

Los tiempos de revolución y de irrupciones políticas y culturales han perdido asquerosamente terreno por el avance de un progresismo que aún no termina de comprenderse, pero se sabe que colabora con la adaptación sistémica de raptos de radicalización . Todos los acontecimientos que ayer fueron radicales en materia política y cultural fueron ajustados a la lengua del capital. Quiere decir que, el mero acto de llamar “gente” a una población acorralada por la inflación y la pobreza, es quitarle el sentido político que podría situarla en otro lugar. Un punto de partida donde se pueda articular la desesperación con procesos creativos que potencien lo que hoy no se puede nombrar. La sintaxis del capitalismo actual no solo se desvive por la acumulacion economica, tambien trabaja sin cesar la acumulacion de capital simbólico. Sin retomar la tradición de las vanguardias artísticas, va a ser muy difícil articular procesos de lucha colectiva porque el mismo sistema de acumulación consumirá cualquier conato de radicalidad. La derecha no tan extrema ha incorporado la lengua de las revoluciones y su apariencia versátil confunde a los que ayer soñaban con una revolución social y cultural. En apariencia, el futuro se vislumbra un tanto nublado y eso no parece tan malo porque la incapacidad de ver el horizonte le es común a todos. Quizás, una literatura radical pueda contribuir a la disputa de la sintaxis de acumulación hegemónica. Pero para que eso ocurra, en palabras de Tabarovsky, tendrá que amargar la fiesta, expandir el malestar, poner entre paréntesis el sentido común predominante, contragolpear la época aunque eso signifique poner en cuestión nuestra propia existencia. 


Continuará…


6 de Junio del 2023


sábado, 3 de junio de 2023

 

Introducción a la esperanza. Luis F. Noé


 SUTURAS


Aclaración: lo que sigue son raptos de belicosidad sin correcciones, sin relecturas, aunque las correcciones y las relecturas, deben hacerse hasta que los callos impidan continuar.


Si se piensa en el espíritu del capitalismo, es difícil eludir a Max Weber. Pero como las líneas que siguen no serán leídas, no voy meterme en un problema que puede herir a especialistas que han invertido tanto tiempo de su vida en conocer a fondo uno o dos autores. Creo que resulta mejor utilizar las palabras con las que Ariana Harwicz decidió nombrar a su último libro: El Ruido de una Época. Lo tomo porque me parece que publicar un ensayo literario en estos tiempos donde ganan por afano las sagas es por lo menos atractivo y se merece un poco de lugar en ese mundo paralelo que nos gusta llamar internet.

Aprendimos que, desde este lejano lugar del mundo, únicamente podemos producir materia prima para que los grandes centros de pensamiento nos devuelvan una teoría mucho más costosa y altamente alejada de nuestras realidades. Sin embargo, la recibimos con los brazos abiertos, con nuestros pulmones henchidos de aires de primer mundo.

Es bastante estimulante escribir un texto pensando en que nadie lo leerá, distinto a un twitteo o a una reducción de la felicidad en Instagram. En Lo que Sobra, Tabarovsky afirma que la literatura tiene que dar un contragolpe a la época porque debe reaccionar a las condiciones opresivas en las cuales se produce y se distribuye. Es sabido el encarecimiento del papel destinado a la producción de libros y el porcentaje con el que se queda cada grupo editorial. ¿Deberíamos seguir publicando libros bajo esas condiciones tan desiguales? Yo creo que sí, pero, con lo que sobra. Implicaría una práctica radical donde la literatura que se escriba sea tan radical que desoriente a los lectores, una que descarte los temas de la época, una que apunte contra los monopolios de buenos modales y de buenas formas de leer y de escribir. Cómo se explica que el conservadurismo del progresismo esté dedicado a cancelar  cualquier ruido que no se acomode a los temas de la agenda confeccionada por él mismo. ¿Qué programa político deja afuera expresiones artísticas radicales? ¿Acaso no han leído a Libertad Demitrópulos, a Osvaldo Lamborghini, a Héctor Libertella? ¿Nunca se han parado frente a una pintura de Yuyo Noé? ¿Se han acercado alguna vez a Antonin Artaud? ¿A qué le temen?

Después de haber tipeado estas preguntas lo único que se me ocurre es pensar en la derrota aunque en cada una de ellas, bajos las ruinas, siempre queda algo por recoger y eso es lo que se pretende en estas anotaciones aleatorias que surgen después de haber leído varios libros que aspiran solamente a una literatura bien escrita, clara, cómoda, fácil de leer, lineal y perfectamente convencional. Reside en estas reflexiones un deseo de transmutación de los criterios de validación de una época, donde la invención y la intervención artística sean, por así decirlo, una afirmación absoluta y potente que no sea irreductible a los ruidos de una época. 

Continuará…

 3 de junio del 2023


sábado, 17 de septiembre de 2022

CREEN QUE LO DIGO TODO

 SEGUNDO EXPERIMENTO SEMANAL DE ESCRITURA Y REFLEXIÒN




En Te doy una canción, Silvio Rodrìguez dice: “Creen que lo digo todo” y, tal vez, este espacio sea una justificación para despedazar esa afirmación tan eficaz, compleja y por momentos contradictoria. 

Hablar no significa decirlo todo aunque es difícil explicar qué es lo que uno no quiere decir. 


