miércoles, 20 de marzo de 2024

 

Hace muy poco una amiga sugirió al comentarista que en estos duros tiempos que corren hay que refugiarse después de tanta lucha.A veces, ese arremeter parece sustraer la energía vital que nos queda. Pero con lo poco que le queda,logró escuchar la siguiente conversación:

    Cuando terminé de ver Perfect Days, la última película de Wim Wenders, supe al instante que no recibiría ningún premio en la ceremonia de los Oscar 's. Amparo corrió al baño y sin querer me ofreció un largo tiempo para pensar las justificaciones de mis conjeturas.La época convierte cualquier comentario en algo verdadero, es decir, le da condición de verdad a falacias tales como la que asegura que la tierra es plana.


    Desde el lugar donde estaba parado podía escuchar la voz de Amparo explicando por qué la banda sonora de Perfect Days era un homenaje a la buena música. Amparo tenía razón,como casi siempre,pero yo seguía hundido en mis pensamientos. Al principio establecí rápidamente que la película era una oda a la quietud, a la simpleza y por poco me meto en las ideas minimalistas.Salí rápido porque Amparo me empujó para que saliera de mi cabeza.


     Caminamos hasta Callao y volvimos unas doce veces.Es el único modo en el que Amparo logra sentir hambre.Atontados por el clásico murmullo porteño nos metimos en una pizzería cuyas mesas flotantes estaban ocupadas. Antes de La Comuna siempre me pareció que Buenos Aires es una rara ciudad donde sus habitantes son capaces de comer gustosamente sentados frente a rebalsados tachos con basura.


  Es necesaria la intervención del comentarista.El puerto de Buenos Aires,tan codiciado por las potencias extranjeras y tan entregado por las élites,ha decidido extenderse luego de los días de La Comuna.Se dice que fueron los intensos bombardeos del ejército nacional los que provocaron el derrumbe de las paredes que contenian el agua.Otras versiones aseguran que fue producto de las altas temperaturas de la tierra provocadas por las actividades humanas basadas en la producción de energías a base de restos fósiles.Lo cierto es que del viejo centro porteño solo han quedado cuatro manzanas,el resto es agua. Aunque los milicianos de La Comuna hayan sido derrotados,queda en el aire un cierto tufillo revolucionario. Pero eso excede los límites del comentarista.Regresemos:


Al perder de vista a Amparo mis pensamientos volvieron a crecer sobre los fundamentos de mis conjeturas.Lo primero que apareció en mi cabeza fue que La Academia no entregaría una estatuilla a una película que celebra la austeridad porque premiar ese mensaje tan directo podría provocar más rebeliones como las que ocurren en estos días en Buenos Aires. 

El silbido inconfundible de Amparo hizo que levantara mis ojos y la ubicara debajo de la escalera,en la única mesa que quedaba vacía.Mientras el mozo nos contaba sobre el ataque del ejército sobre los milicianos,Amparo le robaba la propina del bolsillo sonriendo a una pareja de hermanitos que no dejaban de mirarla.Sin temor a ser descubierta,separó un poco para pagar la cuenta y el resto se lo dejó al mozo de propina.


Fuimos y volvimos otra decena de veces desde Callao hasta 9 de julio porque es la única manera de que no me caiga mal la comida. Amparo se paró y entró en la disquería que estaba enfrente nuestro y salió con una bolsa llena de discos.Sacó las contratapas y luego de un tiempo de silencio escribió en una hoja una dirección.Dejó sobre el suelo la bolsa y encendió un cigarrillo y los ruidos de las balas anunciaban otra noche sangrienta.Mientras escurría mis medias meditaba en el colectivo sobre la injusticia de ganar un premio prestigioso siempre y cuando el producto final,en este caso una película,tenga que tener un mensaje sobre lo bueno o lo malo que somos como humanidad.Cuando le pregunté a Amparo sobre los límites de la imaginación en el arte,con los ojos cerrados y con su cabeza apoyada sobre la ventanilla,me respondió que la esquizofrenia es un buen sitio para vivir sin limites.



jueves, 4 de enero de 2024

¿Qué hace un cuerpo cuando filosofa?

 








Advertencia socarrona: Usted está a punto de leer más de 140 caracteres. Si eso no supone un inconveniente, probablemente se tope con información que no conoce; tiempo atrás, ese inconveniente intelectual era muy bienvenido. Lo era porque eso implicaba ir hacia las profundidades de la información recibida y del pensamiento; generalmente, el trabajo era colectivo pero no por eso menos arduo. De aquí en más, todas las consecuencias que pueda haberle producido esta advertencia queda enteramente bajo su responsabilidad. 


 EL FILÓSOFO INSURRECTO


El 16 de diciembre murió en París Antonio Negri. Intelectual y militante político de los que se jugaba el pellejo, de los que ya quedan pocos. Curiosamente y aunque no lo parezca, un intelectual, también es materia, es cuerpo vivo. Por eso, ser militante no significa directamente ser intelectual ni viceversa. Que Negri haya fallecido deja un agujero, deja un vacío que quedará vacante. Lo curioso es que últimamente nos han enseñado a llenar los vacíos con múltiples frivolidades que salen en cada reunión, en cada mesa. Si se presta atención a otra cosa que no sean las pantallas ni las ofertas de las plataformas, se comprueba que ya no sabemos de qué hablar porque nos hemos igualado a las cosas. 

Al inicio del libro Historia de un comunista se leé: “¿Papá, qué quiere decir morir?, me pregunta mi hija. La muerte no existe, le digo con una mentira. Cuando nos vamos, que nuestros miembros se enfríen es una ilusión; se convierten más bien en una centella y en un movimiento de ese deseo caótico, de aquella llama que nos ha generado. Morir no duele, no es real: lo que duele es fantasear sobre la muerte. No hay que tener miedo: cuando vivimos, la muerte no está…” Es una respuesta que requiere leerla más de una vez y así no se llega a comprender la belleza y la profundidad que contiene; ahora que está de moda nombrar filósofos a personas que hacen videos de un minuto sobre algo relacionado con la filosofía o a quienes escriben best sellers, es una buena oportunidad para distinguir entre una cosa y otra. 


Actualmente se desestima a quienes usan las palabras para producir discursos y, sobre todo, para combatir a las palabras huecas que salen de las usinas de pensamiento de la industria cultural 2.0. Industria que entrega permanentemente vidas prestadas que nunca van ser propiedad de quienes reciben esos préstamos hipnotizados por los cantos de sirenas.

Negri elaboró a lo largo de sus libros y de su militancia, incluido el exilio y la cárcel, un discurso de acción, no de quietud, no de silencio. Ese tipo de discurso es hablado con el cuerpo, uno que se ve en los mutilados, en los excluidos. Curioso es nombrar a los excluidos y no pensar en su propia voluntad que gustosamente los conduce por el camino de la miseria. Los más orgullosos están nadando en un mar de verdades que incluye creer que la tierra es plana y que a cuanta mayor libertad más y mejor vida. Negri dice: “La libertad no crea la igualdad: es la igualdad la que crea la libertad.”

¿Saben a dónde está la verdad? No lo sé, pero puede detectarse yendo a barrios carentes de todo y otros carentes de conocimientos pero imaginando vidas que nunca serán suyas porque los más cercano que pueden estar de esas vidas soñadas es en la cocina o en la garita de la seguridad privada.

Negri leyó, debatió, amó, luchó toda su larga vida. Una que lo llevó a pensar en la posibilidad de un comunismo que sea capaz de rechazar el trabajo que nada le deja a sus productores, característica que se verifica en este tiempo como impropia. Asistimos a un momento histórico en donde trabajadores sin calificación gozan de la represión que cae sobre otros pocos que deciden cortar cadenas y salir a luchar por sus vidas. Da pavor. Es mentira que el trabajo tal como lo conocemos dignifica, copiosas bibliotecas lo demuestran. Sólo hay que animarse a hacer una sola cosa a la vez.

Nos gobierna una derecha vulgar, tosca, analfabeta, bruta e incapaz de comprender las corrientes políticas, sociales y económicas que dieron cuerpo a nuestro país. Esto es producto de la incapacidad de las fuerzas políticas partidarias progresistas o peronistas de llevar adelante un programa radicalizado. Pero al mirar hacia atrás se comprende que no hubo ni va a haber programa, ni mucho menos radicalidad porque el progresismo en Argentina no lo es, no lo soporta. Prefiere sentarse en la mesa de la UIA o de la SRA y sacarse fotos como perritos falderos; ningún poder popular se construye de arriba hacia abajo incluso cuando las bases progresistas canten por la liberación mientras le entregan contratos a los dueños de todo. Esas son algunas de las luchas que intentó dar Negri, por eso la cárcel, por eso el exilio. En esos tiempos, Negri escribió uno de sus libros más importantes La anomalía salvaje, texto sobre B.Spinoza, otro filósofo excomulgado de los programas académicos. Sobre esto, Diego Tatián, agudo pensador argentino, escribió: “pocos libros de un filósofo sobre otro han dejado una marca tan honda y perdurable como La anomalía salvaje, que escribió durante su reclusión en la cárcel de Rebibbia. Sin tiempo para denostaciones o lamentos, simplemente ocupó los años de prisión en escribir un libro revolucionario que desde hace cuarenta años está en el centro de los debates spinozistas.”

El vacío que dejan personas como Toni Negri es amplio y muy profundo porque ya es poco común discutir ideas, programas, modos de vida; el pensamiento de Negri probablemente perdure en algunas bibliotecas y no muchos irán a buscarlo porque, como se ha dicho en la advertencia, se necesita compromiso político, compromiso intelectual, vínculos fuertes, artes subversivas y no contemplativas. Negri no fue un inocente y estas palabras tampoco tienen esa intención porque si la radicalidad apesta al status quo, será mayor hasta el último aliento.

Esto no se termina acá…

 

viernes, 21 de julio de 2023

Desvíos

 



UNO.Un desvío es una forma de correrse del sonido furioso que provoca lo cotidiano. No es lo mismo hablar que decir algo. Uno nunca sabe realmente lo que quiere decir, ni mucho menos lo que le pasa. El desvío sucede como el acontecimiento, como el quiebre de una situación aparentemente natural donde emerge una verdad no considerada hasta ese momento. Las representaciones simbólicas sufren transformaciones que pueden modificar formas y contenidos de vital importancia para el día a día. Una semana atrás dediqué tiempo para ver los documentales de Carmen Castillo después de leer unas conversaciones sumamente potentes y dramáticas con Diego Tatián y Alejandro Cozza. Entre esas hojas, el autor de Spinoza Disidente, inicia el diálogo con un poema que tuve que leer más de una vez porque entre estrofa y estrofa tenía que recuperarme de los fuertes cross en la mandíbula que recibía.


 El poema:

El arte de perder




El arte de perder no cuesta tanto

ir aprendiendo(insisten las cosas

hasta tal punto en perderse, que el llanto por

ellas dura poco). Y el espanto

por perder algo cada día, rosas

que se deshojan, horas, llaves, cuanto

pueda ocurrírsele a uno, no es tanto.

Practica entonces perder más, y goza

del ritmo de la pérdida, su encanto:

pierde ciudades, nombres, y en Lepanto

pierde una mano, un destino, una moza:

nada de eso será para tanto.

Perdí el reloj de mi madre, y el manto

con que cubría mis hombros, la loza

en que tomaba el té,pero igual canto.