Mientras suena La Consagraciòn de la Primavera de Igor Stravinsky, varios puntos del país son destruidos por el avance del fuego. Las consecuencias serán irremediables. Pero los culpables, que tienen nombre y apellido, apelarán a sus vínculos para que todo quede en la nada. Lo  incierto es el papel que ocupa el Estado en todo esto. Porque simplificarlo a la idea de que es el representante de los intereses minoritarios, es girar siempre sobre discusiones concèntricas. Sì vale aclarar y destacar, el proceder voràz, ambicioso de sectores del empresariado argentino que no escapa, claro està, a las eternas transformaciones del capitalismo.

Sería interesante abrir cuantas veces sea necesario, El Capital, sobre todo, el capítulo XXIV, para dar cuenta, de forma pormenorizada, el origen de lo que hoy se cree y se enseña que es la única salida. Claro, que es más entretenido ver cómo David Beckham le da el último adiós a su reina o analizar durante horas, los dedos del nuevo rey. Casi siempre, la tilinguerìa argentina estuvo a la altura de las circunstancias en lo que refiere a estas problemàticas. 


Como si esto fuera poco, la teoría de los loquitos sueltos se ha catalizado en tiempo record. A pesar del bombardeo mediático, la causa avanza y deja a las claras que el odio, como el amor, se siembra. Generalmente, y vuelvo al autor de El Capital, el primer sentimiento, florece en el lumpenaje. Es cuestión de buscar superficialmente por internet para tropezar con el mismo patrón en la constitución de los grupos de tarea de la última dictadura cívico militar. Y la civilidad es muy importante en este recorrido semanal dado que es también responsable de lo que ocurre, no es víctima.


CFK decidió volver a la contienda pública rodeada de curas. Un sector de la iglesia que demuestra que las redes de la caridad aùn ligan el quehacer doméstico. Uno de los clérigos más famosos, dijo a una radio que la vicepresidenta le pidió que rezaran por ella tomando como suyas las palabras del ex cardenal Jorge Bergoglio. Si solo queda rezar, estamos en grandes problemas porque al igual que las mercancías, en ese mundo, todo parece encantado.


Andy Warhol deseaba ser una máquina. De esa manera quizás, y con ese deseo imposible, podrían socavar las bases de una humanidad deshumanizada que corre tras las agujas de un reloj que ya no controla. A mi cabeza llegan las palabras de Julio Cortàzar: “Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aìre” Acontece el lugar que ocupa el sufrimiento en todo esto. 

 

Asegurar con total torpeza e ignorancia que el intento de magnicidio contra CFK fue armado, o que el gobierno conducido por el ministro Massa trabaja para calmar a quienes generan la inflaciòn, es abrir un sin fin de interrogantes que vislumbra un horizonte chato que solo promete ideas metafísicas. Habilita a la cancelación de nudos problemáticos esenciales para el desarrollo de un país a nivel cultural, social y político. Instala y refuerza el bozal represivo. Cancelar es evitar enfrentar los problemas. Y el problema es creer que cuando uno habla tiene razón y que, de no ser así, su verdad también debe ser respetada. Se equivoca quien piensa que la proliferación de verdades es buena salud para la libertad de expresión. Expresarse desde el odio no es tolerable y debe ser sancionado porque de ese modo se naturaliza la violencia. Una ley de medios fuerte, audaz y novedosa abre el camino para ello. Aún así creo que lo digo todo, pero todo ha cambiado desde Freud a esta parte.  


Anoche, muy poco antes de dormir, Miguel Rep y Sebastiàn de Caro, conversaban sobre la figura, el mito y la importancia de Leonardo Favio. Un artista popular que sedujo a propios y a ajenos. Que estuvo a la altura de cada momento que le tocó vivir porque todo lo que hacía Favio estaba condenado a ser genial. Sólo en la TV Pùblica pueden darse ese tipo de charlas porque lo público tiene objetivos políticos antes que económicos. 


Te doy una canción  insta a reflotar los problemas que parecen de ayer, pero son de hoy. Pugna por establecer vínculos con los condenados de la tierra. Pero para eso se necesita un plan. Uno que sitúe a la humanidad en el centro. 


Mientras tanto, la primavera, a paso lento, deambula para su consagraciòn, silenciosa, con disimulo.





sábado, 10 de septiembre de 2022

ESCRITOS EN CARBONILLA (I)

 

Estos escritos representan la brevedad, la disoluciòn, el dialoguismo, lo irregular, lo transitorio.


En un viejo texto, Noé Jitrik, preguntaba: ¿Cuáles son las condiciones en que toma forma intelectual un problema vivido por una sociedad? Sin duda que las condiciones son múltiples, a caso infinitas. Pero, en una época donde se tiende a la simplificación de los procesos políticos y donde es más importante la producción de imágenes que la propia mirada, es por lo menos estimulante, indagar sobre la interrogación de Jitrik.

Más de una semana ha pasado, nueve días solamente, desde que un hombre intentó asesinar a la vicepresidenta de la nación y el clima se ha tornado mucho más hostil de lo que estaba hasta esos momentos. Los discursos, que quizás no son mayoritarios, pero no por eso menos potentes, se han radicalizado. Sería motivo de festejo si la radicalizaciòn no estuviera en manos unicamente de los sectores màs reaccionarios de nuestra sociedad.

Se huele en el aire un cierto tufillo a servicios de inteligencia. Vendedores de copos de azúcar aparecen en estudios de televisión inexplicablemente. APTRA premia con un Martín Fierro a un ex agente de la AFI que tiene un millón de seguidores en Youtube y otra millonada en Instagram y Facebook.

No solo en Argentina ocurren estas cosas aunque el run run diario haga creer lo contrario. El continente vira para cierto terreno violento, donde la palabra queda subordinada a la acción cuando estas deberían ir de la mano. El pacto democrático que surgió después de la última dictadura cívico militar hace agua por todos lados y es necesario volver a la conversación política entre quienes seguimos respetándolo.