Perdí mi tierra, mi rumbo y aguanto

de lo más bien tanta pérdida.Es cosa

de acostumbrarse: no,no es para tanto.

Perderte a ti,por ejemplo,tu encanto

y tu cariño perder,dolorosa

prueba sería,pero nunca tanto

(aunque parezca condena espantosa).

Elisabeth Bishop


Querer perderse es en principio un ademán valiente porque el estado de cosas actual se ensimisma en lo contrario. Mapas, ubicaciones, radares, conexiones, redes, buzones, sugerencias, preferencias, chats inteligentes ordenan la inabarcables bateria de representaciones simbólicas. Entonces, cartografiar los caminos del desvío puede convertirse en un antimapeo de la vida segura. Cuando eso sucede, los programas de la linealidad como único camino para reproducir las condiciones de vida se difuminan. Desubicarse no es aislarse en lo perdido sino reencontrarse con los desviados, incluyendo a los espectros que nos cuentan el pasado. Un desviado puede correr serios peligros de darse cuenta que la lógica del capital se ríe de nuestros propios deseos y de que "el buen vivir" solo es una excusa para que la explotación no duela tanto. Con los ojos de los desviados puede verse el patio trasero de la voracidad de la que somos parte, de la que nos alimentamos y alimentamos todos los días. El miedo a la persona que roba en las calles, que le dispara a un policía, que corta las calles y rutas, que toma tierras en busca de dignidad se disemina en todo nuestro cuerpo hasta enquistarse en la cabeza. Ese pavor instalado permite, porque para eso fue creado, no pensar en los robos y en las miserias que produce la brutalidad del capital.

La elaboración de antimapas o de cartografías del desvío invitan siempre a un viaje, a un desplazamiento permanente. En búsqueda de esos caminos que ya han sido señalado por quienes nos sucedieron fue que tropecé con el libro Lo que nos toca de Carmen Castillo. Un texto audaz que podría confundir tanto al lector conservador como al progresista, al que huye de erudiciones como al que se encierra semanas enteras para leer a Heidegger. Una lectura que requiere relecturas,argumentos, descansos y configuración de redes para poder dimensionar la intensidad de lo conversado. Sobradamente se sabe que lo nuevo no necesariamente es lo diferente, es más, bien podrían ser antónimos. También es de público conocimiento la aversión a la complejidad que requiere pensar el pasado a partir de un disparador en el presente que, al fin y al cabo, es lo único que existe, es lo único que notamos que se nos escapa cuando terminamos de dar un beso.

Tenemos una deuda con el pasado y es, como dice Michel Löwy, una promesa de redención posible.


lunes, 3 de julio de 2023

 Un purgatorio estilistico


Merleau Ponty dijo con otras palabras que para hacer cualquier cosa había que ser arbitrario. También escribió un libro que en lengua castellana se conoce como Fenomenología de la Percepción donde expone, más o menos, donde reconoce la fundación del conocimiento desde la experiencia de lo vivido. En la misma dirección, encontré algo sobre lo diferente pero sin rastros de snobismo. El libro de Esteban Prado “Por una literatura diferente” es una biografía exquisita, necesaria, sobre Héctor Libertella; una bitácora crítica, insisto, necesaria. Allí, se afirma lo siguiente: “la lectura de escrituras diferentes puede constituirse como un estímulo que cambie la percepción de quien lee y su modo de plantarse en el mundo.” Grandísima tarea, titánica en estos tiempos donde parece que el esfuerzo por comprender obras de arte complejas no debe superar 140 caracteres y donde el run run social parece estar limitado por las imágenes con sonido que ofrecen las plataformas digitales de entretenimiento. Frente a esto, ocurren cosas como la banda argentina Octafonic donde cada oyente decide su propia aventura. Artilugios que no convocan ni likes ni llenan estadios porque es una manera de hacerle trampas a quienes se auto perciben compositores, artistas o el nuevo rock. Creo que Octafonic continúa la tradición del hermetismo porque su propuesta se centra en  la incomodidad de no ofrecer la materia masticada. Ocurre algo parecido con “Una música” del escritor y sociólogo Hernan Ronsino y el film Blondi de Dolores Fonzi. Son propuestas donde hay que ir a buscar todo porque todo lo que percibe no es realmente lo que se quiere mostrar. Asunto poco común entre los nuevos artistas que, contrariamente, hay que hacer un esfuerzo para diferenciarlos porque no se distingue uno del otro.

Hace pocos días, Fito Paez se preguntó: “¿Está  mal no ser conservador?” No, claro que no está mal, pero el costo es alto porque lo primero que hay que eludir son las voces que acusan al portador como un viejo vinagre. Por suerte, Merleau Ponty sigue hablándonos en nuestras bibliotecas y Lennon y McCartney cada tanto soplan vientos de renovación como Piazzolla toca de vez en cuando en los escenarios locales.


sábado, 24 de junio de 2023

 

Hoy más que suturas son heridas, palabras urgentes. Las circunstancias obligan a buscar palabras que no mucho tiempo atrás podian hacer pensar más allá de la efervecencia del minuto a minuto. En el discurso de despedida de la Biblioteca Nacional, Horacio González dijo lo siguiente: "Saquemos de este momento la fuerza que vamos a pensar para seguir transformando el mundo y nuestra profesión, pero nadie transforma ninguna de esas dos cosas sino se transforma a si mismo (...) entonces seamos artifices de nuestro propio destino y no artificios de las pequeñas ambiciones del otro." Además de la gran pena que no se achica ni retrocede por la ausencia inabarcable de este maestro, nos queda, en la medida que el tiempo pase, aglutinar las fuerzas, nuestras fuerzas para pelear por un programa de país que vuelva a establecer la dignidad a las personas. Ernesto Guevara dijo que la revolución no se hace solamente para distribuir mejor el alimento, sino también para establecer las directrices para un nuevo futuro. Ese horizonte significa un gran desafio porque supone ampliar las fronteras de lo posible dentro de un mommento histórico donde pareciera que las derechas escriben la historia. Ocurre cada vez que la indignación y el enojo enturbian la mirada lejana, donde uno aparece como el único camino posibles por encima del nosotros. Pensar criticamente  equivale a informarse dejando de lado los residuos mediaticos que, dia a dia, mediante docenas de plataformas de entretenimiento crean un imaginario social donde lo más importante es qué ocurrira en el próximo capitulo de la serie más vista según las estadisticas de la propia empresa que las crea. Son palabras y reflexiones urgentes, ya lo anticipe. Por lo tanto, la advertencia es que si la lectura continúa, van a dilusidarse, cada vez con menos disimulo, broncas e indignacios que posiblemente deriven en jugosas incoherencias.

Las formas de entrener conspiran contra las propias costumbres porque acuden a modelos de creación donde se explicita, astutamente, la nulidad de las ideologías cuando son ellas el corazón de las mismos artefactos. De otra manera cómo se puede entender que las series catalanas inunden la plataforma más utilizada en Argentina y cómo es posible que dejemos de lado las capacidades de adaptación que el capitalismo ofrece para convencer y tranquilizar a las luchas más radicales que surgen al calor de los acontecimientos. O ya nadie se pregunta por qué en su catálogo hay una oferta descomunal de temáticas LGBTI+, o acaso los libros más vendidos no operan sobre las subjetividades de las personas que los compran. Porque acá hay una gran diferencia entre quienes lo leen y entre quienes los consumen. Hace muchas décadas atrás, Ariel Dorfman y Armand Mattelart escribieron un libro llamado Para leer al pato Donald donde discutieron con gran inteligencia aspectos de la escructura de entretenimientos que eran en ese momento indiscutibles. Me pregunto en la actualidad quiénes ocupan el puesto que otrora ocuparon los personajes de la multinacional Disney porque, aunque sus inocentes caricaturas están un tanto diluidas, la generado de cosmovisiones sigue vigente. En estos tiempos hay que saber que el entretenimiento no es de ninguna manera apolitico ni se produce para no pensar, sino todo lo contrario. Lo simbólico es tan perverso porque no representa nada y representa todo al mismo tiempo. Quizás, sin datos concretos, el héroe argentino sea un jugador de fútbol cuyos valores extremadamente mercantiles, y eso no es lo peligroso si esa imágen no se utilizara para dominar a partir de la idea del consumo en detrimento de la idea de cooperación.

Las luchas de las mayorias tienen una larga tradicion, pero como ya lo han dejado grabado otrxs, lo que se intenta siempre, desde una simple serie hasta una guerra total, es borrarla para que no queden ejemplos de que se puede vencer. Juntemos fuerzas.

jueves, 15 de junio de 2023


"Si algún sentido tiene este libro, es el de afirmar la necesidad de la paradoja. No estoy siendo nada original, la paradoja es ir contra la opinión general, contra la lógica, es celebrar la contradicción. Cualquier pensador, cualquier crítico, cualquier artista afirmaba (antes) su retórica y su poética, en la desobediencia."                                                                                                                    

                                                                                                                                             Ariana Harwicz
 

Escribir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….bir en un blog le da cierto grado de desfachatez a quien lo hace. En primer lugar porque el sitio elegido es anticuado y ya casi nadie lo utiliza como antes. Sin embargo, el anacronismo es un recurso que facilita analizar el presente porque se puede pensar qué esperaban sus creadores en el momento del furor. Mientras una pila de pendientes esperan sobre el escritorio, es tentador preguntarse qué sucedería si lo que aparenta urgente se transformara en algo meramente postergable. Sin duda que muchas de las tareas que se hacen a diario comenzarían a acumularse desmedidamente, sin embargo, una pregunta insiste: ¿Qué ocurriría? Seguramente, agrietaría parcelas de nuestra tan buscada e inexistente paz mental lo que provocaría un gran caos. Esto da pie para rondar por una palabra que se pronuncia con frecuencia para nominar a lo que se halla por fuera de la razón. No me refiero a otra más que a la locura. Como se aprecia en las líneas anteriores, la utilización de verbos transitivos no es solamente una provocación al sistema de corrección que comanda el software que utilizo para escribir estas reflexiones, sino también, para imaginar futuros posibles. Condición que en la actualidad está llamada a ser una herejía al sistema de morales imperante dado que el aquí y ahora moderno ha devastado la noción de pasado, léase de interpretación, tanto o igual que la del porvenir. La noción de locura ha sido profundamente estudiada por eruditos y, es como el amor, una de las categorías más difíciles de analizar puesto que ya se ha dicho casi todo desde los griegos hasta acá aunque sobran productos, incluidos libros y film, que siguen sin decir nada, sin embargo, son atractivas mercancías.