Con un ajuste brutal sobre lxs trabajadorxs en beneficio de los dueños de todo, el gobierno nacional parece encontrar algo de estabilidad. Estabilidad que propone la minoría siempre atenta a contener cualquier fuga mayoritaria y popular. Pareciera como si un nuevo consenso estuviera gestandosè a espaldas de las mayorías. Aunque una parte de ella, legitima el ajuste de los de abajo creyendo que la patria está a punto de liberarse.

La derecha argentina se destacó siempre por la propensión a eliminar los obstáculos que se le presentaban camino a la concreción de sus proyectos políticos y económicos. Ese obstáculo, ese escollo que interrumpe “el buen vivir” es el kirchnerismo; ayer fue el peronismo. Sé que lo que antecede puede resucitar discusiones que son muy bienvenidas en tiempos en donde pareciera que la evasión es la propuesta para pensar “lo” político. Pero no importa, aun así, sigo sostenido la diferencia entre kirchnerismo y peronismo. Estos problemas requieren de intelectuales que piensen bajo qué condiciones queda nuestro país luego del intento de magnicidio y de qué manera se precipita un nuevo escenario social y político. Porque solamente un ferviente iluso puede desconsiderar que lo que le ocurre en su vida es excluyente de lo que le ocurre a los otros.

El saldo o el resultado es de un lado, una vicepresidenta potenciada para el próximo escenario electoral; un presidente incapaz de comprender la época; un ministro de economía engordado de felicidad en Estados Unidos; una ex ministra de seguridad en píe de guerra junto a una banda de lùmpenes; una policía metropolitana partidista; una oposición juguetona, desprendida de idea y acción, despojada de autenticidad. Una que parece más preocupada por las mediciones de sus palabras en los grupos focales o en estudios estadísticos que poco dicen de las complejidades político sociales.

Fotos que ya parecen de otra era muestran a una oposición subida al balcón de Alfonsìn resistiendo el ataque carapintada de 1989. Una que pudo haber carecido de virtudes destacadas, pero no dispuesta a negociar con golpistas. Hoy parece que la forma más efectiva de hacer política es la producción de imágenes.

No hace muchos días, el presidente ruso junto a su par chino, decidieron comercializar bienes estratégicos con yuanes y rublos. Temblor que recorrió las oficinas de Bruselas y de Washington. No es novedoso ya a estas alturas afirmar que una nueva hegemonía está en ciernes. Aún así, nuestras esperanzas, siguen correteando por las calles de Wall Street.

Fallecida la monarca británica, el presidente de Brasil, saludó afectuosamente a los familiares de la difunta; una metamorfosis de la tilingueria argentina. Sin embargo, el militar brasileño entiende que la radicalizaciòn de su discurso prende en gran parte de la sociedad ávida de sangre plebeya. Pero obvian que esa sangre que se derrama también puede ser la suya.

En Chile, la mayoría de la sociedad prefirió quedarse con lo poco que le dejó la dictadura de Pinochet. Lo curioso es que la desigualdad en el país trasandino sigue incrementandosè y tal vez Del otro lado no parece haber reacción más que un cambio de gabinete. Algo parecido al intento centrista del gobierno argentino.

La derecha encanta con sus discursos porque se robó los tesoros de la izquierda. Asaltó la imaginación y, presentando un futuro irrealizable, educó a una parte importante de la sociedad. La derecha organizada genera las condiciones, las relaciones de fuerza para actuar y vencer; mientras que el progresismo, las izquierdas, los peronismos esperan, como tantas otras veces a lo largo de la historia, que el sol de señales para poder actuar.

Entonces, regresando a la pregunta de Jitrik, ¿Cuáles son las condiciones en que toma forma intelectual un problema vivido por una sociedad?

Hasta la semana que viene!

lunes, 5 de septiembre de 2022

PALABRAS URGENTES






Si la historia es un trampolín para comprender el presente, podríamos decir varias cosas. El intento de asesinato de la vice presidenta argentina Cristina Fernadez remueve viejos fantasmas que, no por antiguos, dejaron de sobrevolar la epoca. Entre la grieta, artefacto comercial eficiente, se abre todos los días un espacio tenebroso. Lo es porque allí habitan quienes pretenden decir nada. Quedar encima, debajo, a los costados con el fin de evitar tomar partido. Temen que la historia los juzgue, pero no se dan cuenta de que por más que uno quiera despojarse de ella, es la que marca el pulso de la vida. 

Autocrítica es una de las palabras que más se dijeron luego del jueves que cambió el orden de cosas en nuestro país. Pero es una forma de restablecer la vieja, no por antigua, teoría de los dos demonios. La violencia política a la cual apelan algunos cultores de la mediocridad se mide desde pocos puntos de vista. Los aparatos ideológicos de dominación proceden aún hoy incansablemente. La escalada de violencia y radicalización del discurso desde sectores reaccionarios no cesa desde el año 2008 cuando "el campo" intentó disputar hegemonía. En aquel momento, nadie invalidó el reclamo; únicamente, diferentes sectores midieron fuerzas, como ha ocurrido en otros acontecimientos históricos.

El sociólogo Daniel Feierstein aseguro que el ataque es un parteaguas que puede terminar con el consenso posdictadura y es posible que se naturalice la violencia política en nuestro país. Y, lamentablemente, se sabe a priori quienes son los receptores inmediatos. 

En estas palabras urgentes, desordenadas, arrancadas del insomnio febril permanente, pretenden abrir paso a preguntas urgentes. La búsqueda se inicia a partir del exceso de respuestas de todo tipo.  

Una cosa es clara en todo este desorden: con el fascismo no se conversa, se lo combate.

Ha llegado el momento, tal como sugeria Walsh, de animarse a dar testimonio en momentos difíciles. 







lunes, 15 de agosto de 2022

SU MIRADA AL BORDE DE NUESTRA ESCRITURA

 El último 29 de Julio, la escritora Ariana Harwicz publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “Tú no eres una autora latinoamericana, me dijo una editora española. ¿Y qué soy?, le dije, ¿sueca? Para nosotros los españoles, la literatura latinoamericana es: o sobre femicidios, o sobre narcos, o sobre gótico andino, así que no sé qué sos, pero latinoamericana, no.”

Bajo esta premisa, que interpela a nuestra región, habría que preguntarse ¿Qué es la literatura latinoamericana para quienes no lo son? O ¿Cuáles son las representaciones que alimentan a lectorxs que esperan unidireccionalmente un estilo de escritura? ¿no sigue siendo una elegante forma de dominación? ¿puede la literatura latinoamericana romper el techo de cristal impuesto por los inquisidores de siempre? ¿Cómo se las arregla una escritora latinoamericana para posicionarse dentro del campo literario? ¿De qué manera deja atrás lo que se espera de su escritura? ¿Còmo se las ve con la lengua?

Robert Castel aseguraba que “el trabajo sociológico era una tentativa de respuesta a una demanda     social”, por ese motivo, continuaba, “el sociólogo debe dar cuentas al conjunto de sus conciudadanos,  y no solamente a sus instituciones oficiales de control y a su cuerpo de pares.”


Bajo este paraguas nos situamos para extender, dentro del campo de la sociología de la literatura, el terreno de los posibles. Intentando superar los enfoques estructuralistas e institucionalistas a partir de un análisis de redes que nos permita converger las dimensiones macro y micro sociales. En simultaneo, la incorporación de fuentes secundarias será de utilidad para el armado de un mapa cognitivo donde “el proyecto creador sartreano” no sea el único camino para explicar la intertextualidad de una producción literaria. Esta metodología, nos permite, además, poner mayor énfasis en la dimensión colectiva de la practica literaria diferenciándose de las relaciones objetivas que otorga la teoría de los campos.

Cuando uno encara la escritura de la tesina, no sabe muy bien qué es lo que hay que hacer; sí sabe lo que no tiene que hacer. Son buenos indicios dado que dentro de la investigación sociológica no saber puede llevarnos a lugares desconocidos tales como la literatura. ¿Es el hecho literario un hecho social?

 Sobre la artesanía intelectual, Wright Mills, explicaba que los pensadores más admirables rara vez separan su vida de su trabajo. Por esa razón, esta tesina rebalsa de ambas cosas dado que tanto la sociología como la literatura son espejo y modelo para la conclusión de este trabajo.  

La producción literaria de Ariana Harwicz nos permite indagar acerca de diferentes dimensiones sociales sin excluir las condiciones históricas que permiten su aparición. Desde los presupuestos de Talcott Parsons, una parte del trabajo sociológico intenta eludir aquellos problemas sociales donde los hechos de poder se evidencian en varias dimensiones. Investigar sobre una mujer que escribe de una manera poco esperada, significa entre otras cosas, visibilizar todas las redes de poder  que se ponen en marcha cuando el hecho literario sucede; por ese motivo la dificultad de los avances y retrocesos de este trabajo. Si bien, la historia de la literatura argentina està plagada de escritoras, las luces que las apuntan no alcanzan para afirmarlo. Mucho menos, si lo que se escribe escapa de lo esperable. El abordaje del trabajo tiene varias entradas:

 

 Desde el punto de vista del análisis del discurso, Dominique Maingueneau, nos ayuda a ver cómo las representaciones de una época se reflejan en la propuesta literaria de la escritora argentina: 


“Me recliné sobre la hierba entre árboles caídos y el sol que calienta la palma de mi  mano me dio la impresión de llevar un cuchillo con el que iba a desangrarme de un corte ágil en la yugular.(…) Estaba a pocos pasos de ellos, oculta entre las malezas. Los espiaba. ¿Cómo es que yo, una mujer débil y enfermiza que sueña con un cuchillo en la mano era la madre y esposa de estos dos individuo?” (Matate, amor, 2012))


Una forma descarnada de escribir atiende a lo Walter Benjamin llamó “la politizaciòn del arte” puesto que el texto no solo deja de lado la tradición  latinoamericana canónica, también ejecuta un movimiento critico. Un riesgo que no es novedoso dentro de los discursos literarios históricos, pero despierta cierta suspicacia. Los rastros que deja la escritura de Harwicz vuelven a los terrenos de discusión donde la literatura y la política se pensaban como caminos cruzados. Por eso mismo, pensando junto con Miguel Dalmaroni, nuestro modelo de trabajo adolece de novedad dado que la búsqueda no es hacia adelante, sino hacia atrás. Retornar a las viejas polémicas de nuestra nación, que aún permanecen sin saldarse, nos permite reflexionar acerca de los permanentes modos de colonialidad. ¿Acaso no es competencia de la sociología el hecho literario? Nosotros creemos que lo es, pero también sabemos que la literatura no puede llenar los estómagos de tantos compatriotas, pero, como dice Dalmaroni, es un bien que repara. Ademàs, el tipo de literatura seleccionada para esta investigación puede ser la consecuencia de retratos sociales de vidas silenciadas donde el cuerpo se presenta politizado.