Un maestro es desde el punto de vista de estas líneas alguien que sin ningún superpoder se acerca a lo oscuro para iluminarlo. Gracias a esa virtud poco rentable, llegué al film Fitzcarraldo del director alemán Werner Herzog y aún, mientras tecleo y me río pensando en el remate, sigo con la boca abierta. La desmesura de esa idea es descomunal porque había perdido de vista las instrucciones, transitorias al fin, de cómo se hace cine y, si me aventuro, qué es el cine. Demencialmente, Herzog no solo pone en escena situaciones extraordinarias sin recurrir a efectos multidimensionales, también accede a lo fantástico del lugar donde decide rodar su film. Risueñamente podría decirse que, retrospectivamente hablando, Herzog pensó en el porvenir de la humanidad y en el lugar que habita. La desmesura, el derroche, la locura son algunos de los recursos de los que el arte se alimenta, nutriendo sus mentes más importantes. Un film, una obra de arte, no solamente puede entretener, que no está nada mal, pero, además, puede hacer pensar, otro recurso netamente gratuito, altamente denostado por el consumo de un capitalismo que, sonriente, sigue emitiendo sus mejores señales desde plataformas llamativas. Herzog (la insistencia con el apellido es un recurso arbitrario porque de otra manera no se puede hacer nada) comprueba que, en dos horas y media, un artista puede quejarse de su época sin exhibir ni un gramo de sus miserias, sin elucubrar ideas donde la aniquilación del otro (eso tiene un solo nombre: fascismo) signifique mayor libertad. Herzog se anima a todo porque de eso se trata la vida del artista, aunque el clima de época, tan moderno estéticamente, tan inteligentemente artificial, cancele la desmesura e intente aplacar la idea loca de que no todo el tiempo merece ser convertido en mercancía. 

Matias Casoy, CEO de Rappi, dice orgullosamente que las personas que su empresa explota no son trabajadores formales sino “microempresarios” porque, graciosamente es cierto, disponen de su tiempo. Dada la extensión de las reflexiones, recurso hereje si los hay, se clausuran prometiendo más, mucho más, en exceso, en demasía, a granel hasta que comprendamos cómo Borges escribió Nueva refutación del tiempo considerando que aquí las keywords fueron: fallar, otra, vez.



Continuarán las suturas….


sábado, 10 de junio de 2023


            

 

                                                                             SUTURAS

 

Pensá en la muerte como un acontecimiento retrospectivo. Esa manera de irle pidiendo cosas al futuro para devolverselas, al final, intactas. Como si uno no hubiera vivido.

Héctor Libertella


 Siempre es difícil hablar de lo que no se ve porque es mucho más sencillo opinar sobre lo que nos presentan ante nuestros ojos porque, como ya lo han dicho pocos, el arte nunca es retinal dado que siempre una obra es una excusa para decir otra cosa. Duchamp lo sabía muy bien porque, de otra manera, no hubiera enviado un mingitorio (firmó con el seudónimo R.Mutt) a un concurso donde él mismo era miembro del jurado sabiendo de antemano que iba a ser rechazado. Un mingitorio, sin querer, reforzó la imbecilidad de lo dado, de cierta inteligencia epocal porque fue el mismo Duchamp el que dijo al poco tiempo: “Les arrojé a la cabeza un urinario como provocación y ahora resulta que admiran su belleza estética…” Lo que el ajedrecista francés ejecutó fue una provocación a la comunidad artística de la época, pero esa fábrica de crear sentidos y gustos homogéneos (compruebenlo verificando de qué se habla en las reuniones sociales desde Netflix hasta acá) se lo elevó hasta el día de hoy como una de las más relevantes obras de arte de todos los tiempos. Será por eso y, por mucho más, que, en la actualidad, nadie se sonroja al autodenominarse artista ni al escribir una oración con cuatro comas en un blog que probablemente pocos o nadie lo lea. (Pero en otro momento podré encolumnar algunas ideas sobre la imágen de lxs escritorxs) Por eso, Héctor Libertella, pensó en la figura del caballo de Troya para defender las posiciones que el arte perdía y que aún no cesa de perder porque, más que de vanguardia el arte es una defensa de sí mismo porque ya no ataca. Digo esto porque, de qué manera se puede pensar una obra de arte que cuestione la acumulación capitalista,  si los operadores de la cancelación, esperan con el cuchillo entre los dientes para reforzarla con ahínco creyendo que lo masivo contiene algo de rebeldía.. Duchamp se reía de eso y aún lo seguirá haciendo porque cuando un hombre decide reírse de su época lo que hace es desplazar la risa al futuro que en este caso soy yo y ustedes que leen, es decir, todos nosotros. 

Una obra de arte es más interpretación que mirada, es una excusa para comenzar a buscar lo invisible de un libro, de un film, de una pintura, de una ciudad que va perdiendo su estética en detrimento de una acumulación desmedida. Quizás el arte que se pretende de vanguardia podría ejecutar algunas operaciones en boga como el exceso de imágenes, de palabras, de opiniones, de mercancías para lograr justamente el despilfarro, el derroche. Pero no como gratuidad, sino como, en palabras de Tabarovsky, una estrategia intelectual, como un boicot a la lengua del capitalismo. Recuerdo una conversación que tuve hace poco donde intenté explicar que ciertas palabras o frases, como por ejemplo, conectar, gente, caja de herramientas eran enlaces directos a la lengua del capitalismo. Que las palabras, como decía Oscar Masotta, son valijas donde cada quien pone el contenido que le parezca considerando a ese alguien como el mismo sistema de costumbres y valores que nos obligan a pronunciar, sin saberlo, su propia lengua.



10 de junio del 2023


martes, 6 de junio de 2023

 


SUTURAS

 

Importante: La lineas que van a leerse surgen como consecuencia de la rabia, la humillación y la desesperación que sentimos cuando comprobamos que, por más fuertes que sean nuestros deseos, los planes del exterior no los tienen en cuenta.


Excluyendo las consecuencias más obvias de la pandemia creo que, una de las más efectivas fue, la despolitización del espacio público. El sistema de redes sociales inagotables alienta sin tregua a la desaparición de fronteras de identificación entre lo público y lo privado. Pareciera ya que no hay posibilidad de dilucidar escenas de la vida íntima, porque, todo eso que era ferozmente defendido, la actualidad lo ha monetizado. Sí todo lo personal es político ¿no deberíamos entonces redefinirlo? Con esto no quisiera decir que la época que nos tocó vivir es peor que otras, porque ya lo sabemos desde Borges hasta acá que, a todos los hombres y a todas las mujeres les toca siempre malos tiempos en los que vivir. Sin embargo, nuestro tiempo, por malo que sea, nos da derecho a escribirlo que, dicho sea de paso, es uno de los pocos que quedan. Mucho más si les ocurre como a estas líneas que les esperan el ostracismo del mundo paralelo que nos gusta llamar internet. 