La centralidad del deseo como motor de búsqueda y no de represión, conduce a la relectura de los textos clásicos del psicoanálisis anudándolo con los principales núcleos teóricos de la sociología clásica. Problematizar el costumbrismo familiar al que estamos adaptados a partir de la incomodidad que causa el deseo es una forma de reflejar literariamente, las dolencias de una època: Dice Matate, amor

“Desear es como un caramelo pegado al cuello, al cuero cabelludo, a la yugular. Mi marido me viene a buscar cuando ya no se ve nada (…) Al menos entrá el cochecito, me grita. Y de la punta de los píes hasta la cabeza soy una sombra (…) ¿Le tomaste la fiebre hoy? , escucho salir de la nada. No recuerdo. La fiebre sube. Trepa a cuarenta. La mía también, pero a quién le incumbe la salud de la madre. (89)


¿No es preferible, se preguntaba Castel (1999), correr esos riesgos que quedarse crispado en una concepción de la objetividad confinada a un circuito de especialistas, a menudo auto proclamados?

 Escribir es descubrir, asegura Betina Gonzàlez. Podemos descubrir còmo aùn, de manera respetuosa, nos imponen las maneras de escribir en Amèrica Latina. Por esos motivos, el tweet de Harwicz sirve para renovar las emociones. Porque en este tiempo de desánimo exacerbado, el norte aparece europeo. Se integra en nuestros pensamientos como la única salida para la miseria que ellos mismos han generado desde hace siglos en nuestra regiòn. “Nuestra derrota, escribió Eduardo Galeano, estuvo siempre implícita en la victoria ajena.” Hemos escrito toneladas de papel para alimentar al verdugo; hemos aceptado que nos digan qué camino tomar en cada dimensión. Nosotros escribimos y pensamos como latinos; por eso las revoluciones, por eso nuestra escritura.


Escribir en contra de esos mandatos puede perturbar a quienes apuestan a los buenos modales,pero algunxs lo hacemos porque sale de las entrañas, porque ponemos el corazòn en la mesa de trabajo, y no nos fijamos a quièn puede molestarle el curso de las palabras. 

Escribir, anota Betina Gonzàlez en su contundente libro “La obligación de ser genial”, es descubrir aquello que estaba cubierto, “despojar el yo, despojarlo del lenguaje costra que era su refugio en pos de uno más cercano a la verdad emocional.”

Ya hemos guardado demasiado silencio.

DR.



martes, 23 de noviembre de 2021

SU VIDA

 


Mañana temprano voy a levantarme para ayudar a mamá. Su etapa laboral acabó y en la cena me comentó que ya no sabía qué iba a hacer con el tiempo libre. Me sentí un poco culpable porque tomé sus palabras como si fuera una petición. Y la verdad es que algo de razón tiene porque yo ya crecí, tengo mis amigos, alguna que otra chica me gusta y mi carrera ya está casi concluyendo. Nada podía haber sido sin el apoyo de mamá. Tantas veces me advirtió sobre las chicas que no le caían bien. Pobre mamá, siempre pensando en mí. Una vez me dijo que S era para mí. Insistí tanto para mamá estuviera contenta, pero S me dijo que no la soportaba. Tu mamá, me decía, te tiene en sus manos. Yo le conté a ella lo que S me había dicho, pero me dijo que ya la edad le estaba desviando la intuición.

Mañana temprano voy a levantarme para ayudar a mamá. Se le ocurrió una muy buena idea. Para ocupar su tiempo libre decidió hacer cursos sobre bonsáis. Iremos todos los sábados al barrio chino. Sí, me inscribió para que pueda acompañarla y, me dijo, que no me había consultado porque quiere recuperar el tiempo perdido conmigo. Para evitarle el disgusto, dejé el curso de pintura porque se superponían los horarios. Ya hace dos meses que vamos todos los sábados a los cursos. Hasta salimos con el grupo a tomar la merienda y si bien todos los integrantes son mucho más grandes que yo, los escucho y aprendo de ellos.

Mamá está contenta. Decidió que los bonsáis que vamos haciendo y que quedan cada vez más lindos, vamos a venderlos los domingos en la feria americana que está muy cerca de nuestra casa.  A esta actividad se va a sumar papá porque quiere participar del tiempo libre de mamá. Cuando llueve aprovecho para ir a jugar al fútbol con los chicos del trabajo y mato dos pájaros de un tiro porque mamá no se angustia y yo hago lo que más me gusta que es jugar en las canchitas de cinco.

Mañana temprano voy a levantarme temprano para ayudar a mamá. Me va a costar un poco estar del todo despierto porque hoy salgo con una chica. Vamos a ir a ver una película. Le dije a mamá que igual trataría de llegar lo más temprano posible para estar bien despierto y no cortar raíces equivocadas. Además, la cara tiene que estar fresca. Me dijo porque los clientes se dan cuenta.

J no puso buena cara cuando le dije que iba a irme ni bien terminara la película. Insistió tanto que me quedé un rato más para ir a cenar. Después me beso y no pude devolverle lo mismo porque yo quería estar durmiendo para poder estar fresco para el día de la feria.

Como estaba con el auto de papá casi no tomé alcohol, pero ella sí. Quiso hacerlo en el asiento, pero como pude traté de tranquilizarla y le propuse qué por qué no me acompañaba a la feria.

Llegué fresco el domingo y vendimos los últimos diez bonsáis. Pero mamá ya no estaba tan entusiasmada como antes. Me acosté pensando en que quizás le molestó que yo me haya ido al cine con J. Le escribí para contarle cómo me sentía y no me contestó. Me gustaba, pero no tanto. Además, mamá me dijo que su foto le daba mala espina.

Pero mañana me voy a levantar temprano para ayudar a mi mamá. Pobre mamá siempre cuidándome.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

SI QUIEREN SABER, QUE VENGAN A VER

 


 

Que ya no creo que la cosa cambie. Que lo que pasó el domingo es un termómetro para darse cuenta cómo está la gente. Juan Pablo dice y se acerca a una señora para ofrecerle medias que compró en Once para venderlas en Palermo. Viene de Moreno en tren todas las mañanas. Y no sabes cómo se viaja, a mí me gustaría llamar a los políticos para que viajen conmigo haber si les dan ganas de salir el domingo a votar. Esto ya no da más, amigo. Dice Juan Pablo y lo despido con un choque de puños.

Cuidado que me parece que el cortado está muy caliente. No, yo no fui a votar. Para qué voy a ir si no podía elegir a ninguno. Mira, se rasca la cabeza, si iba votaba al loco ese que sale despeinado y que se vaya todo a la mierda. Se levanta la manga del pantalón que cubre una de sus piernas y veo que tres cuartos de ella está entumecida y violácea. Yo me tendría que haber jubilado hace diez años, pero no me alcanza, viste. Mi señora es docente jubilada y da clases particulares en casa para ayudarme un poco porque no da para más. El último cumpleaños mío, 63 cumplí, le tuve que decir a mis dos hijos que trajeran algo para comer porque no tenia guita para darle de comer a todos. Sabes qué mal me quedé ese día, qué amargura tenia cuando me acosté. Toda la vida trabajando. Antes de ser mozo vendía toallas, me dice con la mano retorciendo el trapo rejilla. Dos horas dormía durante, qué se yo, diez años para aguantar los dos trabajos. Bueno don, tome el café que se le va a enfriar. Aparte al patrón no le gusta que hablemos mucho con los clientes. Me parece que tiene miedo que le contemos que hace meses no nos paga el sueldo entero. Sabe qué don, a veces me dan ganas de agarrar el fierro que tengo en casa, cargarlo, llevarme a alguno de estos y después, volarme la cabeza. Esto ya no da más, don.

Qué te dijo ese gorilón, me pregunta Edgardo. Yo me llamo Edgardo, soy peronista como mi viejo y mi abuelo. Estos se quejan porque le dimos de comer siempre y encima se quejan. La verdad es que no me esperaba tanto rechazo, pero ni por asomo, eh. Alberto se equivocó unas cuantas veces, pero la foto lo mató. Sabes lo que hay que hacer, pibe. Edgardo se acomoda el cinturón porque noto que la milanesa y las papas fritas le ocuparon en la panza un espacio que el cinturón no lo permite. Acá es fácil. LLamás a Magnetto y le decís que ahora va a empezar a regir la ley de medios y chau. Listo. La gente no ve más las pelotudeces que ve. Apaga la tele y listo. Un poco de plata le tiene que poner a la gente en el bolsillo. No hay mucho tiempo, campeón. En política no hay otra que declarar un enemigo y darle. Pero esto así, ya no da más.

No me pasa nada, solamente que estoy preocupada porque en enero se cumple un año que vivo en el departamento y no sé cuánto me van a aumentar. Creo que voy a decirle a Nora que me quedo horas extras este mes. No, ya sé que no están dando horas, pero algo tengo que hacer. Sabes todas las cremas que tengo sin vender. Me pregunta y abre la ventana para que el humo del cigarrillo que fuma no quede atrapado. Me da bronca porque antes lo voté a Alberto. Pero escúchame, cuánto hace que no pensamos en poder comprarnos una casa. Vos tenes amigos que pudieron comprar algo o soy yo la loca que ve todo mal. Es una monstruosidad tener que esperar que se mueran tus viejos para heredar algo, es horrible vivir así. Esto ya no da para más, amigo. Se arregla el pelo y me pregunta: ¿viste el video de Cristina cuando fue a votar? Un tipo se quedó atrás de ella como un ciervo y le tenia la cartera. Estamos mal, amigo. Por favor. Qué le pasa a la gente que vota a los otros porque no le gustan estos. Esto no da más, amigo. Mirándome fijo, vuelve a preguntarme para volver a responderse: ¿Sabes cómo se arregla esto? No hay que meterle guita en el bolsillo a la gente por un rato porque no cambia nada, estamos endeudados y dos o tres ifes no alcanzan. Los ministros tienen que salir a la calle y sentarse en cualquier bar y hablar con la gente, amigo. Y ahí se van a dar cuenta de todo. Que vivan un mes de nuestra vida y sabes qué amigo, ahí se van a dar cuenta de que el lawfare o las fake news a nosotros no nos importan si no sabemos si el mes que viene vamos a poder pagar el alquiler, amigo. Que salgan a la calle. Porque sabes qué, amigo. Los que esperan que esto caiga, se están frotando las manos con las cagadas ajenas, amigo. Esto así no da más.

viernes, 30 de julio de 2021

UNA ÉPOCA

 

                                                                                                               Negármelo también para no ser débil.

                                                                                                            Mostrarme mejor que todos, más fuerte.

                                                                                                                             Los llanos - Federico Falco

 

Rastros de inminente calvicie quedan sobre el bidet. Decenas de pelos dibujan el cambio de piezas capilares, casi diminutas, débiles se despiden de la vida orgánica para siempre. Esos restos de vida no irán al paraíso ni volverán a nacer.