Los tiempos de revolución y de irrupciones políticas y culturales han perdido asquerosamente terreno por el avance de un progresismo que aún no termina de comprenderse, pero se sabe que colabora con la adaptación sistémica de raptos de radicalización . Todos los acontecimientos que ayer fueron radicales en materia política y cultural fueron ajustados a la lengua del capital. Quiere decir que, el mero acto de llamar “gente” a una población acorralada por la inflación y la pobreza, es quitarle el sentido político que podría situarla en otro lugar. Un punto de partida donde se pueda articular la desesperación con procesos creativos que potencien lo que hoy no se puede nombrar. La sintaxis del capitalismo actual no solo se desvive por la acumulacion economica, tambien trabaja sin cesar la acumulacion de capital simbólico. Sin retomar la tradición de las vanguardias artísticas, va a ser muy difícil articular procesos de lucha colectiva porque el mismo sistema de acumulación consumirá cualquier conato de radicalidad. La derecha no tan extrema ha incorporado la lengua de las revoluciones y su apariencia versátil confunde a los que ayer soñaban con una revolución social y cultural. En apariencia, el futuro se vislumbra un tanto nublado y eso no parece tan malo porque la incapacidad de ver el horizonte le es común a todos. Quizás, una literatura radical pueda contribuir a la disputa de la sintaxis de acumulación hegemónica. Pero para que eso ocurra, en palabras de Tabarovsky, tendrá que amargar la fiesta, expandir el malestar, poner entre paréntesis el sentido común predominante, contragolpear la época aunque eso signifique poner en cuestión nuestra propia existencia. 


Continuará…


6 de Junio del 2023


sábado, 3 de junio de 2023

 

Introducción a la esperanza. Luis F. Noé


 SUTURAS


Aclaración: lo que sigue son raptos de belicosidad sin correcciones, sin relecturas, aunque las correcciones y las relecturas, deben hacerse hasta que los callos impidan continuar.


Si se piensa en el espíritu del capitalismo, es difícil eludir a Max Weber. Pero como las líneas que siguen no serán leídas, no voy meterme en un problema que puede herir a especialistas que han invertido tanto tiempo de su vida en conocer a fondo uno o dos autores. Creo que resulta mejor utilizar las palabras con las que Ariana Harwicz decidió nombrar a su último libro: El Ruido de una Época. Lo tomo porque me parece que publicar un ensayo literario en estos tiempos donde ganan por afano las sagas es por lo menos atractivo y se merece un poco de lugar en ese mundo paralelo que nos gusta llamar internet.

Aprendimos que, desde este lejano lugar del mundo, únicamente podemos producir materia prima para que los grandes centros de pensamiento nos devuelvan una teoría mucho más costosa y altamente alejada de nuestras realidades. Sin embargo, la recibimos con los brazos abiertos, con nuestros pulmones henchidos de aires de primer mundo.

Es bastante estimulante escribir un texto pensando en que nadie lo leerá, distinto a un twitteo o a una reducción de la felicidad en Instagram. En Lo que Sobra, Tabarovsky afirma que la literatura tiene que dar un contragolpe a la época porque debe reaccionar a las condiciones opresivas en las cuales se produce y se distribuye. Es sabido el encarecimiento del papel destinado a la producción de libros y el porcentaje con el que se queda cada grupo editorial. ¿Deberíamos seguir publicando libros bajo esas condiciones tan desiguales? Yo creo que sí, pero, con lo que sobra. Implicaría una práctica radical donde la literatura que se escriba sea tan radical que desoriente a los lectores, una que descarte los temas de la época, una que apunte contra los monopolios de buenos modales y de buenas formas de leer y de escribir. Cómo se explica que el conservadurismo del progresismo esté dedicado a cancelar  cualquier ruido que no se acomode a los temas de la agenda confeccionada por él mismo. ¿Qué programa político deja afuera expresiones artísticas radicales? ¿Acaso no han leído a Libertad Demitrópulos, a Osvaldo Lamborghini, a Héctor Libertella? ¿Nunca se han parado frente a una pintura de Yuyo Noé? ¿Se han acercado alguna vez a Antonin Artaud? ¿A qué le temen?

Después de haber tipeado estas preguntas lo único que se me ocurre es pensar en la derrota aunque en cada una de ellas, bajos las ruinas, siempre queda algo por recoger y eso es lo que se pretende en estas anotaciones aleatorias que surgen después de haber leído varios libros que aspiran solamente a una literatura bien escrita, clara, cómoda, fácil de leer, lineal y perfectamente convencional. Reside en estas reflexiones un deseo de transmutación de los criterios de validación de una época, donde la invención y la intervención artística sean, por así decirlo, una afirmación absoluta y potente que no sea irreductible a los ruidos de una época. 

Continuará…

 3 de junio del 2023


sábado, 17 de septiembre de 2022

CREEN QUE LO DIGO TODO

 SEGUNDO EXPERIMENTO SEMANAL DE ESCRITURA Y REFLEXIÒN




En Te doy una canción, Silvio Rodrìguez dice: “Creen que lo digo todo” y, tal vez, este espacio sea una justificación para despedazar esa afirmación tan eficaz, compleja y por momentos contradictoria. 

Hablar no significa decirlo todo aunque es difícil explicar qué es lo que uno no quiere decir. 