Desayunando el viernes con Belén y Lucio gastamos dos horas conversando sobre la buena alimentación, el buen vivir y de cosas que entretienen un poco la cabeza. Cuando dimos cuenta de eso nos preguntamos si lo más preocupante era el tiempo perdido o el que va a venir. Lucio dijo que el perdido; Belén, con los ojos cristalinos, prefirió destapar una de las dos botellas de vino que nos esperaban desde hacía rato diciendo que el mejor tiempo es el que vendrá.

Lo cierto es que vivir se asemeja bastante a una tragedia griega, a una argentina. Dije y prendí la pipa y, después de la primera bocanada, pregunté sobre unos ruidos no muy lejanos a nosotros. Nos acercamos a la habitación principal y el ruido era enloquecedor. Se parecía al golpe hueco que se desprende cuando un palo impacta sobre el fondo de un balde vacío boca abajo. Lucio abrió la puerta del ropero y apuntó con el dedo índice el presunto origen del ruido. Belén seguía con la copa de vino en la mano mientras yo volvía a encender la pipa. Por qué no corremos el mueble para escuchar mejor, le dije y me senté en la cama. El agujero descubierto se asemejaba al tamaño de una tapita de gaseosa. En esos momentos no sabíamos si el aumento del volumen de los golpes era por el miedo en nosotros agazapado o realmente del otro lado el sonido había subido. Belén sugirió mirar para el otro lado, pero nadie se ofreció para hacerlo primero. Cuando por fin el ruido aminoró la intensidad, Lucio, con voz grave dijo que él se animaba. Después nos miro y con las manos nos señaló que lo hiciéramos. Yo me quedé asustado porque Lucio no habló más. Belén dejó la copa de vino en el piso quejándose del mal sabor y yo intenté encender la pipa varias veces, pero el fuego ya no quemaba. Le dije que me iba, que prefería no asomarme y volvimos a conversar sobre semillas activadas, verduras orgánicas y consumo de carne.

martes, 22 de junio de 2021

MARADONISMOS

 


Felicidad: Dícese del día en el que Dios, por intermedio de su mejor heraldo, elevó al máximo su gracia divina. Algunos testimonios cuentan que, en el Estadio Azteca, hace miles de años, elevado del suelo, el mensajero dejó desparramados un tendal de ingleses. Vestía, al igual que sus diez compañeros, una camiseta azul y pantalones negros y, vaya casualidad divina, llevaba el número 10 dibujado en su espalda. Según se pudo saber, representaban a un país llamado Argentina, una tierra en donde la felicidad no abundaba. Nada zonzo fue Dios cuando se le ocurrió que el heraldo naciera en el medio de la miseria provocada por la piratería siempre recurrente y siempre dañina, siempre tan brillante y tan cautivadora. La acumulación de la riqueza anglosajona no pagará la deshonra de haber inventado casi todo y que un negrito bajito, sin mucho estudio, haya echado todo por tierra. Aun se conservan las voces de los damnificados y lo más interesante de todo es descubrir que, hasta el día del juicio final, ese tendal caído, afrontó pesadillas interminables, apocalípticas.

El heraldo cumplió su función y partió a descansar porque otras misiones lo esperan.


viernes, 14 de mayo de 2021

EL FUTURO YA FUE


“Estás llamando a un gato con silbidos.
El futuro ya llegó.
Llegó como vos no lo esperabas
todo un palo, ya lo ves.”

Patricio Rey



La conjuración, dice Derrida en Espectros de Marx, debería asegurarse de que el muerto no volverá: deprisa, hacer todo lo necesario para que su cadáver permanezca localizado, en lugar seguro, en descomposición allí mismo donde ha sido inhumado, incluso embalsamado como gustaba hacerse en Moscú. Si se aplicara en Argentina, esa conjuración, podríamos decir que aun no ha llegado del todo a concretarse con muchos motivos. Lo novedoso de la historia nacional reciente es, justamente la ausencia de novedades. La síntesis tosca peronismo antiperonismo, hoy variopintamente, llamada grieta, anquilosa cualquier intento de invención.

En su columna semanal, Martin Kohan, comentó un artículo sobre Ezequiel Martínez Estrada firmado nada menos que por David Viñas. La publicación data del año 1954, es decir, peronismo pronto a ser derrocado, o, nacimiento de una nueva oposición. Dentro de esa ruda disputa, se preparaba lo que sería el hospital de niños más grande de América Latina: el albergue Warnes; todo quedó suspendido en 1955 cuando los libertadores golpeaban a un gobierno democráticamente elegido. Una de las cosas por las cuales leo libros y columnas de Kohan es por su pertinencia por estar fuera de lugares comunes.

Leer a Kohan permite pensar las cosas  por fuera de la asfixiante grieta. Admite la presunta idea que invita a cuestionar cuan beneficioso termina siendo para ambos extremos. Recuerdo aun hoy a un hiperquinético Darío Loperfido intentando justificar de manera dificultosa, casi al borde del paroxismo, sus declaraciones negacionistas ante un Kohan extremadamente fino contemplando cómo caía a pedazos su contrincante sin haberse desplazado ni si quiera un solo centímetro.

Curioso porque justamente, la lógica de la grieta inmoviliza, anquilosa. Y si la realidad fuera un conjunto de flujos que van desde un polo a otro y en ese camino atraviesa a las personas, esa muralla interrumpe. Interrumpe no como un desvío sino como un final de recorrido. Pero cada extremo goza a su manera mientras toda la calle del medio pide ser atravesada por los flujos.