Mientras suena La Consagraciòn de la Primavera de Igor Stravinsky, varios puntos del país son destruidos por el avance del fuego. Las consecuencias serán irremediables. Pero los culpables, que tienen nombre y apellido, apelarán a sus vínculos para que todo quede en la nada. Lo  incierto es el papel que ocupa el Estado en todo esto. Porque simplificarlo a la idea de que es el representante de los intereses minoritarios, es girar siempre sobre discusiones concèntricas. Sì vale aclarar y destacar, el proceder voràz, ambicioso de sectores del empresariado argentino que no escapa, claro està, a las eternas transformaciones del capitalismo.

Sería interesante abrir cuantas veces sea necesario, El Capital, sobre todo, el capítulo XXIV, para dar cuenta, de forma pormenorizada, el origen de lo que hoy se cree y se enseña que es la única salida. Claro, que es más entretenido ver cómo David Beckham le da el último adiós a su reina o analizar durante horas, los dedos del nuevo rey. Casi siempre, la tilinguerìa argentina estuvo a la altura de las circunstancias en lo que refiere a estas problemàticas. 


Como si esto fuera poco, la teoría de los loquitos sueltos se ha catalizado en tiempo record. A pesar del bombardeo mediático, la causa avanza y deja a las claras que el odio, como el amor, se siembra. Generalmente, y vuelvo al autor de El Capital, el primer sentimiento, florece en el lumpenaje. Es cuestión de buscar superficialmente por internet para tropezar con el mismo patrón en la constitución de los grupos de tarea de la última dictadura cívico militar. Y la civilidad es muy importante en este recorrido semanal dado que es también responsable de lo que ocurre, no es víctima.


CFK decidió volver a la contienda pública rodeada de curas. Un sector de la iglesia que demuestra que las redes de la caridad aùn ligan el quehacer doméstico. Uno de los clérigos más famosos, dijo a una radio que la vicepresidenta le pidió que rezaran por ella tomando como suyas las palabras del ex cardenal Jorge Bergoglio. Si solo queda rezar, estamos en grandes problemas porque al igual que las mercancías, en ese mundo, todo parece encantado.


Andy Warhol deseaba ser una máquina. De esa manera quizás, y con ese deseo imposible, podrían socavar las bases de una humanidad deshumanizada que corre tras las agujas de un reloj que ya no controla. A mi cabeza llegan las palabras de Julio Cortàzar: “Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aìre” Acontece el lugar que ocupa el sufrimiento en todo esto. 

 

Asegurar con total torpeza e ignorancia que el intento de magnicidio contra CFK fue armado, o que el gobierno conducido por el ministro Massa trabaja para calmar a quienes generan la inflaciòn, es abrir un sin fin de interrogantes que vislumbra un horizonte chato que solo promete ideas metafísicas. Habilita a la cancelación de nudos problemáticos esenciales para el desarrollo de un país a nivel cultural, social y político. Instala y refuerza el bozal represivo. Cancelar es evitar enfrentar los problemas. Y el problema es creer que cuando uno habla tiene razón y que, de no ser así, su verdad también debe ser respetada. Se equivoca quien piensa que la proliferación de verdades es buena salud para la libertad de expresión. Expresarse desde el odio no es tolerable y debe ser sancionado porque de ese modo se naturaliza la violencia. Una ley de medios fuerte, audaz y novedosa abre el camino para ello. Aún así creo que lo digo todo, pero todo ha cambiado desde Freud a esta parte.  


Anoche, muy poco antes de dormir, Miguel Rep y Sebastiàn de Caro, conversaban sobre la figura, el mito y la importancia de Leonardo Favio. Un artista popular que sedujo a propios y a ajenos. Que estuvo a la altura de cada momento que le tocó vivir porque todo lo que hacía Favio estaba condenado a ser genial. Sólo en la TV Pùblica pueden darse ese tipo de charlas porque lo público tiene objetivos políticos antes que económicos. 


Te doy una canción  insta a reflotar los problemas que parecen de ayer, pero son de hoy. Pugna por establecer vínculos con los condenados de la tierra. Pero para eso se necesita un plan. Uno que sitúe a la humanidad en el centro. 


Mientras tanto, la primavera, a paso lento, deambula para su consagraciòn, silenciosa, con disimulo.





sábado, 10 de septiembre de 2022

ESCRITOS EN CARBONILLA (I)

 

Estos escritos representan la brevedad, la disoluciòn, el dialoguismo, lo irregular, lo transitorio.


En un viejo texto, Noé Jitrik, preguntaba: ¿Cuáles son las condiciones en que toma forma intelectual un problema vivido por una sociedad? Sin duda que las condiciones son múltiples, a caso infinitas. Pero, en una época donde se tiende a la simplificación de los procesos políticos y donde es más importante la producción de imágenes que la propia mirada, es por lo menos estimulante, indagar sobre la interrogación de Jitrik.

Más de una semana ha pasado, nueve días solamente, desde que un hombre intentó asesinar a la vicepresidenta de la nación y el clima se ha tornado mucho más hostil de lo que estaba hasta esos momentos. Los discursos, que quizás no son mayoritarios, pero no por eso menos potentes, se han radicalizado. Sería motivo de festejo si la radicalizaciòn no estuviera en manos unicamente de los sectores màs reaccionarios de nuestra sociedad.

Se huele en el aire un cierto tufillo a servicios de inteligencia. Vendedores de copos de azúcar aparecen en estudios de televisión inexplicablemente. APTRA premia con un Martín Fierro a un ex agente de la AFI que tiene un millón de seguidores en Youtube y otra millonada en Instagram y Facebook.

No solo en Argentina ocurren estas cosas aunque el run run diario haga creer lo contrario. El continente vira para cierto terreno violento, donde la palabra queda subordinada a la acción cuando estas deberían ir de la mano. El pacto democrático que surgió después de la última dictadura cívico militar hace agua por todos lados y es necesario volver a la conversación política entre quienes seguimos respetándolo.