La antinomia “peronista - antiperonista”, escribe Kohan, transcurre prolongada o eventualmente agravada por esta cosa tosca llamada grieta, a decir de Viñas, se siente todo cerrado. Desde 1954 hasta nuestros días se dio marcha a una máquina que retroalimenta contradicciones que son hasta ahora paralizantes. Sin adentrarse demasiado en el prototípico argento se ve, aunque invisible, pero no así ausente, el cordón umbilical por donde se alimenta el engendro. Se verifica en forma de gran engranaje cuyo objetivo principal es contener a la ley del valor o teoría del valor, es decir, el trabajo hecho materia; dicho en otras palabras, la explotación constituida en mercancía.

Mark Fisher apesadumbradamente concluía en sus críticas culturales que los futuros próximos parecen hoy cancelados, como parece cancelada la lectura atenta sin que incurra el lector a las decenas de distracciones. Queda la sensación de que todo es más de lo mismo, vale decir, con Kohan, pasó ya un montón de tiempo. La pregunta fácil sería entonces: ¿qué hacer? Por lo pronto, acudir a un objeto que perturbó bastante a ambos lados de la grieta e incluso los acercó celosamente. Esa cosa se encuentra rápido en internet y se llama: El Capital muy distinta a todo el puto ruido que repite como un mantra que el único futuro posible es gringar.


lunes, 3 de mayo de 2021

PRIMEROS EJEMPLARES

 


"La literatura es la vanguardia de un ejercito que retrocede".
Ricardo Piglia

Recuerda que su primer libro fue una biografía bilingüe de Che. Que viajando desde el colegio secundario hasta su casa en el sur de la ciudad, vio que otro estudiante llevaba en sus manos una carpeta número tres negra. En su tapa lucia una calcomanía blanca muy atractiva para sus ojos. Nunca creyó en las señales, pero ese día se dejó llevar por algunas. La famosa foto que Alberto Korda, sin saber que poco tiempo después recorrería el mundo entero, le había sacado al Che contorneaba la carpeta del joven estudiante. Quizás la contemporaneidad de ambos fue la señal más fuerte aunque pensándolo bien, la ligazón más contemporánea era el poco horizonte visualizado.  Caminó las cuadras que lo separaban de la parada de colectivo hasta la puerta de su casa pensando cómo se las arreglaría para reconocer ese rostro. Luego de almorzar y con   algo de plata en el bolsillo salió en busca de algo; aun hoy no se responde para qué llevó plata, pero su idea era conseguir algo parecido o por lo menos algo que se acercara a esa rostro. Cuando llegó a una de las galerías más famosas de su barrio se metió derecho en la librería de usados que compartía medianera con un local de ropa juvenil. Nunca imaginó que ese día iba a ser el principio de un viaje sin final. Ni se le había pasado por su cabeza que esa tarde, ese rostro, esa cosmovisión, orientarían el armado de su mapa subjetivo.

La librería era tan parecida a las otras que conocería que, esa arquitectura quedó grabada en su cabeza. Anotó en su diario años después que en esos lugares se huele a hojas viejas que no solo conservan el paso inminente del tiempo, también alojan huellas imperceptibles a los ojos, sudores y lagrimas secas. Cada libro, escribió, tiene cientos de relecturas, marcas, teléfonos, nombres; cada lector inventa una nueva, incluso, aparecen interpretaciones que ni los propios autores habían pensado. Quizás ahí se esconda el secreto tan presente la vista pero tan oculto por la mirada.

Rojas paredes sostenían estantes blancos bien identificados. En el medio, como casi siempre, las mesas de saldo y novedades colmaban los ojos de los clientes. Detrás de todo eso, un hombre muy parecido a Antonio Di Benedetto sostenía con su mano el borde de una pipa casi apagada. Miró como si supiera adónde estaba y qué  se llevaría. Recorrió cada estante hasta que se colmó de valor para preguntar. Al parecer, el librero sabía bien de quien hablaba así que, tomado del hombro, lo acercó al lugar indicado. Era la primera vez que se enfrentó a un estante de libros, fue la primera vez que pensó en decir: “me llevo todos”. Revisó pero concluyó que cada uno tenía algo que justificaba su compra, además, recuerdan su diario que con la poca plata que tenía en ese momento podía irse con al menos tres libros. Eligió dos, previa recomendación del librero. Uno de ellos era la biografía bilingüe, que hoy día no la aceptaría ni regalada; el otro, algo parecido a un ensayo, polémico, pero, a pesar de eso, extrajo algunos datos bibliográficos para seguir indagando. El libro de Hugo Gambini comenzaba por el final, es decir, por el fusilamiento. Aun lo conserva en su biblioteca, nunca lo recomendaría. El problema surgió cuando el librero le acercó un hermoso álbum de fotos que, lamentablemente quedó en manos inmerecidas. La plata que tenía solo cubría el gasto de dos. Si queres llevártelos, lo desafió el librero, uno no te lo cobro, pero vení a contarme qué te parecieron. Ese fue el trato, creo que fue el primero en su vida.

Ese día inauguró las largas caminatas con libros a cuestas, siempre dos o tres, siempre. También encontró que para esa actividad no necesitaba compañía, al menos para esos ratos; era casi una obligación encontrarse solo para leer. Barthes escribió que uno se da cuenta que está enamorado cuando, estando en compañía, piensa en otra cosa. Le pasó muy pocas veces, incluso no podría enumerar más que dos. Mientras caminaba esa tarde se descubrió leyendo sentado, acostado, semi dormido, viajando, en un velorio, en medio de un llanto hambriento, en los cordones, a la madrugada, al mediodía, a la tarde, a la noche. Una tarde bastó para leerlos. Solo unas horas bastaron para poner en duda todo aquello que sus ojos y oídos habían visto y oído. Aun con todo eso, en las últimas paginas de su diario, se preguntaba qué es un lector.