Con un ajuste brutal sobre lxs trabajadorxs en beneficio de los dueños de todo, el gobierno nacional parece encontrar algo de estabilidad. Estabilidad que propone la minoría siempre atenta a contener cualquier fuga mayoritaria y popular. Pareciera como si un nuevo consenso estuviera gestandosè a espaldas de las mayorías. Aunque una parte de ella, legitima el ajuste de los de abajo creyendo que la patria está a punto de liberarse.

La derecha argentina se destacó siempre por la propensión a eliminar los obstáculos que se le presentaban camino a la concreción de sus proyectos políticos y económicos. Ese obstáculo, ese escollo que interrumpe “el buen vivir” es el kirchnerismo; ayer fue el peronismo. Sé que lo que antecede puede resucitar discusiones que son muy bienvenidas en tiempos en donde pareciera que la evasión es la propuesta para pensar “lo” político. Pero no importa, aun así, sigo sostenido la diferencia entre kirchnerismo y peronismo. Estos problemas requieren de intelectuales que piensen bajo qué condiciones queda nuestro país luego del intento de magnicidio y de qué manera se precipita un nuevo escenario social y político. Porque solamente un ferviente iluso puede desconsiderar que lo que le ocurre en su vida es excluyente de lo que le ocurre a los otros.

El saldo o el resultado es de un lado, una vicepresidenta potenciada para el próximo escenario electoral; un presidente incapaz de comprender la época; un ministro de economía engordado de felicidad en Estados Unidos; una ex ministra de seguridad en píe de guerra junto a una banda de lùmpenes; una policía metropolitana partidista; una oposición juguetona, desprendida de idea y acción, despojada de autenticidad. Una que parece más preocupada por las mediciones de sus palabras en los grupos focales o en estudios estadísticos que poco dicen de las complejidades político sociales.

Fotos que ya parecen de otra era muestran a una oposición subida al balcón de Alfonsìn resistiendo el ataque carapintada de 1989. Una que pudo haber carecido de virtudes destacadas, pero no dispuesta a negociar con golpistas. Hoy parece que la forma más efectiva de hacer política es la producción de imágenes.

No hace muchos días, el presidente ruso junto a su par chino, decidieron comercializar bienes estratégicos con yuanes y rublos. Temblor que recorrió las oficinas de Bruselas y de Washington. No es novedoso ya a estas alturas afirmar que una nueva hegemonía está en ciernes. Aún así, nuestras esperanzas, siguen correteando por las calles de Wall Street.

Fallecida la monarca británica, el presidente de Brasil, saludó afectuosamente a los familiares de la difunta; una metamorfosis de la tilingueria argentina. Sin embargo, el militar brasileño entiende que la radicalizaciòn de su discurso prende en gran parte de la sociedad ávida de sangre plebeya. Pero obvian que esa sangre que se derrama también puede ser la suya.

En Chile, la mayoría de la sociedad prefirió quedarse con lo poco que le dejó la dictadura de Pinochet. Lo curioso es que la desigualdad en el país trasandino sigue incrementandosè y tal vez Del otro lado no parece haber reacción más que un cambio de gabinete. Algo parecido al intento centrista del gobierno argentino.

La derecha encanta con sus discursos porque se robó los tesoros de la izquierda. Asaltó la imaginación y, presentando un futuro irrealizable, educó a una parte importante de la sociedad. La derecha organizada genera las condiciones, las relaciones de fuerza para actuar y vencer; mientras que el progresismo, las izquierdas, los peronismos esperan, como tantas otras veces a lo largo de la historia, que el sol de señales para poder actuar.

Entonces, regresando a la pregunta de Jitrik, ¿Cuáles son las condiciones en que toma forma intelectual un problema vivido por una sociedad?

Hasta la semana que viene!

lunes, 5 de septiembre de 2022

PALABRAS URGENTES






Si la historia es un trampolín para comprender el presente, podríamos decir varias cosas. El intento de asesinato de la vice presidenta argentina Cristina Fernadez remueve viejos fantasmas que, no por antiguos, dejaron de sobrevolar la epoca. Entre la grieta, artefacto comercial eficiente, se abre todos los días un espacio tenebroso. Lo es porque allí habitan quienes pretenden decir nada. Quedar encima, debajo, a los costados con el fin de evitar tomar partido. Temen que la historia los juzgue, pero no se dan cuenta de que por más que uno quiera despojarse de ella, es la que marca el pulso de la vida. 

Autocrítica es una de las palabras que más se dijeron luego del jueves que cambió el orden de cosas en nuestro país. Pero es una forma de restablecer la vieja, no por antigua, teoría de los dos demonios. La violencia política a la cual apelan algunos cultores de la mediocridad se mide desde pocos puntos de vista. Los aparatos ideológicos de dominación proceden aún hoy incansablemente. La escalada de violencia y radicalización del discurso desde sectores reaccionarios no cesa desde el año 2008 cuando "el campo" intentó disputar hegemonía. En aquel momento, nadie invalidó el reclamo; únicamente, diferentes sectores midieron fuerzas, como ha ocurrido en otros acontecimientos históricos.

El sociólogo Daniel Feierstein aseguro que el ataque es un parteaguas que puede terminar con el consenso posdictadura y es posible que se naturalice la violencia política en nuestro país. Y, lamentablemente, se sabe a priori quienes son los receptores inmediatos. 

En estas palabras urgentes, desordenadas, arrancadas del insomnio febril permanente, pretenden abrir paso a preguntas urgentes. La búsqueda se inicia a partir del exceso de respuestas de todo tipo.  

Una cosa es clara en todo este desorden: con el fascismo no se conversa, se lo combate.

Ha llegado el momento, tal como sugeria Walsh, de animarse a dar testimonio en momentos difíciles